La reentré anual

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¡Señoras y señores!, llegan los coleccionables, las promesas que no valen nada, las dietas efímeras a base de disgustos -más no, gracias-, las proposiciones personales e intransferibles que en poco tiempo pasarán a formar parte de la indiferencia, las separaciones y los divorcios a buen precio, los atascos descomunales cada mañana, la búsqueda descontrolada de libros y uniformes para el colegio, el alarmante ascenso del paro o el pandémico terror a la gripe A.
Cada periodo pasa inexorable para pertenecer ya al témpano del pasado inmediato o difuso, maldito o extraordinario. Y el periodo vacacional también pasa para todo mortal con un aroma de fugacidad, de una brevedad que nos deja boquiabiertos cuando llega el perverso mes de septiembre. ¿Qué tendrá este mes para resultar un tiempo de contrastes tan pronunciados?

Será que septiembre significa la despedida de un lugar paradisíaco, de una vida placentera y ociosa en la que cuerpo y mente engordan de placer, de una bocanada de felicidad y descanso en el interludio temporal de aquello que denominamos “año”. Pero también encarna la vuelta al hogar, a los estudios, al trabajo, a las obligaciones rutinarias, a los días minúsculos, la depresión post-vacacional y la dorada estación de otoño.

Desde aquel personaje serio y quejoso que vegeta para trabajar toda su existencia hasta el individuo más dicharachero y alegre que trabaja para vivir con plenitud, o incluso aquel que existe porque en la viña del señor tiene que haber de todo, cualquiera de ellos disfruta en mayor o menor medida de un recreo necesario para el ser humano. Aunque cuando se consuman las vacaciones penetramos en un estadio algo… ¿raro?, ¿difuso?

Es el momento en el que todas las editoriales de postín nos bombardean con publicidad hueca para que comencemos colecciones tan exquisitas y minimalistas como atesorar rocas de distintas clases, abanicos de museos, mini-instrumentos musicales, máscaras de Venecia, cursos de pintura o de punto de cruz, novelas y diccionarios por entregas, maquetas de barcos, del cuerpo humano, de coches, de submarinos, de aviones y hasta de zapatos. Si pensáramos por un momento el uso real de estos coleccionables cuando pase un tiempo, cuán mejor nos iría.

Este año nos ha dado a todos por alarmarnos con la gripe A. Los medios de comunicación no cejan en su empeño de informar sobre este asunto, y en muchos casos de alarmar a la opinión pública con cierta irresponsabilidad. Los políticos están todo el día a vueltas con nuevas medidas para paliar esta gripe que ahora nos venden como pandemia: un día dicen que van a vacunar hasta aquellos grupos que no son de riesgo y al día siguiente que no es para tanto, que es una patología leve, pero que van a cerrar algunos colegios si es preciso. Pasado mañana nos encierran a todos en una burbuja y sanseacabó, que uno se acojona y da miedo, ¡coño!

Este año, con la crisis económica que inunda al mundo mundial, nuestra sociedad ha cambiado algo sus hábitos. La gente se separa o divorcia, pero un poco menos, que si a la pareja se la ha aguantado todo este tiempo por qué no se le va a aguantar un año más. ¿Los pisos?, los pisos han bajado una barbaridad, porque aquellos que no pueden afrontar el pago del préstamo están casi desahuciados, y los que querrían comprar una casa están más tiesos que la mojama. Pero,… ¡oiga!, que la mayoría nos hemos ido a la playa y no ha pasado nada de nada. Antes muertos que sin recreo.

Después de esas vacaciones “Santillana” toca la operación “vuelta al cole”: libros, uniformes, agendas, carpetas, cuadernos, bolígrafos, lapiceros de colores, gomas de borrar, mochilas,… Los centros comerciales se frotan las manos y a los padres no dejan de sudarles las mismas, ¡qué contradicción!, unos haciendo cursos intensivos para capitalistas refinados y otros tratando de hacer posible una educación digna para sus benjamines, el caso es aprender. Porque ahora tenemos educación primaria y secundaria obligatoria y gratuita, educación universitaria subvencionada con unos nuevos planes de estudios muy bonitos, que los han traído nuevecitos de Bolonia y están para comérselos. A ver si esos anónimos planes logran resolver un problema de paro galopante entre licenciados y diplomados.

En último lugar, pero no por ello menos importante, son aquellas proposiciones personales que siempre nos hacemos en tiempo de holgazanería. Después de un buen periodo de tirarse a la Bartola, de tostarse vuelta y vuelta con la parienta, de reflexiones vagas y de insolaciones mentales pensamos en realizar viejos o nuevos sueños. Parece que cogiéramos carrerilla y nos lanzáramos a estudiar una carrera universitaria que siempre habíamos deseado, a inscribirnos en gimnasios de barrio, grandes o pequeños, muy pijos o chicks, el caso es quitarse esos quilitos de más que tanto nos molestan y que hemos terminado de recargar con las cervecitas y las tapitas del chiringuito playero. También nos arrojamos a dietas variadas e inhumanas: de la piña, de la lechuga, del plátano, del arroz, de la alcachofa,… el caso es adelgazar aunque sea con la del cucurucho. Todo ello baldío, en el mes de octubre olvidamos la matrícula que hicimos en la universidad, olvidamos ir al gimnasio y hasta olvidamos el dichoso régimen. Quizá el frío congela las ideas y los anhelos de modificar nuestras vidas cuando llega el invierno.

Somos animales de costumbres añejas, traidoras de nuestro subconsciente, no cabe duda. Mientras, el tiempo pasa infalible para todos, y sin darnos cuenta disfrutamos de la vida como en una película que de mes en mes, de año en año, se convierte en nuestros recuerdos más preciados. Nada cambia, todo evoluciona.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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