La paciencia ‘gunner’

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Los resultados del Arsenal son poco alentadores. Su quinto puesto en la clasificación liguera y lo complicado de su eliminatoria ante el Bayern amenazan con dejarle otra temporada en blanco. Arsène Wenger comienza a encontrarse verdaderamente cuestionado.

La Premier League 2003/04 fue conocida como la de 'Los Invencibles'. Fotografía: Arsenal.com
La Premier League 2003/04 fue conocida como la de ‘Los Invencibles’. Fotografía: Arsenal.com

Parece que fue ayer cuando un equipo del norte de la ciudad de Londres conquistó la Premier League sin perder un solo encuentro durante el campeonato, resultando invicto de un modo incuestionable. Lo hace permanecer cercano en nuestro recuerdo el fútbol excelso de jugadores como Fredrik Ljumberg, Robert Pirès, Dennis Bergkamp o Patrick Vieira. Lo mantiene inolvidable la exuberancia de Thierry Henry frente a la mirada atenta de un imberbe Cesc Fábregas. Parece también reciente la victoria frente al Manchester United, que se resolvió desde el punto de penalti y le llevó una nueva FA Cup a sus vitrinas. Sin embargo, hace ocho años que no se levanta un trofeo.

En 1996, el Arsenal apostó por un joven entrenador francés para iniciar una nueva etapa que revolucionara al club y le hiciera reverdecer viejos laureles. Se trataba de Arsène Wenger, quien, con el tiempo, sería reconocido por su gran olfato a la hora de encontrar jóvenes talentos, hacer de los cañoneros  un equipo admirado en Europa gracias a su juego y por estar presente durante años en la lucha por los títulos. Con él se han logrado hasta el momento tres Premier Leagues y cuatro FA Cups, además de otras cuatro Charity Shields. Pero hace demasiado tiempo de eso.

Es conocida por los aficionados al fútbol la diferente forma de gestionar de los clubes ingleses. Alejados del yugo resultadista y ajenos a la presión de la prensa, clubes y aficionados poseen un espíritu crítico que les permite ver con mayor perspectiva el trabajo realizado y reconocer la labor de sus entrenadores. Tal vez sea por eso que algunos se mantengan en el mismo banquillo durante décadas y que no salten por los aires ante la primera decepción. Una mezcla de valores, tradición y paciencia. “Con trabajo y esfuerzo, los resultados siempre llegan”, dicen. Es el caso de Wenger, que este año cumplirá su 17ª temporada desde su llegada al viejo Highbury. El problema aparece cuando con trabajo no basta, cuando los resultados no llegan y cuando la paciencia, además, se agota.

Hace ocho temporadas que los gunners no levantan un trofeo. Ocho largos años que, si no cambian algunas cosas, tienen pinta de perpetuarse en el tiempo. Desde que entrena Wenger, los hinchas nunca habían estado tanto tiempo sin celebrar un triunfo. La del francés es una de las etapas más prolíficas en el conjunto londinense, pero corre el riesgo de convertirse en una de las más negras también.  A la falta de victorias se le une la descorazonadora marcha de sus estrellas. Futbolistas de la talla de Robin van Persie, Alexander Hleb, Emmanuel Adebayor o nada menos que su capitán, Cesc Fábregas, buscaron fuera éxitos deportivos, más allá del cariño y el reconocimiento de la grada. Por si esto fuera poco, o bien la capacidad de elección de su técnico no es la adecuada o bien los resultados de los jugadores nuevos no son los esperados. Algo de ambos hay, sin duda. Por lo tanto, tampoco queda el consuelo de ver habitualmente grandes partidos del Arsenal, aunque finalmente no los gane.

No son pocas las voces que creen que el ciclo de Arsène Wenger ha llegado a su fin. Fotografia: Arsenal.com
No son pocas las voces que creen que el ciclo de Arsène Wenger ha llegado a su fin. Fotografia: Arsenal.com

No obstante, el club ha continuado fichando jugadores talentosos estas últimas temporadas, como demuestran los casos de Tomas Rosicky, Andrey Arshavin, Theo Walcott, Lukas Podolski, o el de los españoles Mikel Arteta y Santi Cazorla. Que no rindan estos jugadores tiene un único responsable a nivel individual; el propio futbolista. Que el equipo no dé muestras de mejoría, que no aflore un juego más fresco, con alternativas, que no enamore en definitiva, tiene también uno; Arsène Wenger. Quizá sea preciso que el francés se reinvente si quiere alcanzar nuevas metas. Tal vez haya llegado el día en que ambos, club y entrenador, necesiten separar sus caminos e iniciar nuevos proyectos. Lo único cierto es que es momento de dar la cara en el nuevo Emirates. Va siendo hora de ofrecer un triunfo a sus aficionados. La paciencia de un gunner parece infinita, pero todo tiene un límite.

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