La historia de Corby y su controvertido caso de contaminación

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Causó interés nacional, sobrecogió a la población y puso en duda la competencia de las autoridades locales. La polución causada por una gran fábrica en un pequeño lugar de Inglaterra fue señalada como la culpable de deformaciones físicas en más de una docena de jóvenes. A pesar de haber pasado más de una década, la polémica continúa.

Fábrica

 

Para quien nunca lo haya visitado Corby es tan solo un pueblo más, hogar de multitud de culturas, con más de 60.000 habitantes y ubicado en el condado de Northamptonshire, Inglaterra. Se asientan en su centro locales habitados por las grandes marcas textiles y se extienden en grandes naves los supermercados más potentados del país. Pubs y verdes parques con toboganes y columpios también son puntos de referencia para aquellos que se adentren por primera vez en el vecindario. Es por todo ello que pocos sospecharán que este pueblo tan cotidiano surgió en torno a unas de las actividades más importantes del siglo XX en Gran Bretaña, la industria siderúrgica.

El descubrimiento de yacimientos de mineral de hierro en Corby fue el detonante de su posterior consolidación como población industrial. Aunque no fue hasta comienzos de los años 30, cuando la compañía Stewarts & Lloyds se ocupó de la explotación, que se conocería como tal. Se construyeron casi una decena de altos hornos durante las primeras décadas, generándose multitud de puestos de trabajo que significarían el traslado de personas con necesidad de empleo de países como Escocia e Irlanda así como otras partes de Europa. “Little Scotland” fue como llegó a conocerse Corby en sus primeros años de expansión debido a la gran cantidad de escoceses que habían acudido por la depresión y alta tasa de paro en su país. Tal fue la afluencia de jóvenes obreros y sus familias que el pueblo tuvo que replantearse para acoger a las masas, surgiendo así los primeros planes urbanísticos.

Durante sus años de actividad se crearían en esta misma fábrica los tubos empleados durante la Segunda Guerra Mundial en la “Operación PLUTO”. El proyecto consistió en crear un oleoducto para suministrar a las tropas aliadas en Europa el combustible necesario durante el conflicto y resultó ser uno de los grandes hitos de ingeniería militar de la época. Eventualmente la compañía British Steel se impuso a Stewarts & Lloyds y se encargó de la fabricación de tubos y tiras de acero en la planta de Corby hasta entrada la década de los 80, cuando esta cerraría definitivamente sus puertas y se procedería a su demolición. Llegado ese momento unas 10.000 personas perderían su empleo y la tasa de paro se dispararía en torno al 30%.

Estatua homenaje a los trabajadores junto a la biblioteca de Corby
Estatua homenaje a los trabajadores junto a la biblioteca de Corby

Hoy sólo quedan en pie un antiguo tanque de agua y el “Corby Candle”, una antorcha que servía para quemar el exceso de gases generados en la fábrica y que se preservó (aunque no a tamaño real) con valor simbólico. También se pueden contemplar diversos artefactos de la vieja industria en el parque de East Carlton y una estatua en honor a los trabajadores fallecidos en las inmediaciones de la biblioteca local. Donde antes se extendía la superficie de una de las plantas más importantes de la industria siderúrgica hoy únicamente se encuentran naves de comercios y el gigante supermercado ASDA. Continúa siendo un lugar muy frecuentado, aunque por motivos muy distintos.

La gran mayoría de los veteranos de Corby participaron de una forma u otra en las actividades de la fábrica y algunos de ellos logran recordar en la actualidad cual fue su ocupación. Dennis aún vive en el pueblo, ronda los 85 años y se acuerda de sus treinta años de servicio con British Steel, desempeñando funciones como la de maquinista en el periodo de 1950 a 1980. Su padre también trabajó ahí y su hijo se incorporó de inmediato tras haber finalizado la educación obligatoria en los años 70. Sus recuerdos sobre las condiciones de trabajo son claros. La contaminación, las partículas y las sustancias con las que trataban a diario podrían llegar a poner en peligro sus vidas si las actividades no se desarrollaban con normalidad. Cierto es que rara vez ocurrían incidentes, aunque en algunas ocasiones los trabajadores salían heridos de gravedad por quemaduras al tratar con la maquinaria y los materiales del oficio. No obstante, las secuelas más notorias se manifestarían y darían a conocer varios años después de abandonar la industria el pueblo de Corby, cuando varias mujeres asegurarían que debido a esas partículas y esa contaminación sus hijos sufrían terribles consecuencias.

Pocas mujeres trabajaron ahí y las que lo hicieron se incorporaron principalmente en la época de la Segunda Guerra Mundial cuando los varones fueron convocados para defender a la nación en el campo de batalla. “Solían conducir grúas, recuerdo cómo habían mujeres que las manejaban” asegura Dennis haciendo memoria de la presencia femenina. Pero la voz de la mujer no se haría notar con fuerza hasta más tarde, pasada ya casi una década, en lo que medios como The Telegraph llamarían “el peor caso de envenenamiento infantil desde la talidomida”. Este fue un fármaco comercializado en los años 50 y 60 que pretendía ayudar a mujeres embarazadas a superar sus náuseas durante la gestación pero que en cambio afectó con graves malformaciones a alrededor de 10.000 fetos.

Manos de Dennis - Victoria Medina Chimbur
Manos de Dennis – Victoria Medina Chimbur

 

Dieciséis jóvenes a los cuales les faltaban dedos en alguna mano o pie denunciaron junto a sus familias al Ayuntamiento de Corby por negligencia a la hora de demoler y deshacerse de los restos de la gran fábrica. Todos nacieron en alguno de los diez años comprendidos entre 1989 y 1999 y ante los ojos de la justicia son víctimas de la polución atmosférica que causó sus discapacidades. En 2009 los dieciséis denunciantes, tras una década de batalla judicial, consiguieron compensación. No obstante, aún a día de hoy existen dudas al respecto. “Es un tema sensible pero hay que analizar los hechos, no culpar al Ayuntamiento. Si las sustancias eran tan tóxicas, ¿por qué no afectó a muchísimas más personas que se encontraban más cerca?” cuestiona el hijo de Dennis. “Si tan tóxico era aquello, ¿por qué sigo vivo yo y todos los hombres como yo que respiramos eso cada día?”.

Los medios de comunicación hablaron en abundancia sobre el caso y, a pesar de no publicarse la cifra exacta, algunos abogados aseguraron que cada niño recibiría entre 100.000 y 500.000 libras (lo que equivale como cifra máxima a casi 600.000 euros). El acuerdo entre las autoridades y los afectados se produjo fuera de los juzgados, poniendo fin a una ardua batalla legal entre ambas partes que parecía no tener fin. De no haberse dado este paso el conflicto podría aún a día de hoy continuar, dividiendo aún más en opiniones a los habitantes de Corby en cuanto a los posibles motivos de la desgracia.

Dennis tuvo dos hijos y ambos nacieron en Corby en los años 50 cuando se producía la mayor contaminación por la actividad constante de la fábrica. Ninguno sufre de discapacidad o enfermedad y, como la mayoría de los más de 60.000 habitantes del pueblo, mantienen una buena salud. Los medios de comunicación británicos fueron los encargados de promover la opinión pública y narrar los hechos con titulares un tanto sensacionalistas como el emitido por The Guardian en mayo de 2009, “la discapacidad no es algo que sorprenda en este pueblo” afirmaba, lo cual ha producido el rechazo de quienes realmente conocen el lugar.

A pesar de ello Corby crece cada año un poco más, con o sin conocimientos suficientes sobre los hechos ocurridos pero con distintas opiniones. Hay quienes creen firmemente en la negligencia y la contaminación mientras existen aquellos que sostienen que hay más de lo que se ve a simple vista, lo cual nunca se demostrará debido al cese de la investigación. Pasados ya casi cuatro años del acuerdo compensatorio a las familias, este pueblo sigue lleno de vida aunque con la ligera creencia de que la industria que creó su hogar podría en efecto haber sido también responsable de dañarlo.

 

Fotografías: Victoria Medina Chimbur

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