La tribu en armas

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Bengasi se ha convertido en las últimas semanas en el centro sobre el que se posan todos los ojos informativos. El estallido de la revuelta en Libia, enmarcada dentro de las revoluciones árabes iniciadas tras el suicidio del tunecino Mohammed Bouazizi, ha encontrado la dura respuesta del líder del país, Muamar el Gadafi. Mientras que los presidentes de Egipto y Túnez optaron por el abandono de su lugar de preeminencia tras comprobar el masivo rechazo popular que existía hacia ellos, el excéntrico Gadafi se agarra con todas sus fuerzas al poder sin que le tiemble la mano a la hora de usar la fuerza.

Libia es el país con más alta renta per cápita de África. Además, ocupa la primera posición del continente en Índice de Desarrollo Humano (53ª del mundo). No obstante, pese a vivir en un país relativamente rico y con buen nivel de vida, los libios se han sublevado contra la autoridad. La razón materialista no es aquí, pues, el motor de la revuelta. El pueblo libio no ha tomado las armas por falta de comida en su mesa. El pueblo libio se ha levantado porque está harto de la ausencia de libertades y de los favoritismos del régimen a la hora de asignar los puestos de poder.

En Libia no existe un fuerte sentimiento nacional que cohesione a la sociedad. La estructura social del país está fragmentada por las distintas tribus que en él residen. La tribu de los Warfalla es la más numerosa –a ella pertenece un millón de libios, uno de cada seis habitantes del país- y tiene su núcleo en el este del Estado, epicentro de la insurrección. La tribu de los Khadafa, a la que pertenece Gadafi, acapara los centros de poder, pese a contar con menor número de integrantes. Esto es así desde la revolución de 1969 que dio a luz a la Libia que hoy conocemos. Con el paso del tiempo las rencillas entre tribus han ido en aumento, debilitándose así el pacto tribal que sostenía a Gadafi en el poder. En 1993 se produjo un intento fallido de Golpe de Estado llevado a cabo por los Warfalla. Y en 2011 la bomba ha estallado.

La respuesta de la Comunidad Internacional ha sido ambigua. La gran cantidad de yacimientos petrolíferos existentes en Libia provoca que los países importadores tiemblen al observar como un proveedor del esencial recurso se desestabiliza. Por otro lado, Libia ha actuado hasta ahora como tapón de Europa frente a la inmigración subsahariana. Además, la dureza del régimen ha amortiguado la penetración de grupos fundamentalistas islámicos como Al-Qaeda. Así pues, el debilitamiento del sistema libio inquieta mucho a los gobiernos europeos, en particular al italiano. Silvio Berlusconi ha colaborado estrechamente con Gadafi en los últimos años a través de un pacto de mutuo interés. Italia invertía ingentes capitales en la modernización de Libia, mientras que ésta le garantizaba la venta de un tercio de su petróleo e impidía la salida desde sus costas de personas que busquen un futuro mejor en Europa.

Estados Unidos tampoco parece firmemente decidido a actuar. Más allá de los bonitos discursos sobre democracia de Barak Obama, el gigante norteamericano no quiere inmiscuirse en otro encarnizado conflicto sin haber finiquitado antes los que todavía tiene en marcha. Tras ocho y diez años de ocupación, respectivamente, el ejército estadounidense continúa hoy en Irak y Afganistán. Desplegar a sus tropas en otra guerra no parece la mejor opción. Los intereses geopolíticos son los que mandan y Libia no se encuentra entre las prioridades de Estados Unidos. Diferente sería que la oleada de cambio afectara a Arabia Saudí, su gran aliado en Oriente Medio y primer productor mundial de petróleo.

De esta manera, los rebeldes libios se encuentran en una difícil situación. Pese a ser mayor número los adheridos a la revuelta que los fieles al régimen, son estos últimos quienes cuentan con los arsenales de armamento estatales. Además, Gadafi compensa su falta de hombres contratando a miles de mercenarios procedentes del África Negra que defienden a sangre y fuego la perpetuación del sistema. Ante una dudosa intervención internacional y la superioridad militar del enemigo, la inquietud corroe las calles de Bengasi, capital del levantamiento. La tradicional solidaridad entre los miembros de las tribus, indispensable para sobrevivir en el inhóspito desierto del Sáhara, tendrá que reforzarse para hacer frente al largo conflicto civil que parece estar configurándose.

Si la OTAN no se decide a atacar, tal y como hizo hace doce años en la Guerra de Kosovo, parece complicado que la sangre deje de correr pronto en Libia. Si los vectores internacionales no se introducen en el enfrentamiento, lo más probable es que se dé un balance estático de fuerzas que lleve a la búsqueda de una solución pactada. La división geográfica del país en diferentes Estados con soberanía propia parece una vía factible, respondiendo al mencionado fraccionamiento tribal de la población.

Lo cierto es que los pueblos árabes han despertado de su letargo. La existencia de libertades en el mundo occidental, evidenciadas para los jóvenes musulmanes gracias a Internet, induce a la reivindicación de un sistema similar en sus países. Solo queda esperar para observar cómo se desenvuelven los acontecimientos. Esperemos que su lucha sirva para crear nuevas formas de gobierno más justas y democráticas, sin que los nuevos regímenes se sometan a la voluntad de las potencias occidentales, hecho que solo podría conllevar más desigualdad social y servilismo de la población.

Fuentes del texto:
http://es.wikipedia.org/wiki/Libia
http://es.wikipedia.org/wiki/Muamar_el_Gadafi
http://unstats.un.org/unsd/snaama/selbasicFast.asp
http://magrebvision.com/
Fuentes de las imágenes:
http://www.rpp.com.pe/2011-03-05-libia-200-muertos-en-ofensiva-entre-rebeldes-y-fuerzas-de-gadafi-noticia_342384.html
http://www.cleveland.com/world/index.ssf/2010/12/obamas_afghan_war_review_will.html
http://noticierostelevisa.esmas.com/internacional/265382/cpi-investigara-gadafi-crimenes-guerra
http://planet.jmarior.net/planet-actualidad/armado-contra-gadafi/

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