La tensión

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Tan meticuloso ha sido Pep con este grupo, que raro ha sido ver relajación, desidia o apatía en sus piernas, de ahí que la vitrina se haya llenado de trofeos, año tras año, hasta sumar los doce que el de Santpedor ya cuenta en su currículum. Por ello, la ausencia de tensión frente a Real y Milán, no es sino el síntoma de que sin tensión no se va a ningún lado. Al menos no a ninguno bueno.

Ambos partidos estaban ganados. El Barça fue superior en los dos encuentros, pero padeció la misma enfermedad: pensar que, tocando y caminando, la cosa acabaría en goleada, tan mal acostumbrados como para creer que los goles llegarían por inercia, casi sin forzarlos. Sólo así se explica la cesión de Villa en Anoeta, o los goles (en el primer y en el último minuto) de un Milán ramplón, sin más ambición que la de mirar y correr, pues las fuerzas no le dan para más. Dos excepciones: un eléctrico Pato y un Seedorf al que da gusto ver, pues mejora con el paso de los años su percepción de este deporte.

No debería ser más que una llamada de atención, pues el equipo ha demostrado sobradamente saber encarar las temporadas, sin que la autocomplacencia haya aparecido por la presencia continuada de logros. De Guardiola depende que la falta de concentración no sea habitual, pues en esa carrera de fondo con el Real Madrid ya llevamos dos puntos de desventaja. Y ellos dejarán pocos atrás.

P.D. No sé quién ha sido el iluminado que ha defendido que el Barça tiene buena suerte con las lesiones. Puyol (ya recuperado), Piqué, Iniesta, Alexis… Desde luego no es una lista alentadora.

Foto: Getty images
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Elaboración propia

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