La revolución que nació en Oregón

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Alberto Salazar es el técnico de atletismo más cotizado del momento. Un estadounidense de origen cubano y excorredor de maratón se ha erigido como el visionario capaz de terminar con la dictadura de los fondistas de Kenia y Etiopia en los grandes eventos internacionales. Una docena de atletas entrenan con el gurú de las distancias medias en un centro de alto rendimiento de la costa oeste norteamericana, equipado con alta tecnología y respaldado por la financiación de la firma deportiva Nike. Mo Farah, bicampeón olímpico y tricampeón mundial, es la joya de la cuadra.

Eugene, una ciudad de tamaño medio que no alcanza los 200.000 habitantes, es la cuna del fondo y del mediofondo de Estados Unidos. En las instalaciones deportivas de su universidad han entrenado varias generaciones de corredores del país. Un mitin de la prestigiosa Diamond League, el circuito de reuniones de atletismo más selecto del planeta, se sigue celebrando en esta localidad interior de Oregón. En el propio estado occidental también tiene situada su sede Nike, la marca líder en vestimenta deportiva. Al calor de la tradición, los responsables de la empresa multinacional decidieron crear en 2002 un centro de tecnificación que devolviera el lustre a la media distancia no africana.

Alberto Salazar (55) durante una sesión de entrenamiento en las instalaciones de la Universidad de Eugene. Foto: Cal Hopkins (wikimedia)
Alberto Salazar (55) durante una sesión de entrenamiento en las instalaciones de la Universidad de Eugene. Foto: Cal Hopkins (wikimedia)

Nike Oregon Project es el nombre de aquella idea que desde sus orígenes comanda Alberto Salazar. El atleta que ganó tres veces el Maratón de Nueva York prepara duras sesiones de entrenamiento a sus discípulos sin otra meta que la de terminar con la hegemonía de los fondistas del Valle del Rift en las últimas décadas. El revolucionario técnico desprecia la genética. La receta que ha preparado para el éxito de su cuadra combina feroces jornadas de repetición con la más puntera tecnología. Estrellas consagradas, figuras emergentes y jóvenes promesas acumulan kilómetros bajo las órdenes del preparador nacido en Cuba.

Mo Farah y Galen Rupp cosecharon un éxito sin precedentes en los Juegos Olímpicos de Londres. El tándem que entrena en Oregón conquistó las medallas de oro y plata en la final de los 10.000 metros. Con la segunda posición de Rupp se certificó el regreso de los atletas blancos al podio de la distancia. Esta temporada, Farah se ha destapado como una de las mayores estrellas mundiales del atletismo. Su 2013 ha finalizado con otros dos oros mundialistas en Moscú (doblete en 5.000 y 10.000 metros), un récord europeo en los 1.500 y la imagen (extendida entre sus rivales kenianos y etíopes) de ser imbatible.

Otro atleta estadounidense del grupo de Salazar, el maratoniano Dathan Ritzenhein, completó los 42.195 metros de Chicago el pasado octubre en menos de 2h07m. Los registros extraordinarios de los suyos también sobresalen en categorías inferiores. La mediofondista Mary Cain, de sólo 17 años y que el próximo curso dará el salto al profesionalismo, finalizó en décima posición la carrera de 1.500 en el Mundial absoluto de Moscú y ha devorado varias plusmarcas mundiales y nacionales júnior en distancias como los 1.500, la milla o los 3.000 metros, tanto en pista cubierta como al aire libre.

El programa de Salazar incorpora la tecnología como factor diferencial. Los deportistas de su grupo viven en condiciones que simulan altitud, entrenan con asiduidad en la piscina y recurren a la crioterapia (el empleo del frío sobre el cuerpo) para minimizar el dolor y conseguir una rápida recuperación después de los esfuerzos. Además, las investigaciones biomecánicas y ortopédicas que los ingenieros de Nike realizan con cada atleta facilitan al preparador el perfeccionamiento de la técnica en carrera. El máximo responsable del proyecto considera determinantes para el éxito un mejor acoplamiento del tren superior y una pisada más eficiente.

Los entrenamientos –estrictamente de atletismo– del grupo de Oregón consisten en una interminable repetición de series cortas. Salazar quiere chispa, aceleración en la llegada de cada carrera. Las jornadas sobre el tartán de Eugene son interminables. Los triunfos del Nike Project también se han visto salpicados por las sospechas de dopaje. Quizás sea el tributo que tenga que pagar el gurú que desea cambiar la historia y derrocar la dictadura de África en la media distancia. Salazar ya es un icono, también en el estrato amateur. Una legión de runners de todo el planeta sigue las versiones edulcoradas de sus rígidos métodos de entrenamiento. Miles de aficionados que secundan la revolución.

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