La valentía

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Históricamente hemos admirado a los personajes valientes, aquellos que se enfrentaban contra males inimaginables y contra seres malignos que causaban el caos. Personajes con capacidades físicas y mentales extraordinarias o suficientemente alocados como para arriesgar su propia salud. También a personajes anónimos que se enfrentaron contra dictadores, asesinos, criminales de cualquier tipo. Es decir, a todo aquel que ante una situación terriblemente adversa sacaba fuerzas de flaqueza para ponerse enfrente y sobreponerse a ella. Conocí a gente que decía no ser valiente, que tenía miedo a muchas cosas, que eran muy precavidos hasta el punto de que parecían siempre asustados y gente que dudaba de todo, incluso de sí mismos. En esta semana he podido pensar sobre este tema y me ha dado un duende en la nariz para encenderme la bombilla. Hay dragones más peligrosos que los que escupen fuego, la vida da más miedo que cualquier ser maligno. Y el valor real es seguir en ella, seguir con fuerza o sin ella.

La gente miedosa, la que duda, la que sufre y día a día se levantan y viven me parecen más valientes que cualquier héroe mítico. No es fácil seguir una rutina que se puede poner cuesta arriba, no es nada sencillo tener sueños y por algún motivo no poder cumplirlos o que la oportunidad para que se cumplan parezca que jamás llegar. Y por supuesto es complicadísimo verse a uno mismo y saber reconocer que se tiene miedo. Es lo más complicado del mundo. Yo admiro a esas personas, sinceramente las admiro. Las que son totalmente anónimas y reciben un palo de esos que a veces esta vida, tan cruel como maravillosa, nos regala y que sigan sonriendo y sigan escuchando a otros que como ellos tienen problemas, distintos pero no por ello menos importantes. Cada día sé en propia piel que nada viene gratis, que todo cuesta mucho y que hay días que sonreír es un ejercicio que deja exhausto. Pero también sé que cuando algo por lo que has luchado hasta quedarte dormido en el autobús se cumple, lo logras, el orgullo es infinito y la alegría por compartirlo y por hacerlo eterno es indescriptible. Todos en esta vida tenemos problemas, todos esos problemas son importantes y graves, todos nos hemos caído de golpe y nos ha costado levantarnos, todos hemos tenido miedo a decir que teníamos miedo y a pedir ayuda. Por eso yo declaro mi admiración por todos los que ante los golpes o las adversidades siguen adelante, también por todos los que tuvieron el valor de pedir ayuda y por todos aquellos que, aunque las predicciones decían que lo tenían más que difícil, siguieron buscando la manera de encontrar y lograr su sueño y su camino. Mi especial admiración para todos ellos.

Fuentes de la imagen:
www.bfes.ea.com

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