La séptima maravilla de Rafael Nadal

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Rafael Nadal certificó su séptimo Roland Garros en ocho participaciones tras la victoria ante Novak Djokovic en una final intensa, que hubo de disputarse entre el domingo y el lunes por la persistente lluvia. Un total de once ‘Grand Slams’ jalonan ya el palmarés de un Nadal voraz de títulos, recuperado plenamente en el plano anímico y con una progresión en su juego que parece no conocer límites.

Esta imagen se ha repetido siete veces en los últimos ocho años

La historia de Rafael Nadal aumenta. El romance con la tierra sigue vivo porque esta superficie no conoce mejor pareja, al menos la arena de París, en la que Nadal ya es quien más veces ha triunfado. 26 años recién cumplidos y cifras de leyenda. No se sabe dónde está el techo de un deportista con un físico poderoso, espectacular y moldeado para triunfar, pero por encima de otras, con unas cualidades mentales que lo han llevado a convertirse en un tenista histórico: el más grande de la tierra batida, el deportista español más importante que haya dado el país nunca.

El tradicional juego físico, dominador, largo y paciente del campeón español ha añadido varias cualidades que lo hacen aún más difícil de superar. El Nadal de la séptima Copa de los Mosqueteros en Francia ha consolidado un extraordinario -y más potente- servicio, ha dejado de abusar del juego sobre la misma mano del rival para alternar la dirección de sus golpes y ha tenido ese punto de agresividad, situándose unos pasos dentro de la pista, que lo hace casi invencible. David Ferrer, que disputó un torneo a un muy buen nivel, fue vapuleado en semifinales por el tenista manacorí. Nicolás Almagro, otro de los españoles que rinden a un gran nivel en las pistas de París, sólo fue capaz de competir en el primer set del partido de cuartos de final; los otros dos fueron un paseo militar para un Nadal que impuso un feroz ritmo y obligó al tenista murciano a jugar muy por detrás de la línea de fondo.

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Ha sido el propio tenista quien ha reconocido, tras la victoria en Roland Garros, que probablemente la de 2012 haya sido su mejor temporada sobre la tierra batida. El Masters de Montecarlo reconcilió a Nadal con el éxito, venciendo a Novak Djokovic tras siete derrotas consecutivas y alejando la idea de que el serbio podía convertirse en su bestia negra. El Godó de Barcelona fue un plácido paseo, y tras el fracaso en la extraña pista azul de Madrid, Roma volvió a dar otro triunfo frente a Nole. El abierto galo, el torneo favorito de Rafa, ha visto, probablemente, el mejor de sus siete triunfos. El de 2012 ha rozado la excelencia: sólo un set cedido en todo el torneo, una mayor amplitud de registros en el juego, y partidos, como la semifinal ante Ferrer en la que sólo cedió cinco juegos, de un nivel sobrehumano.

París volvió a ser una fiesta. Las horas posteriores a la victoria sirvieron para que el ganador celebrara el título a orillas del Río Sena y con la Torre Eiffel de fondo, una imagen que se ha repetido desde aquel lejano año de 2005, en el que con 19 años recién cumplidos, ganó su primer título de Roland Garros, el primer ‘Grand Slam’ de su carrera. Hoy, el rey Nadal suma siete en la arena gala, más que ningún otro tenista, después de haber pulverizado el registro estratosférico de Björn Borg. Los próximos años dirán dónde encontró su techo el insaciable tenista zurdo.

Fotografía: Fédération Française de Tennis

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