La pluma poética de Marcela Robles

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Marcela Robles es una reconocida poeta peruana, periodista y dramaturga. Su último libro Hotel Planeta nos plantea una exquisita metáfora entre el planeta en el que habitamos y el cuerpo humano que se deteriora con el pasar del tiempo. Su noveno libro, está compuesto por tres secciones: “Esa otra yo”, “Llueve sobre mí” y “Hotel Planeta”; cuyos versos trabajados a lo largo de tres años muestran elegancia y profundidad.

La Huella Digital, tuvo la oportunidad de conversar con Marcela, quien nos contó acerca de su experiencia, su impulso creador, el hilo conductor de su último libro, entre otros temas, que hacen de la autora, una de las voces poéticas más importantes de los últimos años.

Marcela: Cómo fueron tus inicios en la poesía, el proceso de ese descubrimiento, a qué caminos te llevó.
Todo coincidió con que mi padre me regaló una máquina de escribir. Recuerdo que me sentaba en mi cama y ponía la máquina encima de un banquito, y ahí escribía. Escribía cantidades de poemas… ¡Pero cantidades! Por otro lado, el curso que más me gustaba en el colegio era Literatura, por ahí la profesora me ayudaba. Me hacían recitar en el colegio por el día de la madre, a la par de leer un poco en la biblioteca familiar. Empecé con Neruda, más que por la poesía fue por descubrir algo del amor, pues el primer libro que leí era una Antología de Neruda llamada “Todo el amor”. Entonces me enganché por descubrir qué era todo el amor, y qué era toda la poesía. Un día mi mamá encontró un poema que yo había arrojado a la basura y lo leyó. Me dijo que le había gustado mucho, lo que significó tomar un poco más en serio lo que hacía. Pasaron los años y pasé a estudiar Literatura en la universidad de Austin, en Estados Unidos. A los 26 años publiqué mi primer libro.

¿De dónde crees que nace tu impulso poético?
Me gusta la frase de Blanca Varela: “la poesía es una manera de estar en el mundo”, en mi caso eso fue lo que pasó. Sentía que, con relación a mis amigas o compañeras de clase, tenía una visión distinta, pero nunca supe en qué radicaba bien esa diferencia, hasta darme cuenta que mi visión del mundo era una visión poética. No sé qué filósofo dijo que la poesía era el último reducto del bien y yo cambié la frase a: la poesía es la mejor forma de extirpar el mal. Yo sí creo que el lenguaje poético es la mejor manera de resguardar y honrar todo lo que la poesía nombra, es buscar una síntesis, no es embarrar la palabra; contaminarla como puede ser en cualquier documento, incluso en la narrativa. La poesía preserva lo mejor del lenguaje de la lengua del idioma y de aquello que nombra.

Tu último libro, Hotel Planeta, te demoró tres años: ¿Requiere tiempo que la poesía aparezca? ¿Se trabaja la poesía con la misma dedicación que la prosa? ¿Cómo fue el trabajo?
Fue un trabajo difícil, pues veía la terrible tendencia de algunos autores, en ir retrocediendo en calidad de sus publicaciones posteriores, y yo tenía terror que eso me pasara. No sé si fue por suerte o dedicación, pero me pasó todo lo contrario. Una vez mirada mi poesía con objetividad, escuchando algunos críticos, amigos o lectores, mi poesía se ha ido desarrollando de mejor manera. También me he vuelto más exigente conmigo misma.  Por otro lado, así como en el trabajo, el trabajo surge cuando estás sentado frente a la computadora o frente a tu block. No es como la narrativa que te tienes que tomar ocho horas sentada; por eso me tomó tanto tiempo. Y porque a veces escribes poemas que no corresponden al libro que estás escribiendo, lamentablemente. Una vez que encuentras que ese libro tiene una estructura y la sigues, entiendes de qué tratará tu libro.

En Hotel Planeta haces un paralelo entre el hotel y el cuerpo humano…
Es una especie de poesía del acabamiento. El cuerpo, a medida que pasan los años, se va deteriorando… y al mismo tiempo, te vas haciendo más consciente de ello. Entonces, el Hotel Planeta es el planeta que habito, lo exterior que me rodea, pero también el planeta de mi cuerpo afectado por el paso del tiempo. Cómo se va deteriorando. Por eso ha sido difícil. Es muy duro escribir de ello, especialmente para una mujer, pues el envejecimiento para las mujeres es casi penado por la ley. Está prohibido envejecer. Tener elegancia y la dignidad para envejecer bien y trasladar eso a la poesía, toma tiempo.

Así como se deteriora el cuerpo y pasamos a dejar de vivir, ¿crees que existe algo más después de esta vida terrena y material?
No. Creo en la energía… sería idiota si no creyera en la energía; entonces es probable que cuando uno muera parte de toda tu energía se vaya por algún lado. El alma supuestamente tendría cierta consciencia, pero no creo en ello. Creo en lo espiritual, pero luego que te mueres, ahí quedó la cosa.

¿Crees que los poetas tienen una consciencia más profunda de las cosas?
Mayor sensibilidad, que es distinto. Por eso las cosas nos duelen un poco más, por eso somos más sensibles, lo cual es una lata. Por otro lado, es muy enriquecedor, pues te puede deslumbrar una hoja seca en la pista y todo mundo pensará que estás loco (ríe)… y ese suceso, se convierte en una experiencia fantástica. Cualquier cosa puede deslumbrarte, a diferencia de una persona que tiene una visión limitada, que quizás nunca tendrá esa experiencia. 

¿Cómo has sabido llevar la incomprensión del artista?
Mal, he perdido muchos amigos. Y más que perdido, aunque suene injusto, a estas alturas de mi vida llega un momento en que ya no puedes soportar más lo prosaico; entonces vas siendo más selectiva. Soy una persona básicamente solitaria, a pesar que trabajo muy bien en equipo. Sin embargo, en mi círculo de amigos llegó un momento en que había cosas que ya no podía soportar porque las conversaciones se tornaban absolutamente prosaicas… todo era “chato”.

Gracias por compartir tu experiencia y visión con La Huella Digital, Marcela.
Gracias a ti, por la entrevista.

Fuente de la imagen
Periosía

1 Comentario

  1. Me gustó la entrevista, sin duda a los poetas las sensibilidad les aflora por los poros y son capaces de descubrir la maravilla en lo que los demás les resulta poco interesante o que no ven profundamente.

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