La repetición de lo aborrecible

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En 1998 Santiago Segura nos sorprendía con un individuo de lo más característico. Un tío franquista, españolista, racista, machista… Vamos, un facha de toda la vida, además de guarro y cutre a más no poder. Hablamos de Torrente. La caricatura que hacía de este personaje debía entenderse en clave de humor, a modo de sátira de la tradición española que arrastraba más de uno en este país a punto de entrar en el siglo XXI.

Con la aparición de su nueva fuente de ingresos, Segura tuvo que aclarar en repetidas ocasiones que, una vez más, entre actor y personaje la relación es únicamente profesional. No puede haber mayor distancia entre uno y otro. Además, reconocía la posible crítica que trataba de expresar hacia ese tipo de personalidad banal y maleducada como es la de Torrente.

Ya por entonces salió a discusión la difusa línea que separa la crítica hacia algo y la legitimación de ello. A mi entender, con la primera película no debiera haber este debate, pues criticar a un espécimen así de una manera cómica me resulta interesante y, además, gracioso.

Ahora bien, el hecho de convertir a Torrente en un ídolo, mediante una saga demasiado extensa, me hace cambiar de parecer. Torrente ha llegado a ser un icono para muchos jóvenes que han crecido con sus pajillas, sus ‘chinita’ y sus barbaridades. En mi propio entorno Torrente era poco menos que un referente cuyas bromas se imitaban allá donde fuese. Y, aunque sus payasadas no dejasen de ser eso, bromas, son al mismo tiempo comentarios execrables con los que se debe acabar si realmente reprochamos las actitudes que mencionamos al principio (racismo, sexismo,…). De ahí el peligro de repetirlos una y otra vez hasta que se convierten en una tónica habitual del lenguaje y se pierde el verdadero valor –negativo- de las palabras que se están utilizando.

Con la cuarta y última –de momento- entrega de Torrente ocurre algo similar en otro aspecto. Algo que nos afecta directamente a aquellos que aspiramos a trabajar en los medios de comunicación. Las apariciones espontáneas –o incluso protagonistas- de los personajes más aborrecibles de la televisión de hoy en día son un motivo más para reflexionar sobre lo ya escrito. Ocurre en todas las secuelas de nuestro personaje, pero lo de esta última ya es de renombre. Por citar algunos: Carmen de Mairena, Paquirrín, Belén Esteban, Risto Mejide, María Patiño, John Cobra, Ana Obregón o Kiko Matamoros.

Se puede pensar que salen para convertirse en la mofa de toda España gracias a lo completamente incompetentes que pueden llegar a ser. Pero, al darles cabida en una película tan taquillera, ¿no se está facilitando así que sigan haciendo lo que hacen? ¿No se consigue darle bombo a una pandilla de perfectos ignorantes que bien podrían desaparecer de nuestro espacio público para que éste fuese algo más interesante? Darles un minuto de espacio es legitimar y fomentar el negocio que tienen montado con sus vidas que, a mi entender, es aberrante para la sociedad en general y para los periodistas en particular.

Volvemos a lo de antes. Saldrán para reírse de ellos, para que hagan el papel que ya hacen en la vida real y para que el público aplauda su estupidez. Pero esos aplausos lo que hacen es abonar el campo para que continúen llenando la parrilla mediática con sus vidas vacías, y lo que es peor, para que sigan saliendo más personajes de ese nivel y nuestros medios de comunicación vayan cada vez más en caída libre hacia la ignorancia, el espectáculo barato, la falta de respeto y la ordinariez. Olé.

Fuentes de las fotos:
http://www.que.es/archivos/201103/torrente4_2.jpg
http://4.bp.blogspot.com/-e_2dWOOhX90/TVbGAakC16I/AAAAAAAAIFQ/8rswG31gDDw/s1600/torrente2_article.jpg
http://www.diariofemenino.com/ocio/cine/galerias/estreno-torrente-4-lethal-crisis/belen-esteban-estreno-torrente-4-lethal-crisis/
http://www.diariofemenino.com/ocio/cine/galerias/estreno-torrente-4-lethal-crisis/carmen-mairena-estreno-torrente-4-lethal-crisis/

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