La orfandad de la lírica hispanoamericana moderna

0
168

Como si de una broma cruel se tratase, Nicanor Vélez (Medellín, 1959) murió el pasado 28 de diciembre en Barcelona, a los 52 años de edad, víctima de un cáncer. El escritor amasó su prestigio gracias a su labor de editor en Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores y a su pasión por escribir, desde poesía y artículos hasta ensayos y prólogos sobre las obras completas de Pablo Neruda, Octavio Paz o Juan Ramón Jiménez.

Nicanor Vélez

Vélez fue responsable de la publicación de las obras completas más importantes de la poesía universal en lengua hispana de los últimos veinte años. Su prestigio se basó en la calidad de sus traducciones y prólogos, que le convirtieron en modelo de rigor para muchos jóvenes escritores. Varios de los mejores libros de poesía publicados en España llevan su sello de prestigio: “Edición de Nicanor Vélez”.

Se formó en París y Barcelona, donde estudió Ciencias Sociales y Filología, por lo que contaba con unas influencias ricas y variadas. El propio escritor afirmaba que “en cuanto a influencias uno está hecho de todo lo vivido y de todo lo leído; aunque lo leído forme parte también de lo vivido”. Para él, algunos poetas fueron más que simples referentes, significando la reafirmación de su propia concepción poética.

En 1997 fundó y dirigió la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores. Gracias a su incondicional dedicación, la compañía consagró a grandes poetas del siglo XX y publicó significativas antologías, ejerciendo una excelente labor en la difusión de obras hispanas en todo el mundo.

Nicanor Vélez ostenta tres grandes libros de poesías: La memoria del tacto, La luz que parpadea y La vida que respira, su libro más reciente, publicado por la editorial Pre-Textos. Como escritor aplicó una idea central en todas sus obras: “Cada libro es una experiencia única, no un producto editorial. La originalidad del lenguaje radica en el lenguaje y a ésta sólo se llega con rigor y más rigor”. La idea de que cada libro es único justificaba su lentitud a la hora de escribir nuevos textos, según reconocía el propio intelectual: “Soy muy lento para montar mis libros, lo que explica que cada uno cubra diez años más o menos”.

En La vida que respira, el autor se empeñó en demostrar que incluso lo que no se dice forma parte de lo dicho, porque “la poesía es una tensión continua entre las palabras y los silencios”. Se trata de una obra dotada de intensa sensualidad, en donde el amor se presenta como un camino para exorcizar el tiempo y ver así la esencia de uno mismo.

A modo de homenaje, la editorial Siglo XXI recopilará próximamente los ensayos, prólogos y artículos escritos por Nicanor Vélez.

Fotografía: Oscar Jairo González Hernández (cedida por Crónica Antropológica).

Dejar respuesta