La música seguirá sonando, con o sin licencia

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Finalizan las audiciones para los músicos callejeros de Madrid con gran participación pero a su vez teñidas de descontento y protesta por las nuevas medidas restrictivas de la alcaldía.

El grupo Los Mild Rovers con mensajes reivindicativos - VICTORIA MEDINA CHIMBUR

Tres días consideró el Ayuntamiento que eran necesarios para determinar el talento de alrededor de 350 músicos, solistas y grupos, así como su capacidad para deleitar a los peatones de Madrid. Las populares y protestadas audiciones tuvieron lugar los días 2, 3 y 4 de diciembre en el centro cultural Conde Duque con el fin de conceder licencias a los músicos callejeros que cada día ponen banda sonora a los paseos por la capital.

El último día del casting, en torno a las 12 del mediodía, salía Eduardo de su prueba y se detenía a hablar con las personas ahí reunidas. A la pregunta de cuánto tiempo llevaba tocando en la calle su respuesta fue “toda la vida” y es que, a sus 72 años, este madrileño afirma haber tocado el violín en lugares públicos desde la década de los 70. Ahora, con una situación muy distinta a la de entonces, asegura que se dedica a ello por cuestiones económicas. “Tengo que sacarme las pelas porque el casero no me perdona el alquiler”, declara. No obstante, dice estar muy orgulloso de lo que hace y que, en caso de no obtener la licencia, tocará igualmente su música aunque no le gustaría tener que hacerlo de forma ilegal. “Soy un ciudadano honrado” dice Eduardo al garantizar que hay muchos más como él que se oponen a la prueba que él acaba, o no, de superar.

_Eduardo,Pasados algunos minutos llegaban a las inmediaciones del centro Conde Duque Los Mild Rovers, un grupo que no llegó a presentar solicitud para las audiciones pero que decidió ir igualmente y hacer sonar su música en el patio. Mostraban su descontento con las licencias a través de mensajes reivindicativos escritos en papel y pegados en su ropa con cinta adhesiva. Algunos de ellos leían “nos echan de la calle”, “somos músicos no delincuentes” y “matan la cultura”.

Estos fueron grabados mientras interpretaban una canción por los miembros de otro grupo musical, los Swingdigentes. Estos se desplazaron hasta ahí no para hacer la prueba sino para, como definen en su página de Facebook, “hacer una contra-audición para encontrar una mejor alcaldesa entre los músicos callejeros”. Durante varias horas fueron recopilando en vídeo las opiniones y testimonios de los músicos que iban saliendo del casting con el objetivo de luego colgarlo en Internet a modo de protesta. “Aquí en España la gente no tiene el concepto de que esto es otra forma de vida, no lo considera un trabajo (la música callejera) sino un hobby”, aseguró uno de los integrantes del grupo.

El jurado de las audiciones, compuesto por dos profesionales del ámbito musical y un miembro del Ayuntamiento de Madrid, tuvo la enorme responsabilidad de determinar qué actos cumplían los mínimos de calidad en lo que algunos medios han llamado el “Operación Triunfo de Ana Botella”. No obstante, las audiciones y la obtención o no de la licencia son tan sólo los dos primeros pasos que deberán dar los músicos en su afán por tocar en lugares públicos.

Los que hayan superado la prueba deberán tener en consideración que no podrán utilizar elementos de percusión o amplificación en sus actuaciones además de no poder rebasar unos límites sonoros establecidos en la Ordenanza de Protección contra la Contaminación Acústica y Térmica. Todo esto y muchas otras cuestiones están recogidas en el Decreto de 7 de octubre de 2013 que aporta además los siguientes datos: Los espacios aptos para la actividad deberán tener como mínimo una anchura de 7 metros, no podrán coincidir dos actos musicales en una distancia inferior a 75 metros lineales y sólo se podrá tocar entre las 10:00 y 22:00 horas, con pausa obligatoria de 15:00 a 17:00 horas.

Todavía se desconoce el número de licencias emitidas y quiénes serán los afortunados beneficiarios pero, hasta entonces, ningún músico renunciará a hacer lo que le gusta. Lo que inicialmente se planteó como una forma de regular el impacto sonoro y el tránsito en el Distrito Centro de Madrid posiblemente acabará acarreando la consecuencia de mayor presencia policial y la huida frenética de todos aquellos que, sin el permiso del Ayuntamiento, se empeñarán en llenar “ilegalmente” las calles de música.

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