"La materia oscura", trilogía infantil no apta para niños

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La Iglesia estadounidense sigue empeñada en rememorar épocas pasadas. Atrás quedan aquellos tiempos en que quemaban libros, censuraban películas e imponían su doctrina. Por suerte, el mundo avanza, pero parece que esta no quiere avanzar con él. Aún piensan que tienen la facultad de decidir qué es bueno o malo para la población y para sus hijos. El último producto “maligno” proviene de Hollywood y se titula “La Brújula Dorada”. Cómo ya consiguieran con “El Código Da Vinci”, seguramente la “anti-publicidad” de la iglesia, elevará a la película a las cotas más altas de la taquilla. Que la Iglesia hable mal de ti, te da éxito asegurado. Bien lo sabe, Chris Weitz, director de la película, que no se muestra preocupado porque da por seguro que la actitud de la Iglesia hará que más gente la vea.

La Liga Católica Norteamericana ya ha iniciado una campaña para boicotear su estreno en EEUU. Entre las acciones que van a emprender está la elaboración de un folleto,” La brújula dorada, una agenda desenmascarada”, además de numerosas protestas por todo el país en los diversos estrenos. Según Bill Donahue, presidente de la liga, “La trilogía fue deliberadamente escrita para destruir a Dios. Para promover el ateísmo y denigrar el cristianismo, especialmente el catolicismo”.

Lo más curioso es que todas las críticas no van dirigidas a la película por su contenido. Y es que su productora New Line Cinema ya se había encargado de censurar las partes más polémicas del libro (lo que no ha gustado nada a los fans del libro y ha bajado notablemente la calidad de la película). La protesta se centra en la trilogía de “La materia oscura”, de Philip Pullman, y considera a la película como una promoción inmejorable para la venta de los libros.  Lo que no sabe la Iglesia norteamericana es que llega un poco tarde. Y es que si bien es cierto, que las ventas de los libros subirán notablemente estas navidades, ya tenía un gran éxito antes de que la película fuera siquiera una vaga idea. De hecho, en Inglaterra el autor había recibido varios premios y se había adaptado una obra de teatro con éxito.
Philip Pullman, por su parte, llama cretinos a los que boicotean. “¿Por qué no confiamos en los lectores? ¿Por qué no confiamos en los aficionados al cine? Oh, me causa dolor de cabeza el pensar que tales cretinos podrían estar perdidos en el mundo.” Expresa el autor de los libros, en una entrevista concedida a Newsweek.

Pero la Iglesia norteamericana nunca ha confiado porque sabe que esa no es la mejor manera de mantener su poder e influencia. Y es que esta, aunque ha perdido protagonismo en los últimos años, todavía arrastra la importancia que tendría en los Estados Unidos de la llamada revolución conservadora, allá por los 80. El poder que tuvieron los “telepredicadores” de entonces, les serviría para mantener un claro dominio que ni republicanos ni demócratas se atrevieron a cuestionar. Y este lo aprovecharían para boicotear tanto discos como películas que consideraban denigrantes para su moral. Un ejemplo de su poder, lo vemos en uno de los discos del músico independiente Frank Zappa, totalmente contrario a ello y que aprovecharía sus discos para constatarlo. En una de sus portadas podemos leer: “El lenguaje y conceptos aquí contenidos están garantizados para no causar tormento eterno en el lugar donde el tío de los cuernos y el palo puntiagudo lleva sus asuntos. Esta garantía es tan real como las amenazas de los video-fundamentalistas, que usan sus ataques a la música rock en su intento de transformar los Estados Unidos en una nación de tontos que les envían cheques por correo (en el nombre de Jesucristo)”.

Y es que ese es el gran problema de la Iglesia. Porque una cosa es expresar su visión acerca de lo que muestra la película y otra instar a no verla y boicotearla. ¿Es qué no confían en la inteligencia de sus adeptos? Más allá de la inutilidad de boicotear una película, acción cuyos resultados serán contraproducentes a sus expectativas,  la Iglesia norteamericana parece olvidar la figura de padres o profesores, a los que, según parece, ve incapaces de explicar a un niño, la diferencia entre realidad y ficción.  Y es que la responsabilidad última sobre los niños la tienen los padres, no ellos, que hace tiempo que dejaron de ser “expertos” en educación y nunca lo fueron en el séptimo arte.

Algunas páginas web católicas van más allá y hablan no solo de ser ofensiva para los niños y para la Iglesia sino también de ser “un insulto para el sentido común”. Quizá deberían mirar más a la realidad que a las imágenes, para saber más sobre “el sentido común”. Para empezar, deberían aclararse si quieren criticar la película o los libros, su calidad o su relación con la Iglesia. Además de hacer comparaciones erróneas, lo que demuestran estas páginas es que sus autores ni siquiera se han molestado en leer los libros que tanto critican, al igual que alguna emisora de radio española,  como la Cadena Cope, cuyos colaboradores cometían continuos errores al hablar de cómo la película suavizaba los contenidos de los libros de “La materia oscura”.

A pesar de todo, la Iglesia norteamericana tiene alguna razón para sentirse contenta y es que la película no ha recaudado lo que esperaba en su primer fin de semana. En un afán por infantilizar la historia, la adaptación cojea en varios sentidos. Algunas escenas impactantes del libro han pasado al olvido y otras han cambiado de orden sin ningún sentido aparente. Lo más destacado es que han cortado el final, quizá lo más impresionante del primer libro y que te metía de lleno en la trilogía, por lo que la película no está, ni mucho menos, a la altura de los libros.

En cuanto a estos, poco tienen que envidiar a Narnia o Harry Potter. Unos mundos llenos de fantasía invitan a sus lectores a soñar al mismo tiempo que plantea unas cuestiones metafísicas que podrían considerarse como un alegato al estudio de la ciencia para los más jóvenes. Por cierto que, como casi todo libro dirigido a una audiencia infantil, y aunque no todos los finales son felices, el bien triunfa finalmente sobre el mal, algo que parece olvidar la Liga Católica Norteamericana cuando saca a la luz su argumento de proteccionismo infantil. Ver cómo una niña acude en la salvación de un amigo y lucha contra la injusticia y tiranía de otros, no creo que sea un ejemplo de mala educación.

En fin, no quiero decir que los libros no escondan una crítica a la Iglesia, pues eso debe dejarse a interpretación de cada persona (o de sus padres en caso de niños pequeños), pero la Iglesia debería de dejar de escudarse en su “protección a la infancia” para intentar asumir funciones que no les atañen.  Quizá olvidan que el ateísmo está permitido por la ley.

Fuentes del texto:
www.lamateriaoscura.es
Fuentes de las imágenes:
www.elseptimoarte.net
www.elconfidencial.com

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