La maravillosa librería de Petra Hartlieb

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mi maravillosa libreria petra hartlieb.cdrPetra Hartlieb es librera, empresaria, madre, emprendedora, esposa, escritora, lectora, periodista y, sobre todo, una trabajadora incansable que lucha por dar forma a sus sueños. Dejó su trabajo y su vida en Múnich por lanzarse a toda una aventura romántica, arrastrando en ella a su familia y sin poder calcular la magnitud del esfuerzo —pero también de las alegrías— que un establecimiento lleno de libros (¡y de de clientes a todas horas!) les reportaría. Prácticamente desde cero acabó abriendo no una, sino hasta dos librerías en Viena. Diez años después de que aquel proyecto lunático se iniciase, Petra cuenta su historia —y lo hace fantásticamente, cautivando al lector desde las primeras páginas— en Mi maravillosa librería, un estupendo libro lleno de entusiasmo que acaba de editar la siempre recomendable Periférica.

Petra supo que iniciaba un viaje hacia un futuro incierto al embarcarse en aquella empresa. Tristemente, podemos ver que ante la necesidad de adquirir un libro está casi más arraigado el hábito de acudir a grandes superficies comerciales (por cualquier motivo: por cercanía, comodidad o costumbre; por referencias; porque hacen ofertas con el único motivo de vender más; porque creemos que tienen los mejores precios y variedad… o, simplemente, porque no conocemos otra más a mano) y no tanto a libreros de pequeños establecimientos que luchan por su supervivencia. Por otro lado el cambiante mercado editorial y la convivencia de los formatos papel y digital —sumados a la piratería y a los diferentes hábitos de lectura propios de cada país— conforman un complicado panorama en el cual la estabilidad es impredecible para todos los agentes implicados (autores, editores, distribuidores…)

Pese a todo, la narradora, que se planta en una ciudad nueva sin ningún tipo de experiencia en el oficio, es tenaz y determinada. Mientras avanzamos por estas páginas —no esperéis capítulos, no los hay— tenemos la sensación de que no entendemos muy bien cómo conjuraba al éxito de aquella manera. Puede que ni la propia Hartlieb y su abnegado cómplice, su marido Oliver, lo supieran, pero a pesar de los contratiempos, salen airosos de todos los obstáculos y el proyecto marcha viento en popa. Mi maravillosa librería no es un retrato edulcorado del oficio, sino un testimonio que da cuenta del frenesí de la trastienda de una librería, las tensiones familiares, las pocas horas de sueño y la infinidad de cajas repletas de libros que se acumulan. Reformas, problemas técnicos, balances y cuadres, préstamos, aluvión de clientes (y comerciales) a los que hay que aprender a atender… en definitiva, todos los detalles que entraña una fantasía que, a veces, puede convertirse en un caos pesadillesco. Y si aún os resistís a creer que el trabajo de un librero ni empieza cuando abre su tienda ni termina cuando echa el cierre leed este libro, que completa a la perfección —y desde un ángulo más cómico— la experiencia de la autora.

Este libro es un particular posicionamiento contra Amazon, que permite que millones de clientes en todo el mundo compren casi todos los objetos imaginables sin salir de su casa con un simple clic. Así, la autora “barre para casa” y defiende el sudor de su frente, el comercio local, el trato personalizado y la calidad de las pequeñas librerías que nada tienen que envidiarle al gigante de Internet. Y está en todo su derecho, faltaría más. La aparición de Hartlieb en la prensa llevó a descubrir que detrás de esta enorme empresa podrían esconderse condiciones laborales impropias de un coloso de las ventas con tamaño renombre. Paradójicamente, Mi maravillosa librería puede hoy comprarse, cómo no, a través de este portal.

Teniendo en cuenta el duro panorama al que esta profesión se enfrenta cada día, este libro es un regalo por la inyección de optimismo que supone. Advertidos quedamos quienes soñamos y nos empeñamos en sostener que podríamos ser felices viviendo entre (y de los) cientos de libros de todos los colores, tamaños y tipos. Aun así, Hartlieb es para nosotros y nosotras toda una heroína moderna. 

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