La monarquía vuelve a Francia

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Ocho títulos de Roland Garros contemplan desde hoy a Rafael Nadal. Ningún tenista ha acumulado un guarismo similar en cualquiera de los cuatro grandes. La victoria frente a David Ferrer (6-3, 6-2, 6-2), la número 59 sobre el albero de París, cierra un torneo en el que el vigente campeón y principal favorito volvió a tocar la gloria. El río Sena espera el baño del campeón, la Torre Eiffel la foto con la Copa de los Mosqueteros.

Se exilió Napoleón en la isla de Elba, derrotado y sin el honor de ser emperador desde la primavera de 1814. Unos pocos fieles rodearon al militar en aquellos meses de lejanía y soledad. Con el inicio de 1815 decidió volver para retomar su labor rectora. En marzo desembarcó en el Mediterráneo con un puñado de hombres y desde allí emprendió la marcha hacia París. Aclamado durante su viaje, entró victorioso en la capital mediado el mes de mayo.

El emperador del tenis español entregó parte de su futuro con una lesión que se extendió desde julio de 2012 hasta febrero de 2013. El refugio deportivo del campeón durante el periodo de inactividad fueron los entrenamientos y el gimnasio. Afloraron las dudas sobre su estado, sobre cómo sería su regreso. Tomó tierra en el verano austral argentino de Viña del Mar; a partir de ahí comenzó un camino glorioso (nueve torneos, nueve finales y siete títulos) hasta la reconquista de su torneo en la Ciudad de la Luz.

Rafa Nadal (27) celebra su octavo triunfo en Roland Garros: Fuente: Roland Garros (Facebook)
Rafa Nadal (27) celebra su octavo triunfo en Roland Garros: Fuente: Roland Garros (Facebook)

Nadal vuelve a ser el rey del tenis en el país vecino. La tiranía del zurdo se inició en 2005 y desde entonces, solo el sueco Robin Soderling en 2009 ha podido separarle del triunfo. La de 2013 ha sido la edición que ha visto una versión madura y cartesiana del balear. Empezó el torneo guardando fuerza, ahorrando esfuerzos. Subió la intensidad en las rondas finales, se deshizo de Novak Djokovic en una semifinal para la posteridad y hoy ha destrozado a David Ferrer en el último partido.

Empezó Ferru creyendo en sí mismo: fuerte con su saque cerró el primer juego en blanco. Aquellos bríos, ese fogonazo, se terminarían convirtiendo en un espejismo. Desde su servicio perdió gran parte del choque el de Jávea. La segunda ocasión que tuvo que poner la pelota en juego, Nadal le arrebató la iniciativa en el marcador. Esperó el error del atrevido alicantino y consiguió una ventaja que se esfumaría en el juego siguiente, después de la rotura de Ferrer.

Le aguantaban entonces las piernas al de la Comunidad Valenciana, que no se sentía incómodo corriendo de un lado a otro de la cancha. Algunos puntos largos los ganó el aspirante. Pero en el séptimo juego de la primera manga, Nadal volvió a romper el saque de Ferrer. De las cinco veces que jugó con su servicio, solo consiguió cerrar con éxito dos de ellas. Terminó el primer set el favorito (6-3) en 40 minutos. Era más competitivo Ferru al resto, una de sus especialidades, que teniendo que poner la pelota en liza.

En la segunda manga, Nadal edificó su juego en torno al revés. No tardó en abrir ventaja (3-0) el gran especialista sobre arcilla. Desplegaba su mejor juego y ni la lluvia ni el frío, que entonces arreciaban, frenaban su desfile. Pudo haber recortado la distancia Ferrer, que dispuso hasta de cuatro bolas de break en el ecuador del segundo set. Resistió el de Manacor, manteniendo su ventaja, mientras empezaba a bordar el tenis, sometiendo la voluntad del siempre impetuoso contrincante. Exuberante, alternaba golpes altos y bajos, liftados y planos, abiertos, cortos, hacia cualquiera de los perfiles del rival…

Después de cerrar con brillantez el segundo set (6-2), continúo agresivo y muy dentro de la pista. Tomó Nadal otra vez ventaja al inicio, break mediante de nuevo. Le devolvió la rotura de servicio Ferrer, en lo que supuso un levísimo atisbo de reacción. Vio la arena de la Philippe Chatrier los mejores golpes del alicantino en estos instantes postreros. Regaló el postre el de Jávea, que forzó a quien iba a llevarse el triunfo a emplearse a fondo. Cedió el octavo juego Ferru, y Rafa certificó el partido con su saque (6-3).

París ha vuelto a ser el escenario donde Nadal, el deportista voraz que parece no encontrar fronteras, ha escrito otro capítulo glorioso para su historia, la del mejor deportista español de todos los tiempos. Devorador de récords, sediento de gloria, ávido de torneos. El retrato de Rafael VIII de Francia y I de España, el emperador.

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