Las elecciones indias entre el fundamentalismo religioso y la corrupción

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La mayor democracia del mundo inició sus elecciones generales la semana pasada. Un total d 930.000 colegios electorales y 1,4 millones de urnas electrónicas estarán disponibles durante cinco semanas para que los electores, cien millones más que en los últimos comicios, ejerzan su derecho. 23 millones de ellos tienen entre 18 y 19 años.

7 de abril. El reloj marca las siete de la mañana, hora local. Los primeros colegios electorales abren sus puertas. En concreto, los de dos estados: Assam y Tripura. El resto lo harán a lo largo de los próximos 36 días. 814 millones de indios están convocados a las urnas. El motivo, la elección de su futuro político. Una decisión que, pese a la existencia de amplias coaliciones de hasta más de diez partidos, parece estar entre dos nombres. Rahul Ghandi representa al partido del Congreso, actualmente en el poder. Con 43 años, es heredero de la dinastía Nehru-Ghandi, Sin embargo, pocos lo ven como el ganador.

Narendra Modi. Wikipedia. Creative CommonsNarendra Modi es el favorito. Lo era al inicio de los comicios. Cuatro vueltas después, la última iniciada el pasado sábado, sigue siéndolo. El ministro jefe del Estado de Gujarat es el candidato del partido nacionalista BJP (Partido del Pueblo de India). Con 63 años, es considerado un líder carismático. Tanto defensores como analíticas políticos extranjeros lo consideran el “liberador económico del país”. De hecho, la palabra “desarrollo” es la más repetida en sus discursos. Además, cuenta con experiencia. Ocupa el mismo cargo en Guajarat desde hace doce años, gracias a tres victorias estatales consecutivas. La última, en diciembre de 2012. Pero para los expertos el punto fuerte de Modi está en su trayectoria. “Es un hombre que se ha hecho a sí mismo”, afirman. Procedente de una familia humilde, vendía té con su padre en una estación de tren.

Entre los jóvenes tiene sus principales apoyos. Especialmente los pertenecientes a la generación nacida tras 1991. Esto es, tras la liberación económica de India. El “rey de las redes sociales” como se le conoce, ha sabido acercarse a los jóvenes en su “hábitat”. Sus casi dos millones de seguidores en Twitter son apoyos fervientes. Muchos de ellos, fieles a sus mítines y a sus productos de merchandasing, como productos personalizados.

Pero este amor contrasta con el temor de las minorías religiosas. Especialmente con la presunta implicación de Modi en la matanza de 2002. En total, casi un millar de musulmanes murieron en Gujarat. Y aunque ha sido absoluto tras diversas investigaciones judiciales, ese sentimiento no desaparece. Y es que el BSJ está apoyado por fundamentalistas hindúes. “La preocupación es que no sabemos cómo va a ser sus relaciones con las minorías”. Así lo afirmaron representantes de la minoría católica tras la victoria del BSJ en las últimas elecciones estatales. El problema, según ellos, es que el fundamentalismo del BSJ queda en segundo plano debido a la corrupción del Gobierno. Las acciones del partido del Congreso han restado importancia a la “laicidad” del candidato perseguida en otras elecciones. “Ha pesado la incapacidad del partido para ver la exasperación del pueblo de la India por los escándalos de corrupción. La gente no quiere tener nada que ver con los políticos corruptos”.

India. Vishalpandya1991.deviantart.com. Creative CommonsAhora bien, la corrupción oculta también otra diferencia importante. El actual Gobierno ha optado por el desarrollo de la energía nuclear civil. Para el Partido del Congreso las armas nucleares sólo han de usarse en caso de ataque. Una opinión que el partido de la oposición no comparte. “Es malgastar los beneficios estratégicos adquiridos en materia nuclear”, declaraba el BSJ en un manifiesto. Por ello, el partido pretende “seguir un programa nuclear independiente, libre de presión extranjera”. Así lo asegura su programa electoral, que avanza que los fines serán “civiles y militares”. Esta declaración de intenciones ya ha puesto en alerta a China y Pakistán, las potencias nucleares más próximas.

Otro tema importante desde el punto de vista electoral es el de las violaciones, que lamentablemente son algo habitual en India. Especialmente en calles oscuras como la que une Nueva Delhi con el pueblo de Lakarpur. Se trata del único camino para volver a casa tras una jornada laboral. Son sólo diez minutos. Sin embargo, las mujeres lo cruzan con miedo. Y es que suele estar lleno de hombres, generalmente borrachos. Las leyes que castigan estos ataques han tratado de endurecerse pero sin resultado visible hasta ahora. Ghandi y Modi son conscientes de esta realidad. Por ello, las mujeres se han convertido en el foco de los discursos de ambos partidos durante la campaña electoral. Prometieron el empadronamiento de la mujer. También que al menos un tercio de los diputados sería mujeres, frente al 11% actual. Todo ello en una sociedad, donde, generalmente, las mujeres están condenadas a trabajos domésticos.

930.000 colegios electorales. 1,4 millones de urnas electrónicas. 11 millones de trabajadores. Todo estará operativo el próximo 12 de mayo. Cuatro días después se sabrá quién ocupa cada uno de los 543 escaños disponibles. Y lo más importante, si India ha decido en las urnas que es “tiempo de cambio, tiempo de Modi”.

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