Las cinco fases del duelo azulado

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Cinco tonos del color azul, la obra colectiva creada por Proyecto Azul y dirigida por Paula Ribó, gira entorno a la muerte y, sobre todo, al duelo. En el imaginario de las cinco mujeres que forman Proyecto Azul, la muerte es de este color. El espectador puede o no estar de acuerdo, puede ver la muerte azul, o negra, o roja. No importa. A ellas eso no les importa. Porque, sea del color que sea, la muerte de un ser querido, de alguien cercano, siempre conlleva un duelo, y de eso es de lo que hablan en esta dramaturgia contemporánea.

La obra se estructura a partir de las cinco fases del duelo establecidas por algunos especialistas: negación, ira, depresión, negociación y aceptación. Ana, la protagonista, pasa por todas ellas ante los ojos del espectador tras la prematura muerte de su madre. Cada fase va asociada a un tono de azul. La escena, prácticamente vacía salvo por un sillón que remitirá a la consulta terapéutica a la que asiste la protagonista, se llena con las dos actrices que interpretan la obra y con proyecciones audiovisuales. Las proyecciones dan voz, por un lado, al autor/narrador que interpela directamente al público y que dinamiza el duelo en un tono sarcástico jocoso que, a pesar del tema tratado, arranca más de una sonrisa o hasta alguna risa al espectador. Por otro lado, complementan e ilustran lo que Ana va sintiendo a lo largo del proceso con imágenes dispares.

Las actrices que encarnan a Ana (y a otros personajes), Marta Aguilar y Lluna Gay, se reparten a la protagonista como si se tratara de una coreografía muy ensayada. Cada una da a Ana una nota personal, pero ambas logran llegar al espectador, tarea en la que las auxilia el texto inteligente de la pieza que, si bien no abunda en detalles narrativos, ofrece las escenas justas para recrear con perfecta verosimilitud cómo el mundo sigue girando, muera quien muera. Los personajes del día a día de la chica –la camarera de un bar en el que come, la dependienta de una parafarmacia (o una herboristería, quién sabe, ¿qué importa?), la oficinista de un banco,…− contrastan y puntean el montaje de un ritmo sincopado entre Ana y el mundo que la rodea. El relato, que se siente sincero y auténtico desde el principio, se compone también de escenas de pura fisicalidad, en las que se nota el trabajo de cuerpo de Aina Torné. También la música juega un papel esencial, brindando fragmentos de total contradicción entre lo que se oye y lo que se ve, pero de una potencia escénica nada despreciable.

Este montaje, que se estrenó la temporada pasada en La Seca Espai Brossa y que puede verse ahora en la Sala Atrium durante dos semanas, hasta el 2 de octubre, ofrece la oportunidad de acercarse, desde las artes escénicas, a un tema tan espinoso como la muerte y el dolor de los que se quedan. El trabajo de todo el equipo de Proyecto Azul resulta atrevido y honesto, y la combinación de lenguajes funciona perfectamente en una obra equilibrada y que, siendo sentimental sin caer en el sentimentalismo, logra que nos riamos un poco de nosotros mismos incluso cuando está la muerte de por medio.

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Fuente: Sala Atrium

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