La OTAN abandona un Afganistán desolado

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Diez años después y con escalofriantes cifras de civiles muertos, Estados Unidos anuncia a la OTAN su plan de retirada de Afganistán. Se teme que las tropas de los distintos países salgan en estampida, debido a las campañas electorales que comienzan en varios sitios. Mientras tanto, Afganistán queda desolado y con una supuesta democracia en la que no se ha cambiado de líder desde el año 2001.

Después de más de diez años de absurda guerra y tras la muerte de entre 14.000 y 20.000 civiles, Estados Unidos anuncia su plan de retirada de Afganistán. En la cumbre de la OTAN celebrada en Chicago, se estipuló la salida paulatina de todas las tropas de la organización, cuya retirada debería concluir en 2014. El gobierno norteamericano y los responsables de la OTAN dicen confiar en que no se producirá una estampida, ya que la guerra en Afganistán ha desgastado mucho a los gobiernos y a la visión que los ciudadanos tienen de ellos.

Las poblaciones de los países que han intervenido sienten un profundo rechazo y hastío hacia esta situación, lo cual puede influir en próximas elecciones como, por ejemplo, las de Estados Unidos. Y también en otros países donde ya se han producido, como Francia. De hecho, es la victoria de François Hollande lo que puede mantener en vilo a los States, ya que el nuevo presidente todavía no ha aclarado su intención de retirar a las tropas galas de Afganistán. Esto, junto a las decisiones de los demás países de retirarse, es lo que podría provocar la estampida de tropas y, según considera Estados Unidos, convertir la misión en un fracaso descomunal.

Es de locos pensar que la misión ha sido un éxito. Es de locos gritar a los cuatro vientos que la muerte de 3.021 civiles en 2011 y unos 9.000 entre 2007 y 2010 ha sido un éxito. El catorce por ciento de esas muertes han sido provocadas por fuerzas militares, tanto extranjeras como afganas —aunque decir afganas es irrelevante, pues están controladas igualmente por la OTAN—, y el 77 por ciento por los talibanes. Esos mismos talibanes con los que, a la vez, se está negociando. A pesar de que se hayan construido algunos hospitales y escuelas, once años de guerra no han mejorado nada.

Con la retirada, Estados Unidos espera seguir ayudando económicamente al nuevo régimen —democrático, según ellos—, aunque Hamid Karzai lleva en el poder desde que comenzó el conflicto. Con todo, hay que decir que el presidente no cuenta con la simpatía absoluta de los miembros de la OTAN, sobre todo después de que este año el parlamento afgano pidiera retirar la inmunidad de la que disfrutan los soldados estadounidenses y que les impide ser juzgados en el país.

No son un secreto las intenciones del gobierno norteamericano en Afganistán, que son las mismas que en Irak y las mismas que les gustaría implantar en Irán y Siria: capacidad para intervenir en el país y adquirir sus recursos, evitar insurgencias y, así, controlar toda la zona de Oriente Medio, la más rica del mundo en recursos y la más importante desde un punto de vista estratégico.

Fotografía: ISAF

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