La Traición del 18-J

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Donde se muestra, en tres partes, el por qué fue una salvaje traición a la patria el levantamiento de los militares que acabaron con el gobierno democrático de la República y la humanística constitución del 31.
Los jóvenes de hoy, no por espíritu sino por generación, hemos tenido la suerte de no vivir bajo una dictadura formal. Y hemos tenido la suerte, digo, porque por maravillosa que algunos crean que fue la dictadura franquista, lo cierto es que esta supuso un notable retroceso para España. Los motivos son parecidos a los que ya expusiera, en aquel famoso sermón conocido como “La tolerancia y contra la inquisición”, D. Antonio J. Ruiz de Padrón en referencia a los nuevos tiempos de cambio, iniciados con el sueño americano y las cortes de Cádiz de 1812. La restricción de las ciencias, esto es, de la libertad de las ideas, imposible sin libertad de expresión, representa la bestia más feroz para el avance de un país pues devora su historia reciente y, con ella, cualquier esperanza de futuro. Así que no es muy acertado defender al régimen franquista como a un régimen patriota, por muy nacionalistas que fuesen, y somos los jóvenes de hoy, fuera de todo sentimiento propio de quien padeció, los que debemos de hacer honor a la historia de España y cerrar al fin el capítulo más negro del siglo XX para nuestra nación.

Pero primero es necesario aclarar una diferencia esencial, fundamento por el cual Franco y sus rebeldes fueron unos traidores a la patria española. Patriotismo y nacionalismo son dos concepciones diferentes. El patriotismo se funda en un sentimiento, y como tal, está poco preocupado por otorgarle razones que lo defiendan; sin embargo, el nacionalismo necesita dotar a sus ideas de razones que lo sostengan como algo grande. Para no extenderme, podríamos decir que una misma frase, “mi país es el mejor”, tiene dos concepciones diferentes según quien la pronuncie, y conlleva por ello también consecuencias distintas. Un patriota no necesita una argumentación en torno a esa frase, pues por razón sabe que no es cierta, es simplemente un sentimiento equiparable al que se siente por una madre, todo el mundo sabe que no es la mejor objetivamente, pero sin duda si lo es para uno mismo: “mejor”, aquí, no tiene un valor objetivo sino sentimental. Por el contrario, el nacionalista requiere de una ilusoria argumentación, pues para él, su país es objetivamente el mejor, y estúpidamente cegado cree que su nación es natural y atemporal, lo que ha provocado históricamente represiones continuas a la diversidad natural de los pueblos. Las naciones se conformaron de mil y una maneras a lo largo de la historia, pero la patria es un sentimiento de hermandad con todos y cada uno de los ciudadanos que la integran, y que suele estar más basado en la tierra que en las fronteras y leyes impuestas. Así, el patriotismo es, en nuestro caso, iberoamericano, mientras que los nacionalistas todavía creen que España existió siempre.

Teniendo en cuenta esto (aunque es un tema más complejo que un simple párrafo), no es difícil calificar a la república del 31 como a un régimen patriótico que fue devorado por la vorágine del nacionalismo más insensato y traicionero. Tres son los pilares fundamentales en política para un país: la economía, los asuntos sociales y las relaciones internacionales, y en todos ellos, el régimen de Franco fue nefasto para el devenir de España, aunque con pequeños matices.

No soy un experto en economía, pero seguramente muchos de ustedes tampoco lo sean. No es necesario, no obstante, ser docto en esta materia para darse cuenta uno, con bastante facilidad, de que el régimen franquista tuvo elementos que impidieron la obtención de medidas que fueron objetivamente beneficiosas para el resto de la Europa occidental. Dos de ellas, además, son significativamente llamativas: el plan Marshall, y la estrategia nacional de autarquía. En esto segundo creo que habrá pocas discrepancias, pues es muy difícil mantener que lo mejor para España era un sistema que la sometía a una sinrazón económica que podemos ver hasta los que no somos expertos en ello. Y claro que existió una economía planificada en ciertos puntos que evitó una catástrofe mayor, claro que muchos comían gracias a las cartillas de racionamiento, pero es que otra postura hubiera sido, sencillamente, absurda. Matar a la gente de hambre hubiera conllevado la perdida del apoyo popular franquista e iría en contra de la propaganda que, con tanto ahínco, dibujaba a un Franco salvador que devolvía la paz y grandeza a España. Mientras el régimen bebía de la política falangista podía ser considerado como un régimen patriótico en tanto que este grupo político consideraba primordial el bienestar social, pero conocido es que Suñer, el cuñadísimo que representaba al ideario falangista, cayó rápidamente en desgracia y sus opiniones no fueron nunca más tomadas en cuenta (al menos de manera oficial) por el gobierno ilegítimo de Franco; o como el “califa” Bahamonde destruyó Falange en aquella traición maquiavélica contra Manuel Hedilla que acabaría con este a punto de ser fusilado, aniquilando además la futura oposición carlista con el Decreto de Unificación, como muy bien relatan Paul Preston y Stanley Payne en sus libros base sobre la Guerra civil española. Podemos, sin embargo, considerar en este aspecto patriotas a los franquistas por preocuparse por el pueblo, si hacemos para ello el increíble esfuerzo de considerarles como a unos pobres necios que, hundidos por su estupidez en la ceguera práctica, tomaron las peores decisiones posibles desde 1937. La autarquía fue una salvajada intelectual que deprimió, en todos los sentidos, a España durante casi dos décadas.

El otro punto fundamental en economía es una consecuencia del autarquismo, el aislamiento abrazado por Franco y el detestable pacto entre Francia y Gran Bretaña. Según afirma Franco en el libro Masonería, el Plan Marshall no llegó a España por el contubernio judeo-masónico imperante en Europa desde 1945, cuando los aliados y los soviéticos ganaron la guerra al nacionalsocialismo. La realidad es mucho más sencilla: EEUU jamás financiaría a un régimen al que se oponían frontalmente todas las naciones de la Europa aliada, ya que la cuantía de la reconstrucción exigía ser selectivos a la hora de afrontar las diversas operaciones. EEUU solo se acercó a España por su propio interés cuando en la guerra fría, y con ciertas reformas impulsadas por el franquismo, necesitó a nuestra nación para luchar contra el “enemigo” bolchevique. España no creció hasta entrados los años sesenta, después de la llegada de “la leche en polvo, y el queso, americano” (como decían Asfalto en “Días de escuela”), si bien es cierto que creció a un ritmo constante del 10%, cifra increíble solo comparable al caso japonés. Pero esto tiene trampa: es fácil crecer vertiginosamente cuando quien está en la ruina es un estado potencialmente rico. Hoy los franquistas se apoyan en este crecimiento económico para defender la traición de Franco, pero habría que recordarles que habían pasado más de veinticinco años de absoluta incompetencia en el plano económico y que fueron los tecnócratas del Opus Dei quienes hicieron posible esto, y no la política militarista de los vencedores que traicionaron a España.

Con esto queda clara la incompetencia de los franquistas en el terreno económico, pues su política económica fue el punto y final a toda posibilidad de que España ocupase el lugar que por historia le corresponde (emulando así a los necios que dinamitaron el imperio pese a las enormes riquezas provenientes de las Indias). En el siguiente artículo se mostrará otro ámbito en el cual los franquistas deprimieron más nuestra patria haciendo que retrocediese culturalmente más de un siglo, a tiempos anteriores a la Institución libre de enseñanza y, en algunos aspectos, incluso anterior a la ilustración.

Fuentes del Texto:
Stanley G. Payne: El Franquismo, 1ª Parte. Arlanza ed.2005
Stanley G. Payne:
La República y La Guerra Civil española de 1931 a 1939
Abdón Mateos y Álvaro Soto:
El Franquismo, 3ª Parte. Arlanza ed.2005
Jakim Boor (pseudónimo de Francisco Franco Bahamonde):
Masonería
Paul Preston:
La Guerra Civil española 1936-1939. Debate-Circulo de lectores ed.2006
Fuentes de la imagen:
http://www.nodulo.org/ec/2007/img/n065p01h.jpg
http://www.elpais.com/recorte/20030907elpdmgrep_4/SCO250/Ies/ultimo_Franco.jpg

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