La reafirmación del 15-M

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Muchos querían creer que el movimiento de los indignados había perdido fuerza después de un año. Otros hicieron lo posible y lo imposible porque así fuera. Sin embargo, el primer aniversario del 15M ha demostrado más bien todo lo contrario. Aunque las cifras han sido menores y ya no existe el efecto sorpresa, el respaldo fue masivo durante todo el fin de semana y algunos días posteriores.

Mucha prensa, especialmente la conservadora, ha llevado a cabo una campaña desde el año pasado asegurando que el 15M es una exaltación espontánea y temporal, que tal y como empezó había acabado. Pero el tiempo ha quitado la razón a estos periódicos, demostrando el ingente poder de convocatoria que mantiene el movimiento. Todavía hay quien dice que el 15M no ha conseguido nada en este primer año, obviando que su intervención para impedir desahucios ha supuesto un alivio para muchas familias. A esto hay que sumar las asambleas de barrio, que han desarrollado y ofrecido muchas propuestas. “El trabajo del día a día es el que cambia el mundo”, se decía en las asambleas del aniversario. Pero parece que lo que no sale en los medios no existe, y eso ha llevado a muchos ciudadanos a pensar que el movimiento se había debilitado.

Con todo, es cierto que el número de asistentes a las protestas en este primer aniversario ha sido más bajo que el del año pasado: alrededor de 30.000 personas se dieron cita en Madrid el día 12, según datos del Ministerio del Interior, y cientos de miles a juicio del 15-M. No obstante, y partiendo de los argumentos que daban al movimiento por desaparecido, se trata de unas cifras más que importantes. En Barcelona se congregaron unas 22.000 personas, según el Ministerio, y 200.000 en palabras de la organización. Otras ciudades españolas también sorprendieron gratamente.

Por otra parte, cabía esperar disturbios durante la madrugada excepto en la Ciudad Condal, donde la Consejería de Interior permitió acampar. En Madrid hubo tres desalojos, con un total de 560 identificaciones y 29 detenidos, algunos de ellos liberados en días posteriores. La mayoría denunciaron torturas y golpes en la comisaría, concretamente en la de Moratalaz.

El día 15 parecía la última jornada de pesadilla para la Delegación del Gobierno de Madrid, que no esperaba lo que llegó el día siguiente. En la Asamblea General del 14 de mayo no se especificó una fecha para una nueva concentración, sino que se estableció una señal que todo el mundo pudiera entender: entre risas se decidió que la próxima salida tendría lugar cuando la prima de riesgo española alcanzara los 500 puntos. Y, bromas del destino, esto sucedió el miércoles.

Por la tarde, cientos de personas se reunieron en Sol con cacerolas y cualquier otra herramienta que hiciera ruido. Alrededor de las nueve de la noche caminaron hacia el Banco de España, pero un grupo de doscientas personas que iba por delante fue rodeado por la policía. Tras una hora de discusión, y ante la negativa de los ciudadanos a ser identificados uno por uno, las fuerzas del orden no tuvieron más remedio que abandonar sus exigencias.

El movimiento avanza paso a paso y en el camino se van parando desahucios, asesorando a detenidos, recogiendo firmas y, de vez en cuando, convocando concentraciones para que el mundo entero se entere de que el 15M, con sus variantes internacionales (en el extranjero también siguieron la convocatoria), está más vivo que nunca.

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