La nuestra es una revolución paciente

0
608

No es ningún secreto el aumento de la desconfianza hacia nuestra clase política. En la calle, la gente se muestra cansada de ver cómo los políticos que nos gobiernan han convertido su profesión en un circo. Lo más triste es que ya no hay interés ni siquiera en ocultarlo. Salen a la luz cada día escándalos de corrupción, de mal gobierno, de manipulación, mentiras y falta de honradez. Es ya un hecho público que aquellos que representan a la ciudadanía abusan de su posición privilegiada. Lo hacen con descaro y la gente lo sabe.

A ese abuso se suma la lejanía creciente de estos supuestos delegados respecto a la población que dicen representar. En teoría, son elegidos para obrar en nombre de la ciudadanía, ostentando un poder que no les pertenece, puesto que es una delegación. La realidad, en cambio, nos demuestra cómo la clase política entiende que ese poder sí les pertenece y no sólo eso, sino que además pueden obtener beneficios gracias al mismo. Los últimos casos de Felipe González y José María Aznar son prueba de ello. No es tanto –que también- el aprovechamiento que hacen de su pasado en un puesto público, como las cifras desorbitadas que van a recibir en su nuevo cargo. Esas remuneraciones ejemplifican a la perfección la lejanía que comentamos: en una situación tan crítica como la que están viviendo los millones de parados, hipotecados, despedidos y explotados, que unos ex-presidentes vayan a cobrar esas cantidades, sumadas a sus ya de por sí astronómicas pensiones vitalicias, no es sino un insulto a esa función política que en su día ejercieron. Dicen representar a un pueblo mientras éste vive unas realidades totalmente distintas y, por supuesto, desfavorables. ¿Dónde queda esa representación entonces?

Por otra parte, la falta de diferencias entre los distintos partidos agrava la desconfianza social. Existe una ausencia de alternancia política porque todos dicen ser diferentes cuando son iguales. La población no cree que la solución para esta crisis política sea un cambio de gobierno dada la nula esperanza que presenta la oposición. Por ello, estamos posiblemente en uno de los puntos más críticos de la etapa democrática española. No existe ni un gobierno convincente ni una oposición alentadora. Un cambio de administración como el que se va a dar en 2012 no mejorará la visión que se tiene respecto a la clase política. No sería de extrañar ver los índices de abstención subir como la espuma en los años venideros, como ya ocurre en buena parte de Europa –Francia es el último caso-. Por su parte, los sindicatos cuentan con un descrédito monumental gracias a sus cúpulas afincadas en su posición. Hablan en nombre de una masa trabajadora a la que ya no pertenecen. Los jueces corren caminos parecidos, haciendo de la Justicia un nuevo sistema de trueque. En otras palabras, la falta de legitimidad es generalizada.

En el sector económico y financiero tres cuartos de lo mismo. Los ciudadanos ya no toleran del mismo modo la falta de transparencia, el afán de lucro y el amor por la especulación del Gran Capital. La píldora de la mundialización no ha cuajado del todo debido a que en estos años se ha mostrado su cara B. Y no ha gustado. Es decir, también aumenta la falta de credibilidad de las empresas y la Banca. La huelga de consumo es el nuevo arma de lucha a gran escala. La banca ética, una propuesta interesante que va calando.

Ahora bien, existe un polo opuesto a todo este planteamiento. En primer lugar, los bancos y las grandes entidades financieras siguen gozando de su posición dominante y cuentan todavía con la sumisión de sus clientes. Éstos han aceptado las reglas de un juego en el que siempre pagan ellos, a cambio de facilidades en épocas de bonanza. No hay duda alguna de que durante años ha triunfado la idea de este Sistema como único frente a alternativas inviables, irracionales, que no tienen salida. Hoy esa visión aun se mantiene no sólo gracias al bienestar obtenido en su momento con este Sistema, sino a la falta de conocimiento de algo mejor –y distinto-. Cuanto más tarde la gente en creer en la construcción factible de un modelo nuevo, más peso cobrará la idea del ‘este sistema es el peor, después de todos los demás’, por lo que no merece la pena cambiarlo.

Por otro lado, existe en la conciencia social un miedo al cambio. ¿Por qué? Porque todo proceso de cambio supone riesgos. Más si el cambio que se tendría que dar fuese radical, como es la presente situación. Cuando no se tiene nada que perder, brota la acción. Sin embargo, en nuestros días la gente tiene miedo a arriesgar lo poco que le queda o a despojarse de lo ya conseguido, en lugar de pensar en movilizarse para no perderlo. La mayoría de la población no es consciente de que de forma paulatina ya está perdiendo eso a lo que se aferra. El miedo a la acción aparece como excusa para no hacer nada, en vez de verse como una causa de la pérdida de privilegios. En cualquier caso, no se ha llegado todavía al límite de tolerancia –o paciencia- de la sociedad. Una vez rebasado este límite, todo estalla. No se sabe cuándo ocurrirá pero ese nivel está ahí, latente, a la espera de ser sobrepasado. Por cierto, parece increíble lo bajo que debe de estar si se analiza lo que ocurre hoy en día sin que nada cambie.

Así, el Sistema puede aguantar todavía más mientras la legitimidad del mismo se vaya limando poco a poco y la gente siga pasando por el aro. El problema está en que los que determinan la legitimidad del Sistema no son sólo las personas, sino también los grupos económicos y de presión. La sociedad civil nunca fueron los ciudadanos en exclusiva por mucho que así quisieran hacérnoslo creer. Esos grupos se encargan de luchar porque este Sistema perviva en el tiempo, dado que son los primeros beneficiarios del mismo. Sea como fuere, llegará un momento en el que ocurra una de estas dos cosas: o bien la gente sienta que su límite se ha rebasado y salte por los aires, o bien la ciudadanía habrá alcanzado un punto de adormecimiento tal que ya sea tarde para despertar. No se impaciente el lector. Estos procesos son lentos. La fidelidad a los bancos durará su tiempo. La peregrinación a los centros comerciales seguirá su tónica habitual. La gente seguirá yendo a votar, aunque cada vez haya menos capacidad de elección. Por lo que parece tardaremos en ver el resultado del pronóstico planteado. Pero bueno, ya se están empezando a cuestionar ciertas cosas y eso es un comienzo. De momento, parece ser que aún se puede exprimir más.

Fuente del texto:
http://www.publico.es/espana/367762/el-congreso-blinda-la-pension-de-los-expresidentes
http://www.youtube.com/view_play_list?p=3798EA6ED5D267BE
Fuente de las imágenes:
http://blogs.opinionmalaga.com/esquina-del-globo/files/2011/03/manifestacion-londres.jpg
http://ianasagasti.blogs.com/.a/6a00d8341bf85353ef011570a296f2970b-800wi
http://www.socialistes-rocafort.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/la-borracha-y-los-palmeros.jpg
http://www.lacasadelarcerojo.es/wp-content/uploads/2009/09/bancos.gif

Dejar respuesta