La voz de las salas

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El pasado 27 de noviembre se celebró en la sede madrileña de la Asociación de Intérpretes y Ejecutantes (AIE) el Primer Congreso Estatal de Salas de Música en Directo; el objetivo de la reunión es mejorar la coordinación entre salas y promotores e impulsar un mercado que, afectado por la caída en picado de la venta de discos, cada vez está más orientado a la música en vivo.

El acto fue convocado por la Coordinadora Estatal de Salas de Música en Directo (ACCES) y reunió en la sede de la AIE a representantes de 150 salas y asociaciones de todo el estado. Además, también asistieron representantes del Ayuntamiento de Madrid y de otras provincias, managers, promotores, representantes de discográficas, asociaciones culturales, y en definitiva, casi todos los agentes implicados en la industria musical.

Los objetivos de este encuentro son ambiciosos y pretenden dar un vuelco al panorama patrio con medidas que van desde el reconocimiento cultural de las salas de música en directo y la elaboración de una página Web, con información de todas las salas de música en directo, hasta la creación de unos circuitos estatales de salas organizados por ACCES.

Estas propuestas llegan para animar un mercado musical en un país especialmente reacio a las nuevas propuestas. No hay duda de que España tiene una riqueza musical tradicional que se ha mantenido vigorosa, en gran parte, por nuestra persistente cerrazón a la influencia exterior. Este retraso se sigue acusando hoy día, y así, mientras en Europa se toma muy en serio esto de la música aquí las salas luchan contra todo tipo de trabas, y lo que es peor, no gozan de una buena imagen social.

Esta imagen de normalidad es lo que se pretende alcanzar poco a poco. Está claro que aquí no se han inventado ni el rock ni el pop, y que esta cultura de garito con música en directo la tomamos prestada del mundo anglosajón donde sí que hay un verdadero arraigo para este tipo de ocio. Por tanto, en nuestro país las salas tienen que estar peleando contra la incomprensión y la falta de apoyo.

En cambio, este respaldo sí se da en otros ámbitos de la cultura como por ejemplo, el teatro, que recibe subvenciones para acondicionar sus espacios desde hace mucho tiempo. De hecho, a música está en desigualdad de condiciones frente a las demás artes, y por este motivo, los amantes de la música siempre ha estado robando espacios y han vivido de prestado reconvirtiendo discotecas, clubs de alterne, bodegones…en salas de conciertos.

En consecuencia, las condiciones no son buenas ni para el grupo ni para el público, pues esos recintos carecen de una buena insonorización y una racionalización espacial para este tipo de espectáculos. Ya nos resulta demasiado familiar ir a ver un concierto en un garito con columnas de por medio, con mala acústica, escenarios a ras del suelo, etcétera. Sería curioso comprobar cómo reaccionaría el público de un teatro si, por ejemplo, hubiera dificultad para ver a los actores, o no se escuchara con claridad lo que dicen en la obra o los intérpretes tuvieran que exponer todo su talento en un tablado de dos metros cuadrados. Sencillamente, no cabe imaginar algo semejante, sin embargo, con la música no es lo mismo; no goza del mismo estatus.

¿Es posible entonces fidelizar a un público con semejantes condiciones? Es difícil cuando no se dan los mínimos requisitos para disfrutar de un grupo en directo, pero no es imposible. En primer lugar, hay que implicar a las administraciones públicas para que apoyen a las salas –en Cataluña la Generalitat ya desarrolla programas específicos de apoyo a la música—y se cambie la mala imagen que la sociedad española tiene de estos lugares. En segundo lugar, se debe potenciar la comunicación entre los propios locales y la de éstos con los managers de los grupos, para crear un circuito real de música en vivo que asegure un público fiel y una normalización del sector.

En la actualidad, y aunque queda mucho por hacer, el panorama mejora gracias al esfuerzo de unos melómanos empedernidos que arriesgan ingentes cantidades de dinero para acondicionar los locales y ofrecer conciertos en buenas condiciones. Y es que con la decadencia del disco la baza del directo resurge como el salvavidas de la industria, y por eso habrá que aprovechar este impulso para exigir a todos los implicados un compromiso que ponga a la música en el lugar que merece.

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