“La memoria es una especie de palimpsesto”. Entrevista con Nona Fernández (y Valeria Bergalli)

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Foto: Gonzalo Donoso. Fuente: Radiónica

Nos encontramos con Nona Fernández, escritora, actriz, dramaturga y guionista chilena, que nos espera junto a Valeria Bergalli, editora de Minúscula, un rato antes de la presentación de su primer libro en España, Chilean Electric. Un libro inclasificable según los cánones hegemónicos de los géneros literarios, pero de una fuerza electrificante. En él, la autora parte del recuerdo contado y protagonizado por su abuela la noche en que, por primera vez, se iluminó con electricidad la Plaza de Armas de Santiago de Chile. Pero su abuela nacería veinticinco años después de aquel momento, así que no podía tratarse de su propio recuerdo…

E. L.: ¿Cómo clasificarías el libro?

N. F.: Es un libro extraño, híbrido. Tiene un poco de crónica, un poco en ensayo, un poco de biografía…, tiene un poco de ficción, también. Durante mucho tiempo, sobre los últimos libros que he escrito, me hacían esta pregunta: ¿qué es? ¿Es una novela, una crónica? Y me forzaba mucho por encontrar la terminología. Y me doy cuenta de que es un material literario. ¡Ya es trabajo de los editores ver dónde lo clasifican!…

V. B.: No, nosotros no tenemos ese problema: ¡son los libreros los que no saben después dónde ponerlo!… Y menos los editores como nosotros, que no hacemos distinción entre lo que es ficción y no ficción. Es narrativa.

N. F.: Es que cada vez esos límites se están volviendo más difusos y más delgados. Y a mí me interesa mucho justamente eso, esa ruptura del límite entre los géneros narrativos. Porque uno, finalmente, en un libro, se puede hacer cargo de muchos géneros, o puede entrar y salir de muchos, muchos géneros buscando así la coherencia que el material literario, en este caso de este libro, tiene.

E. L.: ¿Cómo te surge la idea de escribir esta obra o qué te impulsa a ello? 

N. F.: Originalmente, el libro apuntaba a ser una crónica, eso es lo que el libro quería. Yo tenía una fantasía de libro que eran crónicas sobre lugares de Santiago de Chile, que es algo que todavía quiero hacer. La idea del libro era que fuesen crónicas de lugares, pero que estuviesen cruzadas también por una vivencia personal. Poder hacer una crónica de qué eran esos lugares, su historia, pero también de qué significaban para mí, en mi propia biografía. Y esta iba a ser la primera crónica, sobre la Plaza de Armas, la plaza central.  Y sentía que era un muy buen comienzo para este libro, porque tenía esa historia que mi abuela me contaba y tenía esta especie de herencia lumínica ligada al alumbramiento de ese lugar, de la plaza. Y partí con esto. Pero, claro, a la mitad me di cuenta de que era todo una mentira de mi abuela, un recuerdo falso, y el libro empezó a transformarse en otra cosa.

E. L.: En Chile se publicó en 2015. Cuando salió, ¿lo acababas de escribir o era un material que llevabas tiempo trabajando?

N. F.: No, el libro partió su escritura en 2014. Es cortito. Y claro, me involucré, que es lo más lindo de la escritura siempre, que uno entra y no sabe a dónde va a llegar.

E. L.: ¿Y qué tal fue su recepción entonces?

N. F.: Fue muy buena. Yo tenía este miedo —que ahora ya no es un miedo, ya es una certeza— de que es un libro muy híbrido, no sabía cómo se iba a tomar. Ahora ya estamos más acostumbrados, yo diría, por lo menos en mi país, a este tipo de libro. Pero, en ese momento, no. Y yo tenía un poco de miedo porque yo misma no sabía cómo iba a presentarlo, de qué iba a hablar, qué era lo que había escrito. Pero fue muy bien recibido, se ganó un premio, incluso, en Chile. Y lo que ha sido muy bonito también es que es un libro muy leído ahora en los colegios. He tenido que ir mucho a colegios a conversar sobre el libro.

E. L.: ¿Por qué habéis decidido publicarlo en España ahora?

V. B.: Primero, porque soy una gran admiradora del trabajo de Nona. El segundo motivo es que tenemos esta colección, que se llama Paisajes Narrados, en la cual justamente lo que intentamos es publicar libros como este. Es decir, libros como muy apegados a un lugar, pero a un lugar que estos libros hacen suyo de manera, en muchos casos, muy original, muy inesperada y siempre con propuestas, desde el punto de vista literario, muy innovadoras. Y yo creo que el libro de Nona en esto es especialmente destacable. Por otro lado, es un libro que aborda ciertos aspectos, que como editora y como ciudadana me interesan mucho, que tienen que ver con la cuestión de la relación entre la memoria y la escritura de la historia. Y a qué llamamos memoria, a qué llamamos memoria colectiva, a qué llamamos Historia (con H mayúscula), etc. Me parece sumamente importante, me parece una suma de asuntos, de preocupaciones, que están cada vez más a la orden del día. En España tenemos una ley de Memoria Histórica, pero que ahora, desde distintas partes, se la pone en cuestión, no es seguro que se pueda mantener. Pero al mismo tiempo hay una voluntad también, por parte de la sociedad, de ahondar en aquello de lo que llevamos tantos años sin poder hablar. Me parece que es un libro, en este sentido, muy oportuno.

E. L.: ¿Y está previsto que aparezcan otras obras de Nona Fernández en España, próximamente?

V. B.: Sí, vamos a publicar su primer libro, Mapocho, el año que viene o a fines del año que viene, que ya es un clásico de las letras chilenas.

E. L.: En esta obra juegas mucho con el binomio oscuridad/luz y lo relacionas también con la historia de Chile, la dictadura, los desaparecidos. En eso, por desgracia, hay muchas similitudes con España, donde también pasamos una dictadura, también tenemos todavía desaparecidos. Teniendo en cuenta eso, ¿crees que el lector español va a leer tu libro y lo va a trasladar a nuestra propia historia?

N. F.: Yo siempre pensé que este era un libro tremendamente local. Pero, claro, el monopolio del horror no lo tenemos los chilenos, sin duda. Es un fantasma que nos cuelga a muchos. Y todos sabemos de lo que hablamos cuando hablamos de desaparecidos. Esto mismo lo estaba diciendo en México hace dos semanas.

E. L.: Sin duda. Hay muchas referencias a los recuerdos, a la memoria, pero, como apuntaba Valeria, tu libro es de una absoluta actualidad en nuestros días y no sólo en Chile o aquí. 

N. F.: Sí, a nivel mundial estamos haciendo un giro muy extraño. Temas que creíamos tremendamente superados, y que libros como este solo tenían, de alguna manera, el objetivo de iluminar esas zonas que estaban en el pasado, ahora pareciera que ese pasado horroroso se está haciendo presente. Entonces creo que se vuelve incluso más pertinente en un país como España, en Europa en general, en América Latina, sin duda. Para mí, todos estos libros que yo he escrito, tenían que ver con rescatar un pasado, volverlo presente también para poder entender el futuro y el presente. Pero jamás pensé que iba a empezar a iluminar de esta manera. Iluminar en términos de poder observar una situación colectiva en la que estamos viviendo todos como muy de dejà vu, como de nuevamente estar pasando por lo mismo u olfatear los mismos problemas. Y por lo mismo se hace tremendamente interesante poder observar eso, y objetivarlo, y archivarlo, y sellarlo con la conciencia de que libros como este son aportes. La memoria es una especie de palimpsesto, uno va balanceando algunos pedazos, algunos trozos, y entre todos la armamos y sabemos que va a ser defectuosa siempre. La memoria es así. Pero yo creo que, claro, la temática es pertinente a nivel casi mundial, ahora. Es triste decirlo, pero es así.

E. L.: ¿Consideras que la literatura, el arte, el teatro… deben ser incómodos e incidir en la conciencia del lector o espectador?

N. F.: Creo que la literatura, y el arte en general, no tienen deberes. Otra cosa son los autores. Y a mí me interesa el arte o la creación que sí toma cierta posición en relación al acontecer, a su momento histórico. Y sí me interesa aportar, iluminar. Me gusta mucho eso porque también tiene que ver con mis libros. Enfocar o iluminar ciertas zonas que, en general, no sabemos ver. Por alguna razón, como sociedad, nos cuesta ver, nos han enseñado a no ver, nos han ocultado… Y muchas veces el arte te permite observar muchísimo mejor, con mayor claridad, esas zonas. No como una verdad absoluta, pero sí como una ventana para cuestionar, para reflexionar. En ese sentido, sí, me interesa una literatura que incomoda, y me interesa que el lector, en este caso, no sea el mismo cuando acabe el libro. La persona que parte un libro y que termina un libro me interesa que experimente algo. No solo un buen rato, que también está muy bien tener un buen rato en un momento de lectura, pero algo más que eso. Que no sea el mismo. La catarsis de la que hablamos en el teatro.

E. L.: Ya que mencionas el teatro, ¿cómo combinas tu faceta de actriz y dramaturga con la de autora de narrativa?

N. F.: Durante mucho tiempo, cuando era más joven, pensaba que no podía hacer las dos cosas, que era muy raro hacer las dos cosas. O tenía fijada esta idea que a uno le enseñan los padres de que tienes que ser una cosa. No puedes ser dos cosas o tres cosas, ¿qué es eso? Pero con el tiempo me di cuenta de que me frustraba mucho no ejercer en las dos trincheras, de alguna manera. Y con el tiempo también empecé a entender que era parte de lo mismo. Son plataformas distintas de expresividad. Mi obra literaria y mi obra teatral están muy vinculadas, son parte de lo mismo. A veces trabajo, sobre todo como actriz, en compañías que me llaman y hago cosas como más diversas. Pero normalmente tienen mucha relación, ya incluso me llaman a trabajar temas muy parecidos a los que yo trabajo en teatro, en literatura. Los combino en términos prácticos con mucha disciplina. Se vuelve difícil, sí. El teatro es una disciplina muy colectiva, muy efervescente, muy en movimiento siempre, y la creación literaria es más bien solitaria y lo más tranquila posible, en un espacio donde no te muevan, donde nadie entre y nadie te moleste. Solo con el tiempo he ido parcelando los tiempos y los he ido organizando. Como tengo una compañía, soy yo la que voy cambiando y mezclando esos tiempos. Me organizo en relación a mis periodos creativos, también. Me he vuelto como una especie de jefa en eso, para poder hacer las dos cosas.

E. L.: ¿Y qué hay de tu teatro en tu narrativa o al revés?

N. F.: Me nutren, el uno me nutre al otro. De una obra de teatro muchas veces se me cuelgan historias para un proyecto narrativo y viceversa. Hay un libro que se llama Space Invaders y tiene una versión teatral. Son muy distintas, pero básicamente los materiales son los mismos. Es como que lo que no alcancé a cerrar en el libro lo terminé de trabajar en la obra de teatro.

E. L.: ¿Qué debe esperar el lector cuando abra Chilean Electric?

N. F.: Más que qué debe esperar, yo le hago la invitación a dejarse llevar por esta ruta de cortocircuitos que es este libro, que son de alguna manera una forma de mostrar una memoria desmembrada, loca, que se enciende y que se apaga, y que nos ayuda a pensar un poco en qué es lo que recordamos, qué es lo que no recordamos, qué es lo que iluminamos y no iluminamos, y qué es lo que es necesario iluminar pese a que esté en sombra. Esa es un poco la propuesta que le hago.

 

La Huella Digital agradece enormemente a Nona Fernández el tiempo que nos ha dedicado. Del mismo modo, nuestros agradecimientos a Valeria Bergalli y a la editorial Minúscula por permitirnos realizar esta entrevista.

Asimismo, agradecemos a nuestra magnífica colaboradora Esther Lázaro su dedicación y entrega a esta revista.

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