La navidad se adelanta

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Uno pone la televisión, va a la compra o pasea por las calles de cualquier ciudad de España y, de repente, siente la necesidad de pararse a comprobar el día en el que vive. “Pero si queda más de un mes”, piensa incrédula la mayoría de la gente mirando la estampa a su alrededor. Sí, pero la Navidad ya está entre nosotros de forma muy patente, y desde hace algunas semanas.
Toda la gama de dulces navideños se venden hace semanas en los supermercados españoles, de hecho, tienen ya una asentada sección dentro de todos los establecimientos del país, decorada con los correspondientes espumillones y las idílicas pancartas que desean feliz navidad a los consumidores.
Además, muñecas, coches teledirigidos, barbies, juegos virtuales y todo tipo de obsequios navideños para niños ocupan casi la totalidad de la publicidad en horario infantil. Por otro lado, la mayoría de las ciudades españolas cuentan ya con los más lujosos árboles de navidad, colocados donde todos lo puedan ver, dispuestos para ser encendidos; incluso el más modesto de los pueblos ha presenciado en los últimos días la colocación de las luces que iluminarán unas consumistas Navidades, aunque este año no deban serlo.

Pero las razones de todo esto están claras: mantener el consumo que estas fechas llevan consigo, incluso en crisis. Con ello, los comerciantes obtendrán un mayor beneficio ya que alargan el periodo en que el consumismo navideño se puede llevar a cabo y, además, éste comenzará antes, ya que el ambiente festivo está presente en calles, medios de comunicación… despierta en la población esa sensación de generosidad o consumismo, según se vea.

Ninguna familia escatimará en el fomento de la ilusión de los más pequeños, o en poner todos los medios para que el reencuentro familiar sea igual de sobrecogedor que cualquier otro año, incluso estando por encima de sus posibilidades, y de las posibilidades de la época.

Las opiniones acerca de esta tendencia pueden ser varias. Por un lado, los niños tendrán más tiempo para elegir los regalos que pedirán en sus cartas, y sus padres más tiempo para comprarlos, y para comprar más, todo sea dicho. No obstante, puede ser perjudicial para algunas personas, por el sentimiento familiar, entrañable y de reunión con los seres queridos que estas fechas traen de la mano.

Esta claro que, incluso en crisis, las Navidades se volverán a convertir en la época más familiar y cara del año, aunque esta vez sea necesario hacerlo con parches.

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