La nueva política blanca

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El Real Madrid, desde sus orígenes, se ha enfocado como un club ganador donde la exigencia a nivel de resultados es máxima y cuyo objetivo por temporada es alzarse con todos los títulos en juego. Además de contar con los mejores jugadores, se le pide que sea el equipo que mejor juegue y que ofrezca cada jornada un gran espectáculo al público. Pero para no caer en la prepotencia y en la egolatría, desde la identidad siempre se ha pretendido mostrar una imagen muy respetuosa, profesional y educada tanto con el rival, como con los árbitros, la prensa y el público. Se quería identificar como un club señor y para ello desde la dirección se obligaba a todos los trabajadores a ser extremadamente deportivos y caballerosos con su entorno.

Esta línea estratégica fue la que mayor éxito dio a la casa blanca, ya que a parte de conseguir una infinidad de títulos y de llegar a ser el mejor club del siglo XX, consiguió estar situado entre los tres primeros equipos con mayor número de aficionados, ya que estos se identificaban con la nobleza y la deportividad de sus ídolos.

No obstante, la pérdida de protagonismo a costa del eterno rival, ha hecho que la dirección técnica haya decidido estar menos pendiente de cumplir sus valores y haya preferido dedicarse en volver a ese plano de preferencia que tenía en otras décadas. Por ello, Florentino Pérez volvió a contratar a los mejores jugadores que quedaban libres por el planeta y se eligió a José Mourinho para que dirigiese a tal elenco de estrellas. El presidente junto a sus directivos han dado carta blanca a su entrenador para que cambiase la tendencia de los últimos años de sequía de títulos y se le ha permitido utilizar todas las armas a su alcance para volver a la senda del triunfo.

La línea elegida por el técnico luso podía haber sido firmada por el mismísimo Maquiavelo, ya que la victoria -el fin- debe justificar todo tipo de acciones –el medio-, sin importar su valor ético. Entre las últimas técnicas utilizadas van desde la provocación en cada rueda de prensa hacia su adversario (principalmente para desequilibrar al Barça), la humillación pública de algunos de sus jugadores (como modo de recuperación de futbolistas como Benzema, Canales o Pedro León) o la táctica de provocar expulsiones de una forma tan evidente y grotesca.

A esta nueva forma de espectáculo difundida internacionalmente hay que sumarle las últimas de su máxima estrella, Cristiano Ronaldo, que ante la presión de los silbidos y las patadas de los contrarios ha preferido la chulería y la provocación (por ejemplo cuando se dirigió a la grada del Molinón o las declaraciones sobre la victoria del Barcelona) o la venganza (como el famoso codazo a Mtiliga) como estrategia defensiva.

A día de hoy, el público se ha mostrado muy contento con el trabajo y la pasión con la que vive el fútbol su entrenador. Además, ha conseguido olvidar los fracasos de los últimos años y ha vuelto a motivar a la afición y a ha hecho creer en que la victoria frente a uno de los mejores equipos de la historia, el Barça de Pep, es posible. Sin embargo, ¿estará dispuesto el verdadero madridista a aceptar estar siempre envuelto en la polémica para volver a ser el mejor equipo del planeta?, ¿permitirán a Mou sus clásicas declaraciones turbulentas y los gestos prepotentes de sus jugadores aunque estén tirando por tierra la imagen labrada durante más de cien años de historia? Yo me decantaría por el no, pero viendo la respuesta de los aficionados en los últimos partidos es muy probable que por encima de todos los principios labrados a lo largo de la historia del club, esté la victoria y los títulos.

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Elaboración propia
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