La revolución inacabada de Egipto bulle en El Cairo

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Desde el 24 de enero, segundo aniversario del comienzo de la revolución egipcia que propiciaría la caída de Hosni Mubarack y su régimen, la violencia se ha disparado en  El Cairo entre las fuerzas del orden y los revolucionarios, quienes consideran que el nuevo gobierno “ha secuestrado su revolución”.

Protest Face Paint por AhmadHammoud, Flickr“Traidor”. Así definen los manifestantes egipcios que desde el pasado día 24 rodean el Palacio Presidencial al norte de la capital egipcia al actual presidente de Egipto y líder de los Hermanos Musulmanes, Mohammed Mursi. Los cánticos para que Mursi dimita se cruzan con los brotes de violencia entre policías y manifestantes. Los primeros tratan de disuadir las protestas con agua y gases lacrimógenos y los segundos responden con piedras y artefactos caseros. Una violencia que ha dejado al menos 60 muertos en la capital egipcia en la última semana.

Otras ciudades del país, como Port Said, también viven un clima de tensión que demuestra que la situación en Egipto ni es pacífica, ni está controlada. En Port Said, una gran multitud se concentró con motivo del juicio por los disturbios ocurridos un año antes en un campo de fútbol, donde murieron 74 personas. La ciudad, en el extremo norte del Canal de Suez, ha vivido toda una semana de violencia por los enfrentamientos provocados por las penas de muerte impuestas finalmente a 21 personas. El país se está convirtiendo poco a poco en una bomba de relojería. Por un lado, el presidente Mursi niega haber traicionado los principios de la revolución y sus seguidores acusan a la oposición de querer derrocar “al primer presidente egipcio elegido democráticamente”.

Por otro, y mucho más preocupante, es la proliferación de grupúsculos radicales entre los miembros de la oposición. Entre ellos se encuentran los “Black Bloc”, una organización juvenil que ha hecho un llamamiento para luchar violentamente contra un Estado que, consideran, se ha convertido en la tiranía de los islamistas. El Gobierno egipcio ya les ha declarado la guerra. “El sabotaje, la insurrección y la intimidación a los ciudadanos que lleva a cabo este grupo son objeto de sanción en nuestro Código Penal”, avisó el portavoz de la Fiscalía egipcia, Hussein Yasin, a los miembros del que consideró como “movimiento terrorista”.

Por si a este polvorín le faltara algo, los islamistas leales a Morsi han creado un grupo paralelo para luchar contra ellos al margen de la justicia, los “White Bloc”. Un enfrentamiento entre uno y otro grupo podría desatar una guerra con consecuencias imprevisibles. Así lo advirtió el ministro de Defensa Abdelfatah al Sisi: “Su desacuerdo en la administración de los asuntos del país puede conducir al colapso del Estado y amenaza al futuro de las nuevas generaciones”.

Para rematar la explosiva situación el conflicto podría incluso pasar las fronteras egipcias ya que los “Black Bloc” serían un grupo creado y controlado, según la televisión pública egipcia, por un oficial del “Mossad” (los servicios secretos israelíes). La posición de la religión en el nuevo Estado egipcio juega un papel clave en todo este conflicto entre los que defienden su permanencia en los órganos del país, con la ya inclusión de parte de la sharia en la Constitución, y los opositores, que buscan un Estado, sino laico, al menos, que no caiga en las garras de un régimen islamista. 

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