La moral de San Patricio

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Pensando en la célebre frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”, me doy cuenta de que no puede haber ninguna duda de que su familia era de origen alemán y no irlandés. Y obviamente, no voy a echar aquí un discurso sobre  los irlandeses y sus grandes hazañas de un pasado devastado por grandes penurias, como si del cuarto libro de Las Cenizas de Ángela se tratase, pero sí me voy a permitir poner en duda esos principios tan férreos y arraigados de una cultura que no les permite oír nada más que historias de su héroe Cú Chulainn y del misal que los domingos recitan los sacerdotes católicos irlandeses.

Hoy, pienso en una Irlanda que en algún momento fue mujer, que en algún   momento tuvo alma hindú. Me viene a la mente una imagen: la de Savita Halappanavar y, por supuesto, no con largas telas brillantes enrolladas por el cuerpo ni llamativos pendientes de aro dorados, sino más bien lo contrario: una mujer enferma en una camilla de un hospital, suplicando con remordimientos que le hagan un legrado para salvar su vida cuando sabe que el corazón del feto que tiene dentro bombeará sangre unas pocas horas más. 

Pero está claro que la opinión de un ciudadano irlandés no vale nada si va en contra de sus principios y, mucho menos, si no es nato en la verde región y procede de un lugar más cálido como la India. Es moralmente inaceptable que la ley intervenga en la moral de las personas, pero lo es más aún si se entromete en la correcta praxis médica. Que una mujer tenga que morir por una septicemia (infección) por esperar a que el corazón de un ser, que no va a nacer, dejé de latir es una aberración contra la ética de cualquier persona.  Pero “don’t worry!“, que nada cambiará. Recuerden: Cú Chulainn seguirá vivo en las tardes cerveceras, Savita no. 

Resulta curioso y hasta sarcástico, ver como el hombre lucha por la libertad y por la igualdad pero luego hace sus propios juicios de valor morales. Supongo que el titular perfecto que define su política es:  “Queremos un país libre y demócrata, siempre y cuando no se vaya en contra de nuestros intereses”. En fin, resulta hasta gracioso que a un irlandés le parezca aberrante que una mujer lleve un burka en los países árabes mientras dejan morir a una persona por una cuestión de creencias religiosas.

Si Savita iba a perder a ese niño,  ¿por qué hubo que esperar a que el latido cardíaco desapareciera para poder hacerle un legrado? Si sabían que el aborto era inminente, ¿por qué hubo que guiarse de las doctrinas religiosas antes de salvarle la vida a una persona? Si ella no profesaba el catolicismo, ¿por qué tuvo que morir por culpa de imposiciones morales que ella no compartía? ¿Realmente nuestra ética y moralidad nos dice que es preferible dejar que alguien muera en contra de su voluntad por una cuestión religiosa? 

Se impuso la moral de San Patricio. 

Imagen: Google

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