La parida de la paridad

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Hace poco, éramos conocedores de una nueva medida destinada a superar la diferenciación sexual e inspirada en deseos renovadores y, supuestamente, progresistas. Me refiero a la decisión del ayuntamiento de Fuenlabrada (PSOE), de “disfrazar” al monigote de los semáforos y las señales con una falda y unas coletas, que llegan las bajas temperaturas y el andante muñequito está despojado de sus vestiduras…

No hallo palabras para describir el estupor y la incredulidad que me invadieron al escuchar la buena nueva. Yendo por pasos: Imagino que el objetivo es contribuir a erradicar los vestigios de machismo que se mantienen activos, imperturbables e impertérritos a las insuficientes modificaciones legislativas (el anteproyecto de la “Ley orgánica de Igualdad entre mujeres y hombres” se aprobó apresuradamente cinco días antes del Día de la Mujer, oportuna coincidencia) y a los improperios de las feministas que salen a la calle escudadas por pancartas con rimas insultantemente pegadizas (véase el clásico, nosotras parimos, nosotras decidimos).

Pues bien, aun asumiendo la mejor de las intenciones de los promotores de la norma vial, creo que no ayuda, en absoluto, a superar la desigualdad entre los sexos, que se manifiesta en ámbitos muchísimo más serios, como el de los salarios o el de la violencia doméstica. Poner o quitar a un símbolo asexuado un vestido o unos pantalones, no favorece al histórico sexo discriminado, sino que ridiculiza y minimiza el verdadero problema. La feminización de semáforos y otras señales ya ha recibido, además de las de la oposición, las críticas de la Dirección General de Tráfico (http://www.dgt.es ), “por vulnerar el protocolo de señalización vial establecido por las Naciones Unidas”.

No es ésta la única medida transgresora que pulula por España. El lenguaje, tan polémico, está recibiendo también su merecido. El Instituto de la Mujer (http://www.mtas.es/mujer ) reclama un deber lingüístico: Que lleguen, entre otras, la “estudianta” y la “albañila”, requerimientos imprescindibles para ser tratadas con equidad y respeto. Me pregunto yo que qué pensarán estas féminas de términos como “la gente” o “las personas”, precedidos por artículos femeninos e insensibles al porcentaje masculino de población. O cuerpos como el de la Policía, la esposa del Ejército en el campo gramatical, ¿en serio hay quien se ofende por semejante estupidez?

Creo que, por el bien de todos, el de nuestra generación, el de las predecesoras, el de las que nos releven, deberíamos empezar a delimitar la cuestión del sexismo. Que el Ejecutivo implante, en un alarde de parcialidad superflua, un Gobierno paritario con igual número de ministras que de ministros, da buena imagen, pero no resuelve el problema. Que la retribución de una mujer sea el 34% menor que la de un hombre, debería ser objeto de regularización. Específicamente, una periodista cobra un 26% menos de media que los hombres en situación equivalente, según concluye un  estudio elaborado por la Asociación de la Prensa de Madrid (http://www.apmadrid.es/) . Sin embargo, el 65% de los licenciados en Periodismo son mujeres. Si la presencia femenina en la universidad es mayor que la masculina, y su formación, por lo tanto, es igual o superior a la del varón que demanda el puesto de trabajo, ¿por qué se sigue demostrando, en la práctica, que nos consideran menos válidas?

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