Las consecuencias de Fukushima dos años después

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El aniversario de una de las peores catástrofes nucleares de la historia trae el amargo recuerdo de tragedia, desvela sus fatales consecuencias a largo plazo y consigue sorprender con los beneficios obtenidos por investigadores que han sacado partido a la desmesurada contaminación.

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El 11 de marzo de 2011 un terremoto de magnitud 9 en la escala Ritcher sacudió el este de Japón provocando un tsunami que arrasaría la costa y se cobraría la vida de millones de personas. El país aún no lo sabía pero  sería  sorprendido, a consecuencia del devastador seísmo, con uno de los peores desastres nucleares de su historia. Varias centrales de la nación se detuvieron automáticamente por el temblor pero aquella situada en la región de Fukushima resultó dañada y se desencadenaron una serie de explosiones e incendios en sus reactores que supondrían un fatal desenlace.

A penas un mes después del incidente se desveló que se habían vertido 11.500 toneladas de agua radiactiva al océano, proveniente en parte de una grieta en el reactor número 2 de la central nuclear. Pero, a pesar del serio coste medioambiental y pasado ya el segundo aniversario, algunos investigadores han logrado establecer sorprendentes beneficios respecto a la contaminación. Daniel Madigan de la Universidad de Stanford asegura que los bajos niveles de radioactividad que aún portan algunos ejemplares de atún rojo le han ayudado a entender sus fases migratorias. Los resultados de su investigación se publicarán en la revista Journal of Environmental Science and Technology, afirmándose también que el método de rastreo de la especie mediante sus niveles de radiactividad podría permitir en el futuro el estudio de otros animales como por ejemplo los tiburones. Asimismo, en el caso del atún rojo, esta investigación podría beneficiar significativamente su supervivencia debido a que es pescada en exceso por su alto valor comercial. Madigan asegura que dar a conocer los desplazamientos de estos peces podría permitir intentos de conservación y protección por parte de las autoridades nacionales e internacionales.

FlickrA pesar de esto la contaminación sigue acarreando una realidad perjudicial. Japón aún lucha a día de hoy contra la radiactividad y alrededor de 3.000 personas que trabajan de forma activa en los escombros de Fukushima corren serios riesgos. Estos operarios que intentan descontaminar la central nuclear se exponen diariamente a altas dosis de radiación que podrían causarles graves problemas de salud en un futuro no tan lejano. A ello se suma la presencia de 900 tanques que almacenan 260.000 toneladas de agua contaminada, la cual aún no puede ser vertida al mar debido a que el gobierno no ha logrado dar con una depuradora lo suficientemente eficiente.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado a finales de febrero de este año, los ciudadanos de las zonas más cercanas al accidente tienen más posibilidades de desarrollar ciertos tipos de cáncer. Concretamente las niñas tienen un 6% más de posibilidades de padecer cáncer de pecho y los niños un 7% más de sufrir leucemia. Aunque aún sea pronto para sacar conclusiones, la OMS descarta que hayan aumentado el número de abortos involuntarios, las malformaciones físicas y las deficiencias mentales en recién nacidos a consecuencia del desastre nuclear, pero algunos colectivos aseguran que se está ocultando información y que el gobierno no intenta combatir los efectos nocivos de la radiación.

La creciente oposición japonesa y mundial respecto a la energía nuclear ha obligado a buscar formas alternativas de combustible para evitar futuros incidentes como el ocurrido en Fukushima. Es por ello que Japón acaba de iniciar la explotación del lecho marino en busca de hidrato de metano, una fuente alternativa al petróleo y otros combustibles fósiles que algunos han querido bautizar como “oro submarino”. La nación está especialmente interesada en cambiar su política energética tras haber desconectado prácticamente todas sus plantas nucleares y se prevé que, si se superan las fases iniciales de prueba, la producción de hidrato de metano empezará a dar sus frutos a partir del año 2016.

 

Fotografía: Flickr

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