Las dimensiones paralelas de España

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Ajetreados días los que les esperan hasta el 9 de Marzo a los políticos. Después, pase lo que pase, podrán descansar. Pero este no es el momento, los músculos se mantienen tensados, los movimientos del cuerpo son rápidos. Hay que darse prisa, a penas queda tiempo para tomarse un café. Ya se ha inaugurado todo lo que hacía falta y ahora toca recordarlo.
Las agendas de los políticos son obra de calculadores arquitectos, todo tiene que cuadrar a la perfección. Ni un solo cabo sin atar. Cada segundo está medido, ningún espacio libre, ningún imprevisto. Acciones cruzadas, repartidas entre la familia política.

Los participantes han esperado con ansiedad el gran momento, han dejado de mirarse unos a otros, lo único que se ve ahora es la meta. Esperan el pistoletazo de salida. “La carrera será mía” piensan todos ellos. Pero también saben que eso no es posible, sólo gana uno. Los demás pierden.

Uno de los dos grandes partido es el Popular. Cuatro años en la oposición. Ha habido mucho tiempo para pensar, para organizar, darle vueltas al asunto. Y su oportunidad ha llegado. El Partido Popular saca sus cartas. Se inicia el despliegue, la estrategia de la envoltura. Que ningún rincón se quede sin protección.

A las doce de la noche del 21 de febrero, Mariano Rajoy inauguraba la pegada de carteles en Cádiz acompañado de Teófila Martínez, cabeza de la lista gaditana, y el presidente del partido en Andalucía, Javier Arenas.

Mientras tanto, la lista por Madrid al Congreso se reunía en la madrileña Plaza de Colón. Esperanza Aguirre lanzaba la consigna: “No hay que votar contra nadie ni contra nada. Hay que votar al Partido Popular en positivo.”

El presidente del partido lo asegura, “España puede ser mucho mejor”  Vítores de triunfo. La protagonista en cualquier frente de los populares: la confianza. Rajoy suplica: “Estoy preparado y os pido que me ayudéis” Como un eco los presentes alargan el discurso “… a ganar!….”

En una dimensión paralela, la presidenta de la Comundiad de Madrid, junto a Eduardo Zaplana, Manuel Pizarro y Pío García-Escudero, repetía la lección: “Pedir el voto es pedir la confianza”. Habló de la ilusión, prometió soluciones a los problemas de los españoles y perfiló la solución al terror: a los terroristas hay que indicarles el lugar donde dejar las armas.

Todas aquellas minorías que no quieran estar en España no decidirán el futuro con su partido en el gobierno. Y sentenció que la confianza es sólo para los que no mienten.

Mariano justificaba su presencia en la capital gaditana. Es un premio, por buen comportamiento. Y porque le traía buenos recuerdos, de una época pasada, dos siglos atrás. El panorama se complica, Rajoy introducía en el juego otra nueva dimensión: la Constitución de 1812.

En la plaza de Colón, la presidenta de la Comundiad de Madrid se confesó: “Nos jugamos mucho en estas elecciones…(…)… Tenemos quince días para convencer a los madrileños y a los españoles de que nuestros proyectos y nuestras propuestas son las mejores para España”

Compartir la carga alivia el peso.

Los ecos de Cádiz, sin conocerse siquiera, se emulan en la capital “… Partido Popular!…”

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