La tragedia a la vuelta del monte

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Lumiar es un pueblito de cuatro mil habitantes, de colonización Suiza –lo que genera una curiosidad: brasileños, de habla del campo, pero, pelo rubio y ojos azules-  está a 28 km de la capital del municipio, Nova Friburgo. Posee una naturaleza privilegiada, lindas cascadas, ríos y extenso territorio verde de Mata Atlántica. Su eslogan es “Lumiar, disfruta de ese paraíso ecológico”. Un lugar para quien desea dejar el estrés de la ciudad y pasar unas vacaciones relajantes.

Luís Carlos y Suzanna Bettina viven en Lumiar, él es masajista en un spa, ella es profesora, directora y dueña de una pequeña escuela para niños. Yo, hijo de Luis y Suzanna,  me hallaba, junto a mi novia, de visita en el pueblo. Una noche, por vuelta de las 20 horas, empezó a caer una lluvia de dar pavor, una tempestad de truenos; lo que dejaba a mi novia, Bruna,  con miedo al tremer la casa a cada tronada. El día siguiente nos despertamos sin luz, teléfono, internet y móvil. Sabemos que muchas veces estas lluvias traen consecuencias, pero también sabemos que en la sierra de Rio de Janeiro la lluvia es algo habitual, y como dicen algunos vecinos “Aquí, a veces, San Pedro llora fuerte”. Las únicas noticias que teníamos eran que la carretera que conecta Nova Friburgo a la Región de los Lagos (litoral), La Serramar  RJ116, que cruza Lumiar, estaba cortada en el tramo Nova Friburgo-Lumiar, supuestamente con más de diez barreras que impedían el tráfico; además de uno también supuesto derrumbe de una casa en que podían haber muerto tres niños.

Sin luz, internet, móvil o teléfono y sin posibilidad alguna de tener información,  hemos aprovechado de un bonito día en el fuerte río Macaé y Boa Esperança. Todo sin saber que la mayor tragedia natural de la historia de Brasil acababa de ocurrir. A tan solo 28km de donde dormíamos con cierta tranquilidad y disfrutábamos del día. La ciudad de Nova Friburgo a 150 km de Río de Janeiro había sido arrasada por los deslizamientos y riadas.

Luís Carlos vive hace más de treinta años en la región y, a pesar de no tener comunicación, intuyó que algo muy grave había sucedido y que la posibilidad de haber aún más lluvias y problemas era real. Lo mejor a hacer era huir del pueblo ante la posibilidad de quedarse aislado. El tramo de la Serramar  Lumiar-Casimiro de Abreu  aún estaba liberado.

Hasta llegar al litoral no había posibilidad de saber lo que ocurriera, de modo que a nosotros nos parecía un día agradable. Pero, en Rio da Ostras, en el litoral del Estado, empezamos a recibir información y a vivir este triste capítulo de la historia.

En las primeras horas la falta de comunicación era total, todas las ciudades afectadas, Petrópolis, Teresópolis, Areal, Sumidouro, Sao José do Vale del Rio Preto, Bom Jardim y Nova Friburgo  seguían sin teléfono e internet. Muchas eran las familias que no podían saber de sus parientes.  Para Fernanda Costa, trabajadora de un chiringuito en la playa de Costa Azur (Rio da Ostras), fueron días de angustia: “pasé dos días sin dormir ni comer, soy de Nova Friburgo y no tenía noticia alguna de mis padres”. También Diego Pinta, mi amigo, que no sabía ni de su madre ni de su hermano. En las redes sociales aumentaban los mensajes desesperados en busca de información, los teléfonos no paraban de funcionar; mientras tanto, las noticias en televisión aterrorizaban aún más a la población. El número de muertos aumentaba a cada hora, las historia de terror crecían a cada nuevo noticiario.

La tragedia más importante de la historia de Brasil cuenta con 810 muertos en toda la Región Serrana de Rio de Janeiro. Las ciudades más afectadas son Teresópolis y Nova Friburgo, con 324 y 391 muertos respectivamente. En Nova Friburgo el número de óbitos es de aproximadamente uno por cada 465 habitantes. Sus centros históricos están irreconocibles. Imágenes muestran casas y edificios enteros siendo llevados por las aguas.

Ana Antonia, moradora de Conselheiro Paulino, Nova Friburgo, cuenta que se fue de su casa al notar la fuerza de la lluvia y que ahora no puede volver. Peor suerte tuvo sus dos hijos, sus  casas ya no existen, la riada las llevó consigo. Como Ana Antonia hay en toda Región Serrana en torno a 13.430 personas y sólo en la ciudad de Nova Friburgo 3.220, son las que aun poseen la casa pero no saben cuándo o si podrán volver. Como sus hijos se contabilizan 9.128 personas, 1.970 en Nova Friburgo. Son los que han perdido todo. De ellos se escuchan las historias más chocantes. Personas que perdieron, en algunos casos, hermanos, maridos, mujeres, hijos, nietos; muchas veces familias completas. Además de sus casas y todos sus pertenencias.

Existe el temor que eses números puedan aumentar, aun hay lugares aislados en los cuales las fuerzas de rescate y ayuda aún no han podido llegar y más de 460 desaparecidos. Los ejércitos del aire, tierra y mar, junto con los bomberos y policías van en busca de los rincones afectados, pero, no son optimista, estiman que el número de muertos pueda llegar a 1500.

La recién electa presidenta de Brasil, Dilma Roussef , visitó las ciudades afectadas y ha prometido todo el esfuerzo para el pronto atendimiento y la futura reconstrucción de las ciudades. No se puede hacer, de momento, una estimativa del perjuicio material de la tragedia. Calles, vías, carreteras, casa, pisos, comercios… están destrozados.  Muchas personas se quedarán sin trabajo; las pequeñas industrias de confección, las plantaciones que abastecen la ciudad de Rio de Janeiro, todo se ha perdido. Luis Carlos cree que no tendrá trabajo, siendo optimista, hasta dentro de seis meses. Él es masajista en un spa que quedó aislado y depende de los turistas, “no vendrán tan pronto”, dice. Todas las posadas, hoteles y comercios que dependen del turismo se quedarán sin clientes. Roberto Pagnoncelli tiene una posada en Lumiar, después de dar gracias a Dios por estar todo bien con él, sus amigos y familiares, se lamenta de todas las cancelaciones y del futuro negro en el negocio.

Sin embargo, el momento es de pensar en cómo ayudar a las víctimas de la catástrofe. Faltan alimentos, medicamentos, agua… La demostración de solidaridad llega de todo el estado y país. El pueblo demuestra su fuerza y unión. En todos los estados, ciudades, pueblos, ricos y pobres hacen su parte, sea enviando víveres, sea trabajando voluntariamente en la Cruz Roja o directamente direccionándose al lugar de los hechos. Esta solidaridad es muy importante ahora y será en el futuro, en la reconstrucción de las ciudades.

Las pérdidas materiales, casa, coches, camiones, industria, electrodomésticos… difícilmente podrían ser evitadas. La geografía de la Región Serrana es compleja. Muchas casas en área de riesgo, en el alto de las montañas o margen de los ríos. En Brasil hay aproximadamente 5 millones de personas viviendo en zonas peligrosas. El movimiento natural de la tierra, que con las lluvias tarde o temprano provoca el deslizamiento, hace toda la zona susceptible de derrumbes. No obstante, muchas vidas podían haber sido ahorradas si hubiera un plan eficaz de alerta y evacuación. La pequeña ciudad de Areal realizó una mínima acción de alarma. Diez minutos antes de la riada un coche pasó por toda la ciudad, pidiendo a que la gente que vive en área de riesgo abandonara sus casas inmediatamente. Es la única localidad que no contabiliza ningún fallecido. Especialistas afirman que Brasil debía prepararse para las lluvias de verano como países que sufren con volcanes y huracanes. La Presidenta de Brasil, Dilma Roussef, dijo que el nuevo Gobierno destinará 5,8 mil millones de reales (2,7 mil millones de euros) para realizar futuros planes de prevención, alertas y evacuación. Lamentablemente tienen que perderse muchas vidas para que haya alguna iniciativa.

Fuente de la imagen:
Elaboración propia

3 Comentarios

  1. Nova Friburgo contou com centenas de voluntários e muita solidariedade. Pelo menos dois Grupos importantes se formaram na interne, GNF e Eco-reconstrução(dois fóruns de troca de informações, denuncias e reflexões-no facebook). Estes dois grupos ainda estão na ativa. O prejuízo de vidas e material foi imenso. A cidade ainda está ferida. Agora os problemas são as políticas sujas. Valeu pela publicação.

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