Lágrimas de Eros

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Cuando el erotismo se convierte en arte, cualquier sensación es plasmable sobre un lienzo. Eros, dios griego de la atracción sexual, el amor y el sexo; y Tánatos, personalización de la muerte en la mitología griega, se funden para establecer una íntima relación entre la pulsión sexual y el instinto de muerte.
El Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid abren sus puertas a una de las exposiciones más sugerentes, ‘Las lágrimas de Eros’. El título de la exposición procede del último libro publicado en vida por Georges Bataille,
Les Larmes d’Éros (1961), en el que recurre a imágenes de la agonía para expresar el clímax amoroso y al lenguaje del éxtasis para representar la muerte.

El punto de partida es la pureza y belleza de Venus, delicada en sus formas y rasgos, mientras que de lo puro se pasa a lo tentador, cuya máxima representación es una Eva sin su Adán, cómplice y seductora en sus posados. En el erotismo, como en lo sagrado, la prohibición no existe sin la transgresión, por lo que a continuación viene la culminación de Eros, ‘El beso’. Los amantes luchan por superar sus límites individuales para fundirse en un solo ser, y esa fusión entraña una violencia abierta o latente, una pasión caníbal por devorar al otro, como se aprecia en el cuadro de Andy Warhol.

En la segunda parte, es la muerte misma la que se ve erotizada. Es considerada bajo un doble aspecto: o bien suavizada y embellecida como hermana del sueño o bien presentada con rasgos terroríficos. Esa muerte dulce, viene representada por obras como las que representan a Endimión dormido. Cuenta la historia que Selena, diosa de la luna y enamorada de Endimión, pidió a Zeus que lo hiciese dormir para siempre, para así poder contemplarlo cada noche. Pero no todos las visiones de la muerte tienen una versión tan suave. Las figuras de dos bellas suicidas también están presentes en el momento de sus muertes: Cleopatra, a través de la petrificación marmórea, y Ofelia, con la disolución en agua. Otros toques macabros y alegóricos, como calaveras y cabezas cortadas tratan de representar el pecado, la agonía y el éxtasis amoroso.

El encanto de la exposición reside en la combinación de arte antiguo y moderno, con el objetivo de expresar los mismos mitos y las mismas sensaciones, pero vistos desde distintas perspectivas, cambiadas en texturas y colores por el paso del tiempo. Desde los clásicos de Picasso y Dalí, hasta los nuevos talentos, como James White o Marina Abramovic. Las pasiones más ocultas y los pecados más inconfesables, quedan reflejados en esta muestra al límite de sus posibilidades.

Fuentes del Texto:
Museo Thyssen (http://www.museothyssen.org/microsites/exposiciones/2009/Lagrimas-de-Eros/index.html)
Fuentes de las imágenes:
Museo Thyssen (http://www.museothyssen.org/microsites/exposiciones/2009/Lagrimas-de-Eros/index.html)

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