Madrid celebra su fiesta del libro

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La fiesta madrileña del libro dio su pistoletazo de salida el pasado viernes con la inauguración de la 71 edición de la Feria del Libro, cuyos primeros visitantes fueron los Príncipes de Asturias y el ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert. Los príncipes recorrieron el Paseo de Coches de los Jardines del Buen Retiro y adquirieron un buen número de libros para ellos y para sus hijas, las infantas Sofía y Leonor. Por la noche, el escritor italiano Claudio Magris encabezó la inauguración de los actos culturales con un discurso en el pabellón de actividades del Banco Sabadell.

El escritor italiano Claudio Magris

Con un calor asfixiante que ha espantado a algún que otro lector, los Príncipes de Asturias pasearon por las 356 casetas que este año componen una Feria marcada por los recortes. Más casetas y más expositores, pero también menos actividades, ya sean para niños o para adultos. Los príncipes fueron obsequiados con numerosos ejemplares entre los que se encontraban Claraboya, de Saramago, o Mis cuentos Africanos, de Nelson Mandela.

Dado que las previsiones para este año no son las más alentadoras, doña Leticia y don Felipe han tenido que conformarse con menos obsequios que otros años y, a cambio, han comprado los libros que más les interesaban. Entre un ocho y un doce por ciento ha descendido la venta de libros en el primer trimestre de este 2012, una cifra que asusta a los expositores pero que, a la vez, les proporciona la esperanza de una remontada con motivo del atractivo diez por ciento de descuento del que gozan todos los libros durante la Feria.

Por la tarde-noche, con menos grados y el sol retirándose poco a poco, Claudio Magris, una de las mayores figuras de la literatura italiana contemporánea y Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2004, procedió a inaugurar los actos culturales, destacando durante su intervención la importancia de una Europa unida y cosmopolita que, ahora más que nunca, necesita ver reafirmado su papel en el mundo.

Magris disertó sobre el conflicto moral en el que se encontraba esa sincera y valiente Antígona de Sófocles. “El conflicto entre la ley de Estado –el decreto de Creonte rey de Tebas, que prohíbe enterrar el cadáver de Polinices, muerto luchando en contra de su ciudad y de su patria- y las leyes no escritas de los dioses, y el mandamiento ético absoluto que impone a Antígona enterrar al hermano”. Una ley que conduce a Antígona, inevitablemente, hacia la tragedia, pues “la tragedia se da cuando no se puede actuar sin ser culpable”, explicó Magris.

El catedrático defendió la idea de que gran parte de la literatura y de la filosofía, al menos en los últimos 200 años, son una comparación con la tragedia de Sófocles. Para ilustrarla, puso como ejemplo una desconocida Antígona criolla (Antigon an Kreyól), de Félix Morisseau-Leroy, representada por vez primera en Puerto Príncipe (Haití) en 1953. La obra, escrita en criollo, es resultado de la fundación de un teatro experimental que tenía como ultimo objetivo la formación de una conciencia política. La Antígona criolla homenajea la oposición al poder, haciendo de la ciudad de Tebas un mundo haitiano. “Escribirla en criollo significa traspasarla a un idioma ‘salvaje’ originario, quiere ser el idioma del pueblo para el pueblo, el lenguaje de los negros de Haití y no del encuentro entre negros y blancos”, comparó Magris. Con la diferencia de que “la Antígona criolla no es un personaje trágico, es la voz de la conciencia que rechaza obedecer”, concluyó el pensador.

 Fotografía: Manuela Medina

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