‘La nueva mujer’ contra el canon occidental

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¿Podrías, lector o lectora, nombrar alguna escritora estadounidense del siglo XIX? ¿No? Venga, piensa un poco. Escucho un Edith Wharton por el fondo y también parece que alguien ha recordado a Emily Dickinson. ¿Nadie más? Lástima.

No os preocupéis, no es que tengáis mala memoria o que vuestros conocimientos sobre literatura sean insuficientes, el problema es que el canon literario occidental, exceptuando casos extraordinarios como los de Wharton o Dickinson, obvia el trabajo de las mujeres. Todas recordamos lo que pensaba Virginia Woolf sobre las obras firmadas por un tal Anónimo: no nos pillaríamos los dedos si apostásemos a que fue una mujer. Otras muchas mujeres, incluso con la firma estampada sobre su trabajo, han quedado en el anonimato y no por la mala calidad de su literatura.

La editorial Dos Bigotes recupera ahora los relatos de Kate Chopin, Willa Cather, Sarah Orne Jewett, Charlotte Perkins Gilman, Sui Sin Far, Zitkala-Ša, Susan Glaspell, Harriet E. Prescott Spofford, Catharine Maria Sedgwick y Mary Austin, diez escritoras que forman parte de una antología de relatos imprescindible para comprender el nacimiento de la «nueva mujer» en Estados Unidos durante el siglo XIX. En La nueva mujer no solo conocemos a nuevas autoras, sino que el lector se encuentra con reflexiones muy acordes al naciente movimiento feminista norteamericano y comprenderá la importancia del relato tanto para la literatura norteamericana como para las reivindicaciones de las mujeres.

«¡Qué importaba!¡Qué sentido tenía el amor, ese misterio sin resolver, frente a esa energía que de pronto reconocía como el impulso más poderoso de su ser! ¡Libre! ¡Libre en cuerpo y alma!». En Historia de una hora Kate Chopin nos presenta a una mujer que ama infinitamente a su marido, pero que, cuando desaparece, descubre que existe algo mejor que el matrimonio: la libertad. Y no es de extrañar porque lo que se esperaba de una esposa estadounidense en el siglo XIX no era precisamente autonomía.

Que se lo digan a la simpática pareja de El marido de Tom, de Sarah Orne Jewet. Decían de ella que «era demasiado independiente y autosuficiente para casarse y podría parecer que necesitara más una esposa que un marido.La mayoría de los hombres prefieren mujeres cuya naturaleza busquen y se aferren a las suyas para obtener protección». En este relato la autora hace una crítica mordaz a los roles de género y llama a su ruptura. No hay mejor forma de denuncia que la deformación y el humor y en este relato se demuestra.

La sororidad a la que tanto estamos llamadas las mujeres para luchar unidas ya aparece como eje central del relato sobrecogedor de Susan Glaspell: Un jurado de sus iguales. «Todas pasamos por las mismas cosas, simplemente son un tipo distinto de mismas cosas. Si no fuera así, ¿cómo podríamos usted y yo comprenderlo bien?», se plantean las protagonistas. Aunque, claro está, ¿cómo iban a darse cuenta las mujeres de las cosas por las que pasaban si las querían tontas y sumisas?

Sobre la infantilización de esta mujer que no entiende el mundo de los hombres da una pincelada Charlotte Perkins Gilman en Una madre antinatural.«Se debe proteger la inocencia de las jóvenes. Ya ve, cuando yo estaba casada sabía lo mismo de la vida que un bebé que aún no ha nacido, y a mis chicas las eduqué de la misma forma», declara alegremente una vecina del pueblo en el que se desarrolla la historia.

Y podríamos ir uno a uno buscando detalles en todos los relatos que muestran el espíritu crítico feminista que las escritoras de la época reproducían en sus relatos, instrumentos narrativos, pero también de denuncia. Sin embargo, os dejaré que exploréis La nueva mujer por vuestra cuenta y que cuando os pregunten por autoras decimonónicas estadounidenses os vengan a la mente algunas más de las que os vienen ahora.

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