La verdadera guerra de Irak

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La publicación de informes, documentos e imágenes por parte de la web WikiLeaks acerca de los abusos que las tropas estadounidenses han estado y siguen cometiendo en suelo iraquí no ha hecho más que reafirmar lo ya sabido por cualquiera que posea dos dedos de frente: que Estados Unidos lleva actuando con total impunidad, haciendo y deshaciendo a su antojo y cometiendo barbaridades desde que en 2003 decidiese altruistamente invadir Irak para librarnos del terrorismo y de las locuras del déspota Saddam Husseim, sin olvidarnos tampoco del filántropo interés de George Bush y sus secuaces para el pueblo iraquí, al cual deseaban liberar de la tiranía del sinvergüenza arriba mencionado. Me refiero a Saddam, aunque el otro también encaja en la descripción.

Las marionetas de la ONU encargadas de la Comisión para los Derechos Humanos han salido a reclamar al gobierno estadounidense una investigación sobre la utilización de la tortura y el maltrato a los detenidos en Irak. Parecen nuevos. Como era de esperar, Washington se niega a admitir dichas demandas. Y es que cualquier presidente de Estados Unidos que se precie, sea del partido que sea, debe hacer oídos sordos ante todas aquellas voces que pongan en entredicho eso a lo que ellos llaman de manera grandilocuente batalla por la democracia y la libertad.

Desgraciadamente, todas esas  víctimas anónimas de la arrogancia estadounidense están condenadas al ostracismo. Como las de Vietnam, Camboya, Panamá, Haití, Afganistán o Liberia, por citar algunas. Por ello, resulta gratificante ver la encomiable labor de la familia de José Couso por que la memoria de su hijo no se olvide y sus asesinos sean juzgados, o el trabajo de Reuters por esclarecer el asesinato de su reportero iraquí Namir Noor-Eldeen, tiroteado por un helicóptero estadounidense cuando, junto con otras personas, ayudaba a evacuar muertos y heridos.

Resulta chocante que algunos critiquen el recelo con el que muchos de nosotros miramos hacia las políticas de Washington. Estados Unidos es ejemplo de muy poco. En realidad la ristra de países en condición de ilustrar algo es limitado, si acaso los países nórdicos y sus políticas sociales. La mesiánica actitud estadounidense de encarar las cosas, su altanera forma de tratar a aquellos que no siguen sus dictámenes y su desprecio por la voluntad de los otros pueblos es algo a lo que no debería aspirar ningún país.

Fuentes de las imágenes:
http://www.nacionred.com/
http://www.rawa.org

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