La oscuridad del príncipe

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Como en la vida real, los personajes de ficción están compuestos de luces y de sombras. Es más, cuanto más proporcionada sea está combinación, más verosímil resultará finalmente el carácter. Iris Murdoch, la gran autora irlandesa, cubre de oscuridad a los protagonistas de El príncipe negro, pero de una manera tan sutil que por momentos podemos amarlos, despreciarlos o incluso compadecerlos.
Bradley Pearson es el protagonista de esta aventura. Oficinista de profesión, escritor de vocación, acaba de jubilarse y se prepara para escribir su Gran Novela. Hace años, publicó un par de obras bastante reconocidas, no obstante, sabe que su momento está aún por llegar. Bradley es el encargado de relatar todos los sucesos en primera persona. Su estilo es subjetivo, pero trata de ser objetivo, lo que lo convierte en una narración totalmente creíble, capaz de engañar al lector y hacerle olvidar que se encuentra frente a pura ficción.

La novela comienza en el preciso instante en que el protagonista de dispone a marcharse para escribir su obra. En ese segundo, recibe una llamada, que cambiará todo y dará lugar a una serie de situaciones a veces sin sentido, otras simplemente desafortunadas, que irán tejiendo una tela que lo transformarán por completo.

El príncipe negro está dividido en tres partes. Aunque estas partes siguen un orden cronológico y totalmente coherente en la historia, cada una parece contar una relato distinto y mostrar un plano diferente de los personajes. En la primera, los personajes se presentan a través de situaciones algo enrevesadas y descubrimos el carácter agrio del protagonista. En la segunda, Bradley Pearson cambia. Se transforma, se asemeja a un jovenzuelo sin nada que perder, a un loco, y todo por la pequeña Julian, la hija de su gran amigo. La tercera, desenlace inesperado y sombrío, termina por colocar a cada cual en su lugar.

Resulta muy interesante cómo Iris Murdoch perfila a cada personaje. Se encarga de crear una superficie, falsa en la gran mayor parte de los casos, de cada uno, y otras más intrínsecas, oscuras, que se van mostrando paulatinamente en cada situación. Personajes a los que podemos entender, con los que podemos identificarnos y por eso, llegan a apasionar.

Destaca en la historia la relación entre Bradley y Arnold Baffin. Son los eternos amigos-enemigos. A pesar de la amistad que los une, representan dos ideas muy distintas. Los dos tipos de escritor. Por un lado, Arnold es el autor consagrado, el que ha sabido conciliar crítica y público, el best-seller. Arnold, no obstante, es el artista, el artesano, ése que pone cuidado extremo en lo que realiza, consciente de su importancia.

Londres, siempre de fondo, se convierte en un ser más. Sus calles, sus barrios, no son un simple escenario, acompañan de la mano a los protagonistas.

El príncipe negro es una obra imprescindible de Iris Murdoch, que profundiza en las pequeñas y grandes miserias de las personas así como en sus pasiones. Definitivamente, una lectura muy interesante y que muestra planos del ser humano que pueden llegar a atraer al lector más de lo que en principio pudiera imaginar.

Fuentes de las imágenes:
http://www.ojosdepapel.com/blogs/images/144/Iris_Murdoch_libro_125.jpg
http://graphics8.nytimes.com/images/2008/02/27/timestopics/iris_190.jpg

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