La Universidad Complutense vuelve a ajustarse el cinturón

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Menos teléfonos móviles, control riguroso del absentismo del personal y menos gastos en protocolo son algunos de los puntos claves del plan de ajuste de la Universidad Complutense de Madrid para rebajar los 150 millones de euros que la institución acumula de deuda económica.

El rector José Carrillo junto a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre

A través del plan presentado el pasado 24 de noviembre, se prevé reducir en cuarenta millones la deuda acumulada. El nuevo rector de la Complutense, José Carrillo, prometió austeridad en su toma de posesión el pasado mes de junio y ahora, cinco meses después, llegan las primeras medidas. Aunque a primera vista parezca imposible recortar más en los gastos de la universidad, el plan detalla punto por punto dónde se atacará a la hora de repartir el presupuesto anual.

Comenzando por los gastos innecesarios en protocolo, en el presupuesto de 2012 queda anulada la partida destinada a vino español, así como la reducción de los posibles gastos en comidas de trabajo (se solventarán con menús ofrecidos por las propias instalaciones de la Universidad). En cuanto a los traslados, se optará por una menor utilización de coches oficiales y por viajes reducidos a un solo funcionario siempre que sea posible.

Con más de 10.000 empleados resulta difícil controlar quién va a trabajar y quién no. Ni el documento presentado ni la Complutense especifican cuál es el porcentaje de bajas de la institución, aspecto que a partir de ahora se controlará con el fin de ahorrar posibles gastos. Para mejorar la eficiencia se congelarán también las partidas para contrataciones, y la reposición de jubilados se hará en función de lo que estipulen el Estado o la Comunidad de Madrid.

Otro  de los agujeros por los que se le escapa el dinero a la UCM está en la telefonía móvil. Hasta el curso pasado, 438 trabajadores de la Complutense disponían de móvil, lo que suponía un montante anual de 423.000 euros. Ahora se recortará el número de teléfonos a 186, de los que 126 serán para comunicaciones internas y sesenta se dispondrán para uso libre, lo que supondrá un ahorro en la práctica de miles de euros.

En cuanto al gasto energético, la Complutense quiere modernizar las instalaciones para incluir sistemas de encendido y apagado automático, así como luces led. También se ajustarán los horarios de trabajo para evitar las horas muertas y se continuarán cerrando las instalaciones durante las vacaciones de Navidad y Semana Santa. 

Finalmente se controlará también el uso del material. Tanto el mobiliario como los equipos de informática tendrán una fecha de caducidad preestablecida, es decir, deberán permanecer en funcionamiento durante un periodo de tiempo acordado previamente. El material de oficina estará medido al dedillo: se controlará cuánto papel corresponde a cada centro, no habrá sobres ni cuartillas para los trabajadores y se fomentará el uso del correo electrónico.

Todas estas medidas, aparentemente lógicas, pueden contribuir a que la UCM abandone la precaria situación económica en la que se encuentra actualmente. 

Fotografía: Comunidad de Madrid y Mike

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