Larga decepción olímpica

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Madrid sumó el pasado sábado en Buenos Aires su tercer revés consecutivo en la carrera por albergar los Juegos Olímpicos. El golpe, otro más para una sociedad que afronta el sexto año consecutivo de crisis y desempleo, ha quebrado definitivamente el vínculo que unía a los responsables de las sucesivas candidaturas con una población animosa que ha respaldado todos los intentos. El fracaso del pasado sábado, que dejó a la capital muy lejos de su sueño, abre incógnitas de futuro en múltiples aspectos que rodeaban el proyecto.

Pasan los días y el incendio se apaga lentamente. La hoguera olímpica donde ardió definitivamente la posibilidad de que Madrid viviera unos Juegos en el corto plazo sigue prendida. Los días posteriores a la no designación son momentos para el balance, el análisis y la búsqueda de explicaciones. Los expertos señalan una serie de cuestiones coincidentes; las razones del fracaso ahora barnizadas de una lógica aplastante no parecían tan evidentes en las horas previas a la designación olímpica. Aunque la idea sobre la que se había construido la ilusión tenía puntos oscuros, como el dopaje o la corrupción.

Uno de los aspectos de la derrota que más consenso genera es la pérdida de importancia de España en el concierto internacional. A la misma velocidad que la economía nacional menguaba y necesitaba de la asistencia de Europa, el país iba decayendo en influencia en el mundo. La Asamblea del Comité Olímpico Internacional, un extravagante cónclave donde se mezclan ex deportistas, directivos de casi cualquier ámbito y aristócratas, volvió a rechazar la candidatura capitalina. También en el movimiento olímpico España ha visto limitado su poder: la estela brillante que dejó Juan Antonio Samaranch no parece argumento suficiente para seducir al grueso del organismo actual.

Proyección de los exteriores del estadio Olímpico de Madrid en el 2020. Foto:  Donperfectodewiki (wikipedia)
Proyección de los exteriores del estadio Olímpico de Madrid en el 2020. Foto: Donperfectodewiki (wikipedia)

El mensaje de la austeridad, necesario para mantener una cota alta de apoyo popular en el interior, no caló en el seno del COI. El olimpismo y sus grandes citas de cada cuatro veranos, tienen una parte innegable de negocio y espectáculo. Superadas las ediciones del boicot, los Juegos Olímpicos representan la mayor fuente de ingresos para una organización que temía las estrecheces que hoy padece España. La Comisión de Evaluación que visitó Madrid en primavera calificó con poca generosidad el respaldo financiero y publicitario que tenía el proyecto de la gran urbe peninsular.

Tampoco mejora la valoración posterior del desastre por el lado de las figuras políticas. En la presentación española destacó únicamente el Príncipe Felipe. Mientras que Londres 2012 confió su suerte a Tony Blair y Río 2016 hizo lo propio con Lula de Silva -llegaba en la cima de su carrera política-, Madrid sólo pudo mostrar a un heredero que no reina y que representa a una institución cercada por los recientes escándalos. Otro protagonista positivo en el turno de intervenciones fue Pau Gasol. El jugador de la NBA es un deportista reconocido, excelente, pero su figura no está tan ligada al olimpismo como la de Sebatian Coe, artífice imprescindible de la victoria londinense. La alcaldesa Ana Botella, y Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español, regresan de Buenos Aires seriamente dañados.

Décadas pasarán hasta que la ciudad de Madrid decida volver a enfrentarse con el reto de ser olímpica. Seguirá siendo la única gran capital de Europa que nunca ha organizado la cita. Para el 2024, cuando la teoría de la rotación de los continentes debería devolver el evento al viejo continente, se presentarán con casi total seguridad Berlín, París y Roma. La capital alemana tendrá a su favor compartir nacionalidad con Thomas Bach, nuevo presidente del COI; la de Francia tratará de volver a albergar el evento un siglo después; y la de Italia regresará después de autoeliminarse para los de 2020.

La cara más lamentable del batacazo olímpico la vivirá el deporte español en los próximos años. Multitud de disciplinas, especialmente aquellas menos populares y mediatizadas, ven amenazado su ya pobre status. Sin dinero público y sin patrocinadores privados, sólo el romanticismo de quienes las practican podrán mantenerlas vivas. No hallarán el respaldo ni el impulso de ser locales y tratarán de sobrevivir sin refuerzo presupuestario alguno. El ajuste no cesa en los deportes más pequeños, marginados del circuito de gloria que forman los grandes nombres por todos conocidos.

Con la elección de Tokio como sede, Madrid pierde una oportunidad de oro para convertirse, por fin, en una verdadera ciudad polideportiva. Sirva como botón de muestra de las carencias de la capital la ausencia de un estadio de relieve para el atletismo, modalidad reina en unos Juegos. Sorprendentemente, Madrid no tiene clubes importantes más allá del fútbol y el baloncesto. La cultura deportiva de la gran urbe y su entorno no se extiende más allá de estas dos modalidades. El resto (balonmano, voleibol, natación,…)  suscita un interés escaso, casi marginal. Sin Juegos, la población madrileña tendrá más difícil descubrir nuevos gustos.

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