La última aventura de ‘T-Mac’

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Considerado uno de los mejores 40 jugadores de la historia de la NBA, capaz de conseguir 13 puntos en 35 segundos, un chico que no pasó por la Universidad antes de jugar en la NBA y que va a emprender su última gran aventura, jugar en la CBA china. Hablamos de un grande, hablamos de Tracy McGrady.

Tracy McGrady ha sido uno de los jugadores más destacados de principios de siglo en la NBA.

El pasado mes de octubre, los aficionados al baloncesto se quedaron perplejos cuando oyeron la noticia de que Tracy McGrady ponía punto y final a sus 15 años en la NBA y se marchaba a China. Los Eagles de Quingdao se hacían con los servicios del alero estadounidense quien, pese a ello, había estado probando con los San Antonio Spurs y con los New York Knicks, pero sin final feliz.

La historia de McGrady viene de lejos, concretamente de 1997 cuando, sin haber pasado por un equipo de la Universidad, fue escogido en el noveno puesto de primera ronda del ‘draft’ por los Toronto Raptors. Diciendo esto puede parecer que T-Mac llevase desde pequeño jugando al baloncesto, pero es todo lo contrario. No fue hasta 1993 cuando se aficionó, coincidiendo con su admiración por el aquel entonces ‘rookie’ de Orlando Magic, Anfernee Hardaway. Todo esto sirvió de recompensa tras una dura infancia en la que sin el esfuerzo y superación de su madre y de su tía -su padre evadió la responsabilidad de cuidar de él- nada habría sido posible.

Sus primeros tres años en la mejor liga del mundo cuajó unas más que decentes actuaciones saliendo desde el banquillo como sexto hombre. Junto a su primo Vince Carter, con el que coincidió en Toronto, participó en 1998 en el concurso de mates, quedando en la tercera posición. No pasaron desapercibidos sus números y en el año 2000 dio el salto a un grande, a los Magic, donde empezaría a forjar su leyenda con el ‘1’ en honor a su ídolo Hardaway.

Participación en el All Star Game, algo que repitió de manera consecutiva hasta 2007; Jugador Más Mejorado, integrante del segundo quinteto ideal, nominado a MVP de la temporada y segundo jugador más joven en conseguir 40 o más puntos en ‘playoffs’ fueron sus logros en su primera temporada en 2001. Esto no fue más que el comienzo, ya que en sus cuatro años en Orlando fue elegido dos veces para el Equipo Ideal de la NBA, dos veces máximo anotador de la temporada, llegó a su tope anotador en un partido -63 puntos-, y fue el segundo jugador más joven en alcanzar los 10.000 puntos, solo superado por Kobe Bryant. Su talón de Aquiles fue no pasar de primera ronda de ‘playoffs’, algo que nunca conseguiría en su carrera.

A pesar de estos números, Orlando decidió traspasarlo en 2004 a Houston Rockets, donde se convirtió en un ídolo local del equipo en el que pasó seis años. Formó una pareja temible junto a Yao Ming que dio mucho que hablar. En su periplo en Houston hay que señalar dos fechas claves para bien y para mal. La primera es el 9 de diciembre de 2004, cuando en un partido contra San Antonio anotó 13 puntos en los últimos 35 segundos finales que significaron la remontada de los suyos. El partido acabó 80-81 y quedó grabado como uno de los más emocionantes de la historia. En cambio, la sonrisa se le apagaría a T-Mac para siempre cuando el 8 de enero de 2006 sufrió espasmos en la espalda que le retiraron en camilla en un partido ante los Denver Nuggets. A partir de ahí, fue una cuesta abajo en su carrera por culpa de las lesiones.  

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Ya nunca volvió a ser aquel McGrady que anotaba cada temporada 30 puntos de media o que demostraba en la cancha su enorme explosividad. Continuos problemas en la espalda, hombros y rodillas le persiguieron allá por donde jugase. Tras Houston, pasó por New York Knicks, Detroit Pistons y Atlanta Hawks intentando sobrevivir en la NBA.

T-Mac formó junto a Yao una de las mejores duplas de la historia, brindó a los aficionados del baloncesto grandes noches y ha sido de los mejores sin haber jugado una fase final de la mejor liga del mundo. Ahora afronta una de sus últimas aventuras, si no la última, en la CBA, donde se espera que vuelva a sacar su magia de la chistera.

Fotografía: Keith Allison

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