La mujer en el espacio, una carrera complicada

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Con motivo del Día Internacional de la Mujer, y aprovechando la presencia en Madrid de la exposición La aventura del espacio, la NASA organizó entre los días 8 y 11 de marzo el ciclo de conferencias Mujeres en el espacio, cuyo objetivo consisitía en analizar la trayectoria de la mujer desde su unión al programa espacial norteamericano y, al mismo tiempo, colaborar económicamente con los proyectos elaborados por la Asociación Mujeres Opañel.

El inicio de la carrera espacial tiene una fecha clave, 1957, cuando la Unión Soviética lanzó el primer satélite espacial bautizado como Sputnik I. Este proyecto de gran envergadura no sólo marcó el  inicio de una disputa que tendría el objetivo de la conquista del espacio, sino que además presionaría al que fuera presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, a firmar el documento que daría origen a la NASA. 

A su vez, y en busca del liderazgo espacial frente a los Estados Unidos, la Unión Soviética decidió concebir a la primera mujer astronauta. La elegida fue Valentina Tereshkova, quien junto con otras cuatro mujeres fue sometida a durísimas pruebas de entrenamiento: vuelos en MIG-15 -aviones creados por los soviéticos a partir de la tecnología alemana obtenida tras la Segunda Guerra Mundial-, pruebas en las centrifugadoras donde se simulan aceleraciones que superan en fuerza a la gravedad terrestre -la sensación es que el cuerpo pesa tanto que no se puede ni mover- y saltos en paracaídas.

Por el contrario, los Estados Unidos no contarían con una mujer entre un equipo de astronautas hasta junio de 1983, cuando la comandante Sally Ride despegó a bordo del transbordador espacial Challenger, una primera misión que consistió en realizar las tareas oportunas de una comunicadora de control, así como ayudar al despliegue de dos satélites americanos.

Asimismo, la exposición quiso remachar la actividad liderada por mujeres astronautas como Mae Jamison, la primera física afro-americana que viajó a bordo del transbordador Endeavor en 1992 para trabajar en proyectos científicos sobre las células óseas. Sin embargo, no sería hasta 1990 cuando Eileen Collins se convertiría en la primera mujer piloto, dirigiendo en aquella ocasión el vehículo Discovery.

El atractivo de la exposición La aventura en el espacio radica en su localización, la Estación Espacial de Comunicaciones de Madrid, que en la actualidad resiste como la única sede de la NASA en suelo europeo. La labor de esta estación consiste en el seguimiento de los satélites que están dentro de nuestro Sistema Solar y, al mismo tiempo, analizar la radioastronomía -estudio de lo que ocurre en el espacio interestelar midiendo la emisión de radiación electromagnética-.

La muestra situada en el Recinto Ferial Casa de Campo traslada al visitante al mundo del espacio a través de la decoración, de las imágenes, de las maquetas y de los vídeos. El acceso a la muestra se hace a través de una réplica exacta de la entrada de la nave Apollo, lo que permite al visitante tener acceso a la retransmisión del discurso del expresidente de Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy tras el aterrizaje del primer hombre en la Luna. Además, y desde una galería que parece sacada de los relatos fantásticos de ciencia ficción del siglo XIX, se hace un recorrido por el pasado a través de Jules Verne -su obra De la Tierra a la Luna guarda gran similitud con el programa lunar-, George Méliès -por su película Viaje a la Luna– y Herbert George Wells -autor de La Guerra de los Mundos-.  

Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer en materia de viajes aeroespaciales, ya que el trabajo realizado por los astronautas y la inexistente gravedad perjudican notablemente al cuerpo humano, provocando la descalificación de los huesos, la pérdida de masa muscular y el mal funcionamiento de órganos tan vitales como el corazón. A su vez, y ante los peligros generados por la trayectoria espacial, José Manuel Grandela, ingeniero controlador de la agencia americana, señaló que para generar vida en el espacio sería necesaria la creación de una gravedad artificial.

Fotografía: Jésica Cristobal

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