La puerta del recuerdo

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La verdad, no se me ocurre un título mejor para esta crónica que el que da nombre al nuevo monumento dedicado a las víctimas del terrorismo, construido por Alfonso Amaya, que adorna los exteriores de la escuela politécnica de la universidad CEU San Pablo desde la tarde de ayer.
He observado que los medios han dado demasiada importancia a que el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, haya acudido al acto de inauguración o que se haya saludado o se haya dejado de saludar con la que fuera presidenta de la formación en el País Vasco, María San Gil, pero, sin duda alguna, ese ha sido el punto menos importante de un día que, habiéndolo vivido en primera persona, ha resultado, como mínimo, inolvidable- de ahí que lo denomine una puerta al recuerdo-.

Si cuento esto es porque me parece que dentro de la satisfacción personal de muchos de sus momentos, existe igualmente una fuerte carga emotiva e informativa digna de ser publicada aunque lo voy a enfocar desde la primera persona como si de un relato se tratara ya que, después de todo, es un relato verídico; perdonen igualmente la primera persona pero le confiere al texto un toque de cercanía muy propio para este tipo de escritos.

9.30: Llego apurada al Colegio Mayor del CEU San Pablo después de que, curiosamente, se hayan parado por “avería” los trenes de dos líneas diferentes de metro teniéndonos quince minutos plantados más los cinco de rigor en los túneles entre una estación y otra. Víctimas de ETA, voluntarios de diferentes asociaciones, y gente de la universidad se agolpa frente al lugar en el que hemos quedado que saldrán los autobuses que nos van a llevar al acto de inauguración de un nuevo monumento dedicado a esas víctimas.

Como de costumbre, habiendo dejado al que fuera mi novio e inspirador sobre melancolía vasca y ahora amigo e igualmente nutriente de información en San Sebastián- como estamos en mayo está estudiando y no ha querido bajar a Madrid- no puedo esperar calladita a que lleguen los vehículos así que me dirijo a un grupo de víctimas y enseguida entablamos conversación. Opinan sobre el cambio de gobierno en su tierra y no se les ve demasiado esperanzados ya que no les gusta cómo está llevando Zapatero la gestión del gobierno y, al fin y al cabo, López es del mismo partido.

Una mujer madura nos reparte pegatinas con la bandera de España y lo que ella dice que es la efigie de los Reyes Católicos- un águila negra rodeando un escudo con sus alas y mirando hacia la izquierda-. Demasiado parecida me parece a la bandera franquista así que prefiero no llevar algo así al acto con lo que, como quien no quiere la cosa, me guardo las pegatinas que me ha dado por no quedar mal y en cuanto se vuelve, las tiro disimuladamente a la papelera.

Acto seguido, me junto con una familia que parece muy agradable. La madre, viuda de un guardia civil asesinado por ETA con una bomba en septiembre de 1985, no puede evitar reparar en que el que ahora es lehendakari una vez se reunió con Batasuna mientras que su hijo, un joven que ronda los 30 años, me confía su pérdida de confianza hacia todos los políticos vascos en general aunque se confiesa ideológicamente de izquierdas- bueno, de izquierdas pero luego no es de izquierdas porque no le gusta IU y a Zapatero le llama Bean- y activamente abstente de toda elección. Un dato curioso es que dice que López es un cantamañanas, que Ibarretxe le ponía nervioso, que Basagoiti no le dice nada y que San Gil le resultaba borde y amargada. Por supuesto, no votaría en la vida a cualquier derivado de Batasuna por lo que le hicieron a su padre, eso está claro. Desde luego, no parecen muy ilusionados por el cambio, de hecho, ni siquiera hablan de cambio sino de relevo. Todo un síntoma.

10.30: Me siento junto a la familia en el autobús número 2. El conductor nos narra todo lo que nos vamos encontrando por el camino y alguno de nosotros pitamos cuando pasamos frente a la Moncloa-. Sintomático de nuevo.

Llegamos a la capilla frente a la politécnica para que se oficie una misa por las víctimas por parte del cardenal de Getafe, Joaquín María López de Andujar. Llevo un rato cavilando si debo entrar o no porque, a pesar de que la eucaristía forma parte del acto de inauguración del monumento, no creo en dios pero de repente me interrumpen el pensamiento: desde el autobús se ponen muy pesados con que están numerados y debemos volver al mismo.

Antes de que comience la ceremonia nos pasamos por la cafetería que está en frente y observamos un poco el ágape posterior que se nos va a ofrecer- bollitos, mediasnoches, cafés, zumos…-. La sala es muy triste, para que nos vamos a engañar. Acostumbrada como estoy al Centro Riojano, a la Casa de América o al Pabellón de las Artes y las Ciencias de Valencia, esta gran sala desnuda de paredes blancas, tan solitaria, me resulta sobria. Aunque, seguramente, se llenará de vida dentro de un rato. Por el camino me da tiempo a demostrarle al chico que estaba equivocado diciendo que María San Gil es una amargada porque nos la encontramos rodeada de su gente- su gente, ya nos entendemos- y me saluda con naturalidad mostrando su famosa sonrisa en toda su plenitud así como a él le dirige una mirada cariñosa. En mi caso resulta curioso y al mismo tiempo extraordinario cómo una persona que hasta hace bien poco tiempo era para mí como podría ser David Beckham para una adolescente enfervorizada ahora me saluda con toda naturalidad, al igual que yo hago con ella.

Pero regresemos al relato; el chaval se queda medianamente cortado; su madre se ríe y me comenta que siempre es bueno tener amigos tan populares porque te pueden ayudar a salir de todo tipo de atolladeros. No sé…

Volvemos a la capilla, no sin antes saludar a varios conocidos tanto míos como de la familia pertenecientes a la AVT y me obceco en que tengo que sentarme lejos del altar porque… en fin porque me da vergüenza que hace años que no piso una iglesia y no sé ni cuándo hay que levantarse, ni cuándo sentarse, ni cuándo presignarse, ni las canciones. Nada de nada. Por no saber, no sabía que cuando entras en una iglesia antes de sentarte debes de mirar al altar. ¡Vaya presión! Para colmo de males está ahí delante María, parloteando de temas personales que no pienso desvelar con una elegantísima Regina Otaola. No me había fijado antes pero Regina tiene una cicatricita en la boca ¿será por alguna batalla en Lizarza? Está idéntica a cuando la conocí en enero, con su misma expresión entre estricta y bonachona.

La verdad, al final de la misa ni siquiera me atrevo a ir a comulgar porque me parece una falta de respeto para con los creyentes. Describiría con detalle lo que dijo el cardenal pero en realidad el contenido es similar a otras misas parecidas. Si no recuerdo mal, habló del Evangelio de San Juan y de unas cartas del apóstol Pablo así como terminó con un manifiesto sobre el sacrificio de las víctimas, la importancia del perdón a los agresores y el camino a Cristo como auténtica verdad. Intercalados, entonan algunos himnos religiosos que incluso me resultan familiares ya que estuve cantando en un coro de gospel hace unos años. Por último, nos damos todos la paz- es decir, nos estrechamos las manos los unos a los otros- y salimos hacia la cafetería.

11:30: en el transcurso del “café” como lo llaman los organizadores del CEU, es cuando se suceden las conversaciones más importantes de la jornada. Por supuesto, me quedo con la familia que me ha estado acompañando todo este tiempo y hablamos de cómo a la madre le negó la administración una medalla de su fallecido marido así como la correspondiente retribución como familiar directa de una víctima del terrorismo o de cómo les ha ayudado más el gobierno de Aznar que cualquier otro. En eso está de acuerdo igualmente el hijo aunque reitera que se considera de izquierdas y el que fuera presidente “popular” le resulta un “pequeño hitlercillo”.

Retomamos la conversación sobre el lehendakari López y en ese momento nos interrumpe un representante de las víctimas del 11 de marzo para corregirme, puesto que yo pensaba que el acto era tan solo para víctimas de ETA y resulta que están invitados también los de la citada catástrofe así como los del GRAPO. Me disculpo por mi ignorancia. Acto seguido, dice algo que a mí por lo menos me duele: que algunos miembros de la ertzaina estuvieron implicados en esa catástrofe y que no capturan etarras porque no les interesa. La madre le ayuda a entender que ese tipo de casos son competencia de la policía nacional por tratarse de temas de terrorismo pero parece que él no quiere oír. Incluso quiere buscar a Regina Otaola- la cual se encuentra hablando con un alto cargo de la AVT justo detrás de nosotros- para corroborar su teoría. Aprovecho para que la familia conozca a la alcaldesa de Lizarza y, una vez que me ha reconocido- ya que han pasado tres meses desde que nos conocimos en otro acto- parloteamos sobre el relevo de poder en Vitoria. Ella se muestra contenta con el resultado del debate de investidura y cuando se entera de que algunos de los presentes han preferido votar a UPyD sonríe igualmente y les desea muchos ánimos. Por último, especifica que el nuevo equipo debería pasarse por los pueblos pequeños para comprobar en sus carnes las garras del nacionalismo radical.

La familia se queda hablando con ella de manera cordial sobre temas autóctonos- por ejemplo, les escucho preguntar sobre el “popular” Alfonso Alonso- pero yo prefiero dirigirme a María, la cual acaba de entrar en la sala y se coloca discretamente a un lado junto con algunos conocidos a los que ofrece conversación, amabilidad y algún que otro gritito cuando se trata de algún cargo muy importante. Conmigo no es menos, por supuesto. Hablamos de lo curioso que le resulta que todo el mundo le pregunte sobre su salud o sobre si va a volver a la política. No me atrevo a aludirla el nuevo gobierno aunque sé que opina lo mismo que Regina y que considera a Basagoiti un buen candidato. Se ríe de todo lo que la comento, se le colorean las mejillas cuando le digo que la encuentro muy guapa y no habla aunque su mirada lo dice todo: por el momento no quiere regresar. Yo no me voy a meter: es su decisión y punto. Eso sí, no puedo evitar reparar en que se ha quedado mucho más delgada que la primera vez que nos conocimos en persona.

No me olvido por supuesto de aludir otro reencuentro, en realidad primera toma de contacto que tenemos ya que hasta ahora nos hemos comunicado por internet: se trata de Santiago Abascal, el que fuera diputado del parlamento vasco que rompió la papeleta disgregadora de Ibarretxe delante de él mismo. En persona es muy alto y atractivo, luce unos enormes ojos verdes, una sonrisa que, siendo sincera, impone, y un elegante traje de chaqueta color gris que, si no fuera por su juventud y porque sé de su cargo actual como presidente de la fundación DENAES, hubiera jurado que ataviaba como mínimo a un alcalde de ciudad vasca. Charlamos por supuesto sobre el nuevo gobierno que a él le resulta un primer paso, de la rabia que me dio que Basagoiti no le designara como senador autonómico y nos reímos del último libro de Maria Antonia Iglesias por la cantidad de mentiras que ha vertido sobre María, quien se encuentra en frente de nosotros atendiendo a sus múltiples admiradores de entre las víctimas así como de la presidenta de la Fundación de Víctimas del terrorismo y de vez en cuando se da la vuelta para sonreírnos e incluso guiñarnos el ojo.

Por supuesto, no me olvido de la familia y les presento aunque, en un principio y por una razón que no consigo entender, el chico ha desaparecido. Volvemos a enfocar la conversación sobre política y sobre periodismo, hablamos de lo mal que están ambos, nos reímos del parecido de Ibarretxe con Mr Spock y nos damos cuenta de que debemos salir corriendo hacia el patio porque va a dar comienzo el acto de inauguración en sí mismo. Antes de que desaparezcamos por puertas diferentes, Santiago y María se despiden y me dicen que hablaremos más tarde y casi me rompo de la risa al descubrir que ella le llama “Abáscal”- de acuerdo que yo le llamo jefe o Santi pero ¿qué es eso de “Abáscal”, de dónde ha salido?-.

12.00: No voy a contar mucho sobre el manifiesto o el transcurso porque se puede encontrar en cualquier periódico de internet al completo y mucho mejor explicado que con mis palabras. Sí que diré que paso prácticamente todo el tiempo anterior y posterior charlando con diferentes víctimas, entre las que tienen un lugar preferente los miembros de la familia que no he parado de citar. Muchos de ellos se muestran molestos porque haya acudido Mariano Rajoy al acto ya que manifiestan que a lo único que ha venido es a “hacerse la foto” y a “hacer campaña” de cara a las europeas. Desde luego, pasa a saludar a algunas de las víctimas entre las que me encuentro pero yo me escondo porque, primero, no soy capaz de fingir la rabia que siento por lo que me acaban de decir las auténticas protagonistas del acto, y, segundo, no me apetece que me enfoquen y se me ha olvidado ponerme el vestido a rayas que había planeado coger para el acto para que les hiciera “efecto moire” a las cámaras. De la familia se queda conmigo el hijo mientras que la madre aprovecha para saludar al jefe de la oposición y a Francisco Granados, consejero de justicia e interior de la Comunidad de Madrid, que va con él en representación del gobierno autonómico. Muchas personas la imitan, más por el hecho de conocerle en persona que por el entusiasmo en sí mismo. Rajoy lleva un traje azul oscuro y una corbata de color rojo. Nos reímos de que suele repetir vestimenta en todos los actos y la señora que nos repartía pegatinas en el Colegio Mayor aparece como quien no quiere la cosa y dice que no es que siempre repita el mismo, es que tiene muchos iguales. El monumento es más que precioso, tal y como se ve en la fotografía.

También me sorprende cómo, una vez terminado todo, cómo aparecen Rosa Díez y Mikel Buesa- estaban antes pero no les veíamos porque se habían colocado en un lugar muy discreto- y cómo la portavoz de UPyD se funde en un cálido abrazo con una emocionada María San Gil. Algunos medios quieren seguir viendo que la que fuera presidenta del PP Vasco ha recibido una oferta que no puede rechazar por parte de Díez en esa natural muestra de cariño entre amigas y compañeras de fatigas. Yo me encargo de explicar a mis compañeros que lo que ocurre es que son íntimas y llevan mucho tiempo sin coincidir. Me acerco a saludar a Rosa a pesar de que la familia no quiere hacerlo porque tiene prisa en acudir al salón de actos en el que se va a exponer un vídeo que la productora del CEU ha preparado para las víctimas así como una pequeña exposición con los atentados más cruentos de ETA. Quedamos en que nos reuniremos dentro.

No me da tiempo a cruzar más que una breve felicitación ante la líder vasca así como a preguntarla si va a permanecer con María en todo lo que queda de jornada. Rosa se disculpa porque tiene una conferencia en el ICADE y no le da tiempo a quedarse. Confieso que me hubiera encantado juntar a ambas en la misma sala junto con el que igualmente ha estado en el acto aunque no me he dado cuenta cuando se ha acercado: Jaime Mayor Oreja. Son tres de mis referentes. Rosa no me da la sensación de que haya ido simplemente a “hacerse la foto” pero eso ya son las víctimas o la gente de las asociaciones la que tiene que juzgar y no yo.

13.00 El último acto previo a la comida de despedida. Rajoy ha desaparecido, Rosa también. Lo mismo ocurre con otras personalidades como el Presidente del Senado, Javier Rojo; el Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial y el Presidente de la Audiencia Nacional, Ángel Juanes. María San Gil, Regina Otaola, Santiago Abascal y Jaime Mayor Oreja sin embargo continúan en el recinto. María se dedica de nuevo a atender a sus múltiples admiradores y hacerse fotos con ellos mientras que Regina se entretiene en leer los libros de recuerdo que se apilan sobre las mesas en frente del salón de actos.

Nosotros, la familia y yo junto con otro nutrido grupo de personas anónimas- con la inestimable compañía de Ana Iríbar, la esposa de Gregorio Ordóñez- hemos visto ya la exposición y me he quedado petrificada al comprobar cómo las víctimas pasean ante las brutales instantáneas con una naturalidad sobrecogedora. De hecho, la familia que me acompaña simplemente se dedica a buscar “su” atentado y cuando lo encuentran, se lamentan de la forma de actuar de ETA y de lo injusto que es que ningún gobierno se haya dignado a actuar más que por su propio interés con PNV. Yo, sin embargo, tengo que aguantarme las lágrimas porque las imágenes, desde luego, son escalofriantes.

Una vez en el salón de actos, nos leen unos nuevos manifiestos sobre el valor de las víctimas del terrorismo, sobre la lucha contra ETA y sobre el cambio de gobierno en Euskadi. Acto seguido, presentan un vídeo sobre las actividades del Observatorio Internacional de terrorismo, el auténtico organizador de todas las actividades que estamos disfrutando en esta jornada. Se nos habla de los anteriores encuentros de víctimas y asociaciones, de los políticos asistentes- María se emociona cuando la nombran y agacha la cabeza hacia Regina, que se sienta a su lado- y aparecen declaraciones de jóvenes universitarios que me hacen reconciliarme con la comunidad estudiantil, sobre todo teniendo en cuenta lo que una vez sucedió en Santiago de Compostela y otra en la Universidad Complutense de Madrid.

Desde nuestro sitio, la familia y yo nos dedicamos a señalar a todas las figuras que van apareciendo en pantalla y sobre todo me impresiona ver cómo algunos de los que me rodean aplauden cuando aparece Ortega Lara, se exaltan por lo ocurrido con Miguel Ángel Blanco o se enfadan al ver a Zapatero, a Aznar e incluso esporádicamente a González. La madre me comenta al oído si ese es el que fundó el GAL y que a ella la amenazaron como si fuera una etarra en una playa catalana en esas fechas por el mero hecho de ser vasca de nacimiento.

Para rematar esta última actividad, aparece un pequeño coro que interpreta canciones tradicionales dedicadas a las víctimas.

Una vez que han terminado, quedo con la familia frente al autobús que nos llevará a la comida de despedida y me quiero acercar de nuevo a hablar con María porque casi no me ha dado tiempo antes a preguntarle nada y prácticamente no coincidimos en persona- por escrito sí- pero ella, en su línea, se junta con Mayor Oreja para recogerle en varios achuchones muy fuertes y se deja fotografiar y grabar por todos los medios asistentes. Me tengo que aguantar hasta que terminan.

En ese momento ocurre algo que no sé cómo tomarme y que María jamás me aclarará. Estamos hablando sobre periodismo y ella sabe lo mucho que me gustaría trabajar en Libertad Digital. De repente, pone una excusa cualquiera y se marcha corriendo; poco después, una vez que me ha dado tiempo a saludar a un sonriente Mayor Oreja, vuelve a aparecer acompañada a lo lejos de Dieter Brandau, presentador de los informativos y de la tertulia de la cadena. Ella desaparece de nuevo acompañada del cabeza de lista del PP a las europeas aludiendo a la prisa que tiene porque le sale el vuelo a San Sebastián a las dos. A mí me resulta curioso que precisamente, se marche cuando hablo de periodismo y, curiosamente, vuelva con el jefe del medio en el que siempre la he dicho que me gustaría trabajar. A lo mejor es mera casualidad pero, por si acaso… Yo es que soy muy malpensada.

Por supuesto, me pongo a hablar con Dieter y no sé si es el principio de una buena relación pero me da la sensación de que, por lo menos, le resulto divertida.

María, Jaime, Regina y yo nos reencontramos a la salida, una vez que Brandau me ha dado las señas para que le mande el currículum y me haya indicado expresamente que le indique que soy yo su dueña- muy buena señal, creo yo-. San Gil se despide cariñosa pero acelerada. Mayor Oreja ha desaparecido. Otaola también saluda desde lejos.

14:00: Llegamos al comedor con las víctimas y nos ofrecen el almuerzo. No terminamos hasta las cinco, con tuna incluida aunque a mí, sinceramente, no me guste nada ese tipo de música. Me da la sensación de que estoy en un banquete de boda. La familia que me ha acompañado me da su teléfono y nos aseguramos de mantener el contacto.

17.30: Vuelta a casa

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