La zona sucia de Nacho Vegas

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Nacho Vegas ha crecido artísticamente. Los motivos de hacerlo puede que todo el mundo crea saberlos, pero el reflejo de ellos en su último trabajo discográfico, La zona sucia, es notable.

El quinto disco de estudio del asturiano fue grabado en el estudio que Paco Loco tiene en el Puerto de Santa María, Cádiz, junto a sus compañeros de andanza habituales: Abraham Boba, Manu Molina, Luis Rodríguez y Xel Pereda. Además, la producción está auto publicada por Marxophone, una cooperativa de músicos que lleva en marcha desde el 2010.

El nombre del disco se crea a raíz de denominar ‘zona sucia’ a aquellas partes de las pistas de carreras automovilísticas, donde hay mayores fallos en el asfalto. Así se sentía el artista en una etapa llena de agujeros que ha intentado subsanar con grandes frases, como si el propio Leonard Cohen o Bob Dylan estuvieran hablándole al oído.

Empapa cada uno de sus versos con una cierta carga de equilibrio entre un estado de felicidad y de tristeza, lo que hace que se note un cierto cambio hacia un positivismo que comienza a alejarle de la imagen del ‘cantante maldito español’ por antonomasia, que podemos apreciar en la canción más corta del disco: “Reloj sin manecillas”.

El disco, como podemos ver a través de sus canciones, cuenta la historia de un amor que lo fue todo y terminó, del que no se arrepiente y que le ha servido como guía y musa para componer los versos. Una vez más, vemos que Nacho es uno de los músicos españoles que mejor maneja el lenguaje y la pluralidad de vocabulario; aunque esta vez en La zona sucia podemos apreciar mayor relevancia en los estribillos creando una idea más simple y básica de las canciones. Una desnudez que se aprecia en los arreglos y en su propia voz, menos desgarradora pero igual de profunda.

El primer single, “La gran broma final”, marca la idea de escoger la canción más potente del disco, sellada por un cierto halo de morbo y un buen videoclip creado por Jonás Trueba.

Aunque los claros cambios, en comparación con El manifiesto desastre, un disco irregular y caótico, son la mayor importancia del piano en temas como “Cosas que no hay que contar”, “La comedia humana” o “El mercado de Sonora”, y el uso del folklore asturiano como apreciamos en “Taberneros”, donde los coros son interpretados por el grupo Pauline en la Playa. Gran parte de la letra de esa compleja y creativa canción proviene de poemas y cuentos populares asturianos.

Otro recurso apreciado en este disco es el uso de coros infantiles en los temas “Perplejidad” y “Lo que comen las brujas”. Una clara influencia de Leonard Cohen o del grupo Dead Man’s Bones, lo que le da a la canción una gran fuerza en el estribillo llenándola de magia. El uso de voces infantiles es una pieza clave, como si quisiera representarnos un sonido puro, sin maldad, sin pensamientos retorcidos que forman la columna vertebral del ábum.

Un disco que sin lugar a dudas volverá a marcar una novedosa etapa en su carrera, como lo hizo en su día Desaparezca aquí. Vegas intenta adentrarse en un nuevo momento de su vida con su nueva producción musical y dejar claro que el aprendizaje del amor, con sus altibajos, le han creado un repertorio perfecto que podemos deleitar en poco más de cuarenta minutos, pero que llevaremos en nuestra mente por mucho tiempo. La idea de que todos podamos haber sido Nacho Vegas en algún momento, de esa relación con el amor más deseado y amado durante dos años, hace que cada vez que el artista anuncie un concierto las entradas vuelen. Sin duda, se augura un gran éxito con este trabajo discográfico.

Valoración: 7,5/10.
Título: La zona sucia.
Género: pop rock alternativo.
Discográfica: Marxophone.
Fecha de publicación: 3 de febrero de 2011.

3 Comentarios

  1. Lo compré anteayer y lo he escuchado entero media docena de veces, y no me acabe de convencer. Mejor que ‘El manifiesto desastre’ pero lejos del nivel de discos anteriores.

  2. “Lo que comen las brujas” es sencillamente insuperable, parece que este tipo nunca vaya a tocar techo -y que no lo haga, por el amor de dios-

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