La realidad del becario

0
174

Al becario se le nota. Está en su puesto de trabajo con un gesto que se dirime entre el más profundo sentimiento de agradecimiento ante la oportunidad brindada y el soberano cabreo de sentirse de cuando en cuando explotado. Este debate interno en el que se encuentra el meritorio, puede hacerle cumplir con su obligación con exceso de dedicación, esperando una recompensa, aceptando lo inaceptable y anhelando el reconocimiento en forma de contrato. La cuestión que me planteo es si se ha desvirtuado el concepto de becario y, en caso de que así fuera, si hemos contribuido los estudiantes, ¿estamos dispuestos a rendirnos ante la precariedad laboral y a asumir la desmoralización de las directrices corporativistas?

La situación es la siguiente: Para conseguir un puesto de trabajo en alguna empresa o medio que, más o menos, se ajuste a lo que has estudiado (periodismo en este caso), te advierten desde el principio que sin prácticas no vas a ningún lado. Entonces, una presión hasta ese momento inadvertida se adueña de tus decisiones, te dirige, te anula y te somete a la única idea que ronda por tu cabeza, conseguir las dichosas prácticas.

Comienza la búsqueda allá por tercero, cuando definitivamente te has dado cuenta de que la carrera no requiere mucha dedicación y hay horas libres que poder ocupar. Ese año, dado que las becas oficiales son para alumnos de cuarto y quinto curso, algunos aventajados con contactos logran inmiscuirse discretamente en el apasionante mundo del becario. Se descubre que en el panorama laboral reina el banco de favores, de funcionamiento parecido a una sucursal bancaria pero con una alteración de factores: préstamos por empleos y avales por enchufes.

Si no, siempre se puede ir al COIE, donde es el banco de datos el que te facilita la consecución del esporádico trabajo. Es un buen método. Impersonal pero efectivo. Casi de inmediato recibes alguna oferta y a iniciar la aventura. Llegado el momento, las ilusiones y cábalas que habías formado en tu cabeza, se desmoronan de un plumazo.

El becario-empleado-sustituto trabaja bajo las siguientes premisas:

  • 1- Contratado para remplazar en temporadas vacacionales al empleado que disfruta de ellas. Suelen ser dos por el precio de uno. Cuántas empresas se nutren de becados. Económico para ellos y, a veces, mejor para el/los becario/s, que pueden hacer más trabajo porque la mitad de la plantilla disfruta de relajantes jornadas de descanso.
  • 2- Destinado a labores complementarias a la elemental. Documentación, fotocopias y otras actividades que, sin ser ajenas a labor periodística, no resultan muy gratificantes.
  • 3- Nombrado ayudante, cooperante o esbirro de la elite de la redacción. Hacer el trabajo para ellos y besar el suelo que pisan. Revela al becario abnegado o al contestatario que se niega a seguir normas de jefes ególatras.
  • 4 Elegido para trabajar. Con un horario adaptable al lectivo y una función precisa y completa. ¿Por qué no?

Seguro que hay muchos más ejemplos de cómo puede ser concebida la tarea de un becario. Tantos ejemplos como políticas de empresas y jefes que “personalizan” las imposiciones del medio. La beca como tal es buena para entrar en contacto con la profesión, para aprender, para descubrir lo que has elegido. Pero no lo es la degeneración de beca en contrato basura, ni la conversión de lo que en teoría es un periodo instructivo en un abuso laboral. ¿Dónde está el límite? ¿Son las becas una verdadera garantía de un futuro mejor en el ámbito elegido?

1 Comentario

Dejar respuesta