El periodista, un “bandido del tiempo”

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Expertos internacionales analizarán las relaciones entre historia y medios de comunicación en un Congreso en la Universidad Complutense de Madrid

Kevin, un muchacho apenas adolescente, es forzado por un extraño grupo de enanos a viajar a través del tiempo y el espacio en la película Time Bandits, dirigida en 1981 por el que fuera miembro de Monty Phyton, Terry Gilliam. Aquel periplo no era lineal, sino multidimensional, y se realizaba a través de ventanas que se abrían y cerraban en ciertos momentos estratégicos del film. La recompensa del viaje era poder aprovecharse de la historia, y, si resultaba posible, conseguir sus mejores trofeos.

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La película de Gilliam simultaneaba imaginación y realismo. Planteaba una metáfora sobre los anacronismos, la utilización del tiempo, los mitos históricos y el poder de la información. Estas cuatro cuestiones serán abordadas de forma entrelazada en el Congreso Internacional “Memorias, medios y espacio público en la Europa Mediterránea”, que se celebrará el 24 y 25 de noviembre en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, y que cuenta con el apoyo del Ministerio de Ciencia e Innovación y la Fundación Complutense.

El encuentro reunirá a una quincena de expertos internacionales, que reflexionarán tanto sobre la capacidad de los medios para trasladar la historia a claves actuales, como sobre la potencialidad mediática para proyectar sobre el pasado elementos extraídos de nuestro presente. El Congreso se propone como un ámbito de participación y encuentro, dirigiéndose a investigadores, profesionales y  estudiantes. El plazo de inscripción concluye el 18 de noviembre.

Resulta obvio que buena parte de la información de la actualidad está nutrida por noticias que hablan o bien del futuro o bien del pasado, sustanciándose en forma de relatos que viajan a través de un universo mediático multipantalla. En este sentido, el periodista puede actuar como un “bandido del tiempo”, implicándose en la organización y gestión de agendas que incorporan diversos planos temporales. De esta forma se convierte en agente de expectativas y en sujeto productor de memoria.

Las noticias sobre el futuro –lo que podría llamarse los oráculos mediáticos–  han llegado a ser cuantificadas, evidenciándose su capacidad de condicionar, en una u otra dirección, la geografía de la actualidad. Las informaciones acaecidas el 1 de noviembre de 2011 sobre un hipotético referéndum griego que decida, en un momento aún impreciso, sobre los acuerdos contraídos con la Unión Europea han colapsado las primeras planas y han generado una dinámica de contagio en las bolsas y el mercado financiero global. A raíz de este hecho se han multiplicado las reflexiones periodísticas de urgencia que han especulado sobre todos los escenarios posibles. La probabilidad de un acontecimiento está provocando un efecto–mariposa de futuribles que se amplifican, a su vez, sobre las decisiones políticas o económicas, condicionando ese mismo referéndum.

Desde la neurología cognitiva tiende a relativizarse la noción, externa y objetiva, de realidad temporal. La percepción del tiempo es una construcción selectiva de sentido sometida a lógicas de orden, adecuación y adaptación. La noción del tiempo depende de la codificación que realizamos sobre nuestras rutinas. También es consecuencia de los ritmos y querencias colectivas, así como de la atención (individual y social) otorgada a ciertos momentos críticos, cuando parece que el tiempo se ralentiza o detiene.

Algo similar puede plantearse respecto a los procesos de estructuración periodística del pasado. Jill A. Edy destacó, en un estudio ya clásico, la importancia del periodista en el diseño de mapas comprensivos donde figuran la nostalgia, la empatía y los momentos dolorosos. Las prácticas de selección, tematización y encuadre sobre lo pretérito, la focalización sobre ciertos instantes clave, las formas de apelar y representar el recuerdo, el empleo de anacronismos, el recurso a la conmemoración o las efemérides y su conversión en titulares… todo ello forma parte del ejercicio profesional periodístico.

Más recientemente Edy ha llamado la atención acerca del potencial que tiene el periodismo para convertir la memoria colectiva en herramienta crítica. Existe, según sus palabras, un “pasado irresistible”: aquel que es empleado bien para legitimar decisiones, o bien con fines de pedagogía social. Es sobradamente conocido cómo la Administración Bush evocó la memoria traumática inmediata del 11-S en su justificación de la Guerra de Irak. En cambio, el New York Times, el Washington Post o USA Today rápidamente recordaron los inquietantes paralelismos existentes entre ese conflicto y Vietnam, evidenciando así otra clave de reconocimiento diametralmente opuesta para la memoria colectiva estadounidense.

El Congreso “Memorias, medios y espacio público en la Europa Mediterránea” pretende resituar diversos ejemplos de memoria mediática española en relación con el entorno europeo. En sus sesiones se abordarán cuestiones relativas a la adecuación del pasado en el relato informativo y ficcional. Además, se aproximará al papel de los medios ante las identidades nacionales, las especificidades territoriales o las representaciones culturales. Y, complementariamente, al fenómeno de los mitos históricos y su uso en los productos mediáticos, los discursos históricos y las narrativas públicas.

El periodista es un constructor de historias que, con frecuencia, recurre a la historia. Es el responsable de la mediatización de imaginarios que se revisan y redefinen. Resulta impensable concebir las recientes polémicas de memoria histórica en España sin atender al papel de los medios, del mismo modo que no debe olvidarse que la historia otorga reputación, algo que se traduce, por ejemplo, mediante fórmulas de autorreferencialidad mediática.

Resulta fundamental, sin embargo, situar esos fenómenos en unas coordenadas diacrónicas, y a ese objetivo se dirige también el Congreso “Memorias, medios y espacio público en la Europa Mediterránea”. Conocer los tiempos históricos nos permite entender mejor los distintos tiempos de memoria. Desde hace años el relato documental (La Transición, 1993) y la ficción seriada (Cuéntame cómo pasó, 2001-2011) han insistido en el sentido de la transición democrática como base fundacional para la historia del tiempo presente en España. En cambio, en los años críticos de aquel período (1976 y 1977) las perspectivas de memoria eran otras.

Para la prensa de extrema derecha aquel presente de 1976–77 se percibía como un trasunto de la convulsa primavera de 1936, como la antesala de un hipotético caos que justificaba un posible episodio de golpismo militar. En cambio, buena parte de la prensa democrática invisibilizó el recuerdo de la Guerra Civil y anestesió las sombras del franquismo, que asépticamente se convirtió en “el régimen anterior”.

En ambos casos se operaba con distintos usos del pasado coherentes con diferentes previsiones de futuro. Es un ejemplo de cómo el mercado de la información profética puede oscilar en sus gradaciones apocalípticas, algo ya demostrado en La Vida de Brian (1979), otro celebrado –y radicalmente anacrónico– film de los Monty Phyton.

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José Carlos Rueda Laffond, Profesor en la UCM, y miembro del Comité Organizador del Congreso Internacional “Memorias, Medios y Espacio Público en la Europa Mediterrána”.

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