La otra Revolución Francesa

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Suele pasar que cuando uno llega nuevo a un sitio y se pone a trastocar y a meter mano a lo que ya está colocado, que no quiere decir que esté en su sitio, se gane los mosqueos y sospechas de los más conservadores. Eso le está pasando al nuevo seleccionador del combinado español de rugby, Regis Sonnes. La revolución que el técnico francés está llevando a cabo para que el deporte del oval de este país intente dar ese salto de calidad que necesita imperiosamente, no está siendo muy bien visto por algunos sectores. La última polémica reside en la convocatoria que Sonnes realizó a razón del partido que España disputó el sábado pasado ante Canadá y que acabó con derrota del XV del León por 22-60. La llamada de hasta diecisiete jugadores franceses, pero con alguna relación pasada con españoles, ha levantado ampollas en sus detractores. Como siempre, son motivos más sentimentales que racionales. Uno no se puede engañar y debe comprender que mientras el rugby de aquí sea prácticamente amateur, salvo excepciones como El Salvador, el salto de calidad debe darse de la unión entre los de aquí y la gente de fuera. Cada vez más deportistas extranjeros defienden los colores de otras naciones y eso no les resta competitividad; es más, supongo que el jugador que es elegido por un país que no es el suyo para competir en torneos de alto nivel y ante los mejores, agradecería con creces sobre el terreno de juego la oportunidad que ese país le brinda.

La controversia no es tal si uno se para a conocer el plan que ha trazado el nuevo cuerpo técnico. Para el partido contra Japón se utilizaron las promesas del oval nacional, ante el Biarritz los mejores jugadores de las ligas españolas y contra Canadá el grueso de la convocatoria lo formaban los “extranjeros” y aquellos que juegan fuera de nuestras fronteras, como Jesús Moreno de Leeds Carnegie inglés. El objetivo de Sonnes no es formar una selección francesa “B”, sino formar un grupo que aglutine a los mejores de estas tres convocatorias. Creo que este planteamiento es acertado. Namibia, un rival de envergadura, será la última prueba cara al Seis Naciones B, y es ahí donde podremos ver los resultados de este nuevo proyecto. Si bien es cierto que los franceses seleccionados por Sonnes no tendrían cabida en el combinado galo, pues hablamos del último campeón del Seis Naciones y con 18 títulos en su haber, pero sí pueden ayudar a la selección española a crecer.

Ése es el objetivo del rugby español, y para ello el salto cualitativo tiene que darse también en los clubs. Sin embargo, la situación económica tiene a muchos de ellos con la soga al cuello, por lo que la Federación debería tomar cartas en el asunto. Clásicos como el CRC Madrid tuvo que vender este año su plaza en División de Honor y ahora compite en una segunda que se le queda pequeña. Además, la máxima categoría del oval español ha perdido muchos jugadores extranjeros, por lo que el nivel entre los equipos se ha igualado pero el nivel de la liga ha bajado. Ante la imposibilidad de los clubs para hacer frente a esta situación, la Federación parece ser incapaz de velar por los intereses del deporte que representa. Su inutilidad se ha visto reflejada en diferentes situaciones. Por ejemplo, que la liga sea retransmitida por un canal de pago, Oro Sport, en vez de fomentarla y promocionarla en uno de los diversos canales de la TDT, muestra a las claras la escasa visión de futuro. Quizás haya que dejarse algo de dinero por el camino pero como en toda empresa, al principio es necesario realizar determinados esfuerzos para luego poder sacar los beneficios.

Sin extranjeros, España tiene difícil conseguir resultados positivos, por no decir que podría caer ante cualquiera. Si no se dan los resultados, los patrocinadores no se asoman al rugby, y sin ellos, pues, no hay dinero, el cual es indispensable para invertir en una base que ayudará a progresar a este deporte. Además, los malos resultados y la falta de patrocinadores echa para atrás a los medios, sin los cuales es muy difícil darse a conocer y, por tanto, atraer nuevos aficionados que conformen un caldo de cultivo que derive en que cada vez haya más gente que quiera jugar al rugby.

En el deporte, como en la vida, los sentimientos patriotas son cada vez menos prácticos. Salvando las distancias, si Australia y Nueva Zelanda se refuerzan con jugadores de Samoa, Fiyi o Tonga, ¿por qué aquí esto no podría funcionar?

Fuente del texto:
Elaboaración propia.

Fuentes de las imágenes:
www.caurugby.com
www.aubenasvals-rugby.com
www.zonarugby.com

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