La Yugoslavia que también perdimos

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Esta historia les gustará a los aficionados del baloncesto. Hace un poco más de tres décadas dos jóvenes deportistas balcánicos encabezaban una maravillosa generación que marcaría una época y le daría a esta región del sureste europeo la fama que tiene en la actualidad. Aquellas dos promesas se llamaban Vlade Divac y Drazen Petrovic, uno serbio y el otro croata, que vieron cómo una década de amistad inseparable quedó rota después de la desintegración de Yugoslavia.

El universo baloncestístico de principios de los años 80 estuvo marcado incuestionablemente por el ruido que venía haciendo desde Carolina del Norte de un joven neoyorquino llamado Michael Jeffrey Jordan, que fue a este deporte lo que Newton a la física. Sin embargo, unos cuantos miles de kilómetros al Este, en el Viejo Continente estaba cociéndose la mejor generación de jugadores de baloncesto que había visto Europa en toda su historia. Si hoy echamos la vista atrás nos daremos cuenta de que los Balcanes siempre han tenido una gran tradición, como si el mero hecho de haber nacido allí fuera un valor añadido para un jugador. Los deportistas de los que vamos a hablar a lo largo de este artículo tienen mucha responsabilidad en la construcción de ese prestigio. Toni Kukoc, Dino Radja, Zarko Paspalj, Aleksandar Djordjevic y otros jóvenes de sobrada calidad acompañaban a Divac y Petrovic en esta explosión del baloncesto europeo.

Por aquellos años Yugoslavia todavía era un país comunista a pesar de que Josip Tito, el mariscal que expulsó a los nazis en la Segunda Guerra Mundial y que capitaneó el comunismo durante cuatro décadas al margen del todopoderoso Stalin, había fallecido en 1980. La selección yugoslava, ajena al devenir que provocaría la muerte de su líder y la decadencia del régimen político, conseguía en Los Ángeles la medalla de bronce en 1984 ya con Drazen Petrovic al frente. Petrovic puede ser tranquilamente el mejor jugador europeo de todos los tiempos, se trataba de un competidor nato, aguerrido, obstinado con su trabajo, que si pensaba que podía mejorar sólo era cuestión de tiempo que lo hiciera y que naturalmente tardó poco tiempo en convertirse en el orgullo de la ciudad croata que le vio nacer, siendo conocido desde joven como El genio de Sibenik.

Petrovic encarnaba a la perfección el carácter y los valores balcánicos. Él fue referencia, corazón y capitán del equipo que en 1986 consiguió la medalla de bronce en los mundiales de España tras perder por un solo punto en la semifinal con el combinado soviético, donde entre otros jugaba un tal Sabonis. En esta ocasión ya se dieron cita todos los jugadores de los que hemos hablado hasta ahora, y aunque la derrota dolió en el seno del equipo lo importante era la unión fraternal que se estaba gestando entre ellos. Reeditarían bronce en el Eurobasket de 1987 y estuvieron a punto de conseguir la gloria en los Juegos Olímpicos de Seúl, donde se toparon de nuevo con la Unión Soviética en el último partido. El oro se acercaba.

La culminación de todas las expectativas que se había generado en torno a esta selección que practicaba un baloncesto alegre y que vencía sus partidos con contundencia llegó en el Campeonato Europeo de 1989. Aquí no titubearon nunca y barrieron a sus rivales de la pista sin concesiones. El resultado de la final, donde ganaron por veinte puntos a Grecia, es la mejor muestra de ello. El objetivo se había conseguido, pero la convulsa situación en Yugoslavia se tensaba cada vez más con el incipiente nacionalismo croata. Como explica Vlade Divac en el documental Hermanos y enemigos, el baloncesto trató de ser en este momento un motivo de unión que llevara a la población a confraternizarse y no a lo contrario: “Nosotros éramos jugadores de baloncesto, no políticos”, explica el serbio.

El mismo Vlade Divac y Drazen Petrovic dieron el salto a la NBA en el verano de aquel año, adelantándose a otros compañeros de selección como Kukoc o Radja que prefirieron esperar hasta 1993. Aquella aventura les unió aún más ya que hablaban todas las semanas para contarse las experiencias que cada uno estaba viviendo en los Ángeles Lakers y en Portland TrailBlazers, a pesar de correr distintas suertes. Mientras que Divac se ganó la simpatía de California gracias a su personalidad, el orgullo de Petrovic no soportaba calentar banquillo partido tras partido. Sin embargo, todo aquello quedó en un segundo plano cuando de nuevo llegó el verano y la concentración con la selección nacional. El Mundial de Argentina de 1990 era una gran oportunidad para consolidar lo que se había venido apuntando anteriormente, y aunque así fue las hostilidades se hicieron manifiestas en la celebración del título. En pleno auge del nacionalismo croata un seguidor saltó a la pista ondeando la bandera de aquella república mientras los jugadores festejaban el oro. Vlade Divac (no hay que olvidar que nació en Belgrado) advirtió este hecho y se dirigió a él para quitarle la bandera. El pívot siempre ha matizado su actitud argumentando que no tenía nada en contra de Croacia, que si la bandera hubiera sido serbia habría actuado igual, pero aquel triunfo “había sido de Yugoslavia, no de Croacia”.

Aquello fue utilizado en adelante por la propaganda croata y serbia con motivos opuestos: Divac se convirtió simplemente en el enemigo de Croacia y en el héroe de Serbia. Esto no pasó desadvertido en la selección, donde había varios jugadores importantes que eran croatas como Kukoc, Radja y sobre todo Petrovic. Para éste último aquello significó el principio del fin de su amistad con Divac, al que consideraba que atacó el honor de su Croacia natal. La relación entre ambos se hizo cada vez más fría, y aunque el pívot de los Lakers intentó en numerosas (y públicas) ocasiones restablecer la relación con su amigo, disculpándose por lo ocurrido, Petrovic parecía no entrar en razón.

Petrovic falleció trágicamente en un accidente de tráfico en el verano de 1993, mientras se desplazaba por Alemania para jugar un partido con la selección. Divac decidió no acudir al entierro porque Croacia había declarado su independencia y su presencia allí habría sido considerada una provocación. Poco importaba ya el oro conseguido en Eurobasket de 1991 o las victorias anteriores porque Yugoslavia se había roto, y con ella la amistad de dos de sus principales baluartes. A partir de 1992 Croacia participó en las competiciones internacionales como país independiente de Yugoslavia, cosechando meritorias medallas como la de plata en los Juegos Olímpicos de Barcelona ante el Dream Team. Por su parte, los Yugoslavos estuvieron sancionados unos años y apartados de los torneos hasta que en 1995 reaparecieron en el Europeo. En aquella ocasión se vivió una de las situaciones más lamentables que recuerda este deporte. Yugoslavia ya contaba un Dejan Bodiroga en sus filas y se había proclamado campeona con solvencia, pero durante la entrega de medallas los croatas, que habían quedado terceros, se bajaron del podio antes de que sonara el himno yugoslavo.

Ésta ha sido la historia de un equipo que mientras permaneció unido marcó un hito en la historia del baloncesto europeo. Pero también es la historia de unos jugadores que se vieron arrastrados por las diferencias nacionales que se vivían en su país natal. Con la desintegración de Yugoslavia no sólo se perdió un país, ni la amistad de un grupo de personas sino también, y aunque sea lo menos importante, una selección que a buen seguro hubiera seguido marcando el paso del baloncesto europeo. Quien quiera más información sobre esta historia que recurra al documental que he citado antes, Hermanos y enemigos: Petrovic y Divac, altamente recomendable incluso para aquellos que el baloncesto no les diga demasiado.

Fuentes del texto:
http://www.filmaffinity.com/es/film746096.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Dra%C5%BEen_Petrovi%C4%87#Trayectoria_deportiva
http://es.wikipedia.org/wiki/Selecci%C3%B3n_de_baloncesto_de_Yugoslavia#Plantillas_hist.C3.B3ricas
http://es.wikipedia.org/wiki/Vlade_Divac
http://es.wikipedia.org/wiki/Selecci%C3%B3n_de_baloncesto_de_Croacia
Fuentes de las imágenes:
http://2.bp.blogspot.com/_M4cld439Po8/TUtCBpZk66I/AAAAAAAAAHg/qIGPpPtnEZ4/s1600/divac+y+la+bandera.jpg
https://lh5.googleusercontent.com/-cX12Xdn-vi4/TXC8st7-wFI/AAAAAAAAA2k/h2sV4FK7LZA/s1600/petro+divac.jpg
http://www.croatianhistory.net/gif/dradja.jpg
http://estaticos02.marca.com/imagenes/2009/10/13/golf/1255454869_0.jpg

1 Comentario

  1. un artículo estupendo!
    comparto tu idea sobre el documental; es estremecedor y totalmente recomendable: unos jugadores irrepetibles…
    otra recomendación es el último informe robinson sobre la historia de manute bol: mucho más que el mejor taponador de la historia de la nba.
    en ambos casos se demuestra la belleza del baloncesto pero principalmente el valor y el ejemplo de estos deportistas que cambiaron, a mejor, la vida de mucha gente.

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