La mirada interna de María Pagés

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El 4 de julio en los jardines del Generalife y bajo una luna semillena tuvo lugar el encuentro entre la Compañía de María Pagés y el público, durante el 58 º Festival Internacional de Música y Danza de Granada. La expectación era enorme y el teatro histórico estaba abarrotado de gente. Como invitada especial, la actriz española Belén Rueda , representando al patrocinador del espectáculo, la empresa Puleva.
La bailaora , coreógrafa y cantaora flamenca presentaba su obra “ Autorretrato”, estrenada en 2008 en el Tokyo International Forum y presentada en España en la pasada Bienal de Sevilla, a través de la cual, logró el mayor reconocimiento que una obra flamenca puede llegar a alcanzar. De hecho la Bienal de Flamenco de Sevilla le concedió el Giraldillo al mejor Espectáculo, y el Premio al Mejor Espectáculo que concede la Crítica, mientras que en la última edición del Festival de Jerez el público le otorgó este mismo premio por su dedicación al baile flamenco y danza española.

María Pagés nacida en el barrio sevillano de Triana, cuna del flamenco y cuya residencia artística se encuentra en la localidad madrileña de Torrelodones, comienza su carrera profesional con la compañía de Antonio Gades, interviniendo en Carmen y Bodas. Ha sido la primera bailarina de las Compañías de Mario Maya , de Rafael Aguilar y de María Rosa.

En 2007 el maravilloso y mítico bailarín Mikhail Baryshnikov la invitó al BAC, su centro de Arte en Nueva York, con el fin de que bailara algo libre pero muy personal. A raíz de este reto, según cuenta la artista decide pararse en el camino y, acercándose al espejo, conocerse más en profundidad para después expresar a través del movimiento y el baile. De esta manera surge Autorretrato, en un momento muy doloroso y de duelo por la muerte de su compañero sentimental y artístico, José María Sánchez.

En el Generalife.
En un espectáculo minuciosamente estudiado y trabajado, tanto en la coreografía, como en la selección de textos de la poesía más íntima, universal y lírica, de la mano de Saramago, Antonio Machado y Miguel Hernández, y al son de martinetes, soleás, tanguillos, alegrías, tientos y tangos. La artista trianera no transmitió la fuerza e intensidad en el movimiento y el balie para expresar todos los sentimientos que se pusieron en escena. Era difícil vislumbrar cuando hablaba de tristeza , alegría, angustia o soledad, porque su cuerpo ofreció escasez de recursos corporales. Hubo mucha tendencia a la repetición de gestos y expresiones que si en primer momento impactaron, a mitad del espectáculo aburrían y confundían al espectador. Se convirtieron en una ausencia de sentimientos. Parecía que a la coreógrafa y protagonista de la obra no le salía de manera innata la exteriorización de su yo introspectivo, que en definitiva era la temática de la obra. En un determinado momento se tenía la sensación de que la artista miraba y medía sus gestos, más que entregarse desde lo profundo del alma al baile. Mujer muy elegante en el movimiento, con más tendencia a la danza clásica que a la flamenca, característica que marca su impronta personal. Algo que destaca en ella son sus largos brazos serpenteados que dibujan en el aire verdaderas florituras y que coordina a la perfección. No obstante, no varió en nada los dibujos marcados con los mismos.

La primera parte de la obra comienza en la soledad de su estudio, frente a un espejo, e el cual, va mostrando el arduo trabajo diario, en un cara a cara, donde se ve el reflejo del alma.

Original y de gran creatividad la pieza Alter-ego, donde el espejo y ella se persiguen sobre el escenario alcanzando el paroxismo de sentimientos. Quizá, esta fuera, la única parte del programa que expresa de manera real, un sentimiento profundo y de raíz.

Las nanas de la cebolla conmovieron al público por la belleza de su contenido, pero en esta pieza los músicos y cantaores cobraron más relevancia que la artista en cuestión. Especial mención a su grupo coral y musical porque lo hicieron muy bien y sin ellos el espectáculo se habría caído del todo.

María Pagés se marcó un solo con las castañuelas en el que demostró su maestría con este instrumento de percusión tan tradicional de España y nos dejó boquiabiertos a los espectadores.

La parte simpática y alegre llegó con el tanguillo El trajín de María, donde la propia artista cantó y explicaba de manera divertida las anécdotas y la vida que lleva su compañía al realizar un espectáculo. De todas formas este fragmento que parecía ser la despedida del espectáculo porque venía a decir que la obra llegaba a su fin, no resultó ser así. Después de éste hubo tres piezas más.

Terminada la función el público no respondió muy entusiasta y exaltado. Varias personas se pusieron en pie por deferencia, pero silbidos, olés y gritos de bravo no se oyeron en el teatro. De hecho ni la Compañía ni la artista, ofrecieron bis a su público.

Todo ello a pesar de que la prensa granadina Ideal hablara de la emoción y entrega por parte del público, ensalzara la figura de la artista, e incluso la periodista del Ideal llegara a decir que aquella noche en el Generalife había luna llena, quizá para darle un toque más especial y bucólico a un espectáculo que se quedó por el camino, con todos mis respetos.

Fuente del Texto:
Programa del 58º Festival de Música y Danza de Granada ( 4 de julio de 2009)
(
http://www.granadafestival.org/prgramacompleto.asp)
Fuentes de las imágenes:
www.google.com (http://images.google.es/images?hl=es&q=maria+pages&
gbv=2&aq=f&oq= )

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