“La máquina de Efrén”, una aventura en primera persona sobre la adopción internacional

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Hay personas que están hechas de una pasta especial, capaces no sólo de sobreponerse al dolor, la angustia y el abatimiento, sino de agarrar al destino por los cuernos, plantarle cara y volver a transitar unos caminos que para otros serían impensables. Cristina Durán y Miguel Ángel Giner conocieron la cara más amarga de la vida cuando Laia, su hija recién nacida, estuvo a punto de morir debido a una trombosis que derivó en derrame y parálisis cerebral. Milagrosamente, la pequeña es hoy toda una señorita de nueve años cuya magnífica historia quedo plasmada en Una posibilidad entre mil, el cómic que sus padres publicaron para dar un poco de esperanza a todos aquellos que sufren una situación parecida.

Miguel Ángel Giner y Cristina Durán

Partiendo de esta base, y con una hija que, a pesar de su estupenda rehabilitación, necesita cuidados de forma continua, ¿quién en su sano juicio se lanzaría a por la parejita? Es más, ¿quién buscaría esa parejita a través de los tortuosos senderos de la adopción internacional? La respuesta se encuentra, una vez más, en los nombres de Durán (Valencia, 1970) y Giner (Benetússer, 1969), que ahora son los progenitores de una etíope llamada Selamawit y cuya llegada hasta su nueva familia se puede descubrir en La máquina de Efrén (Sins Entido), una novela gráfica que transita por los incontables papeleos, las entrevistas personales, los cursos preparatorios y la comprensible ansiedad que despierta un viaje a Addis Abeba.

En esta entrevista con La Huella Digital, Durán explica los pormenores de una aventura que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una hermosa realidad.

¿Merece la pena pasar por tanto sufrimiento para adoptar a un niño?
En un principio queríamos tener un hijo biológico y otro adoptado, pero después de todo lo que pasó con Laia, nos echamos para atrás. En los primeros años de Laia llegamos a plantearnos muy seriamente la idea de abandonar la adopción, porque tanto médico, tanta rehabilitación… nos habían dejado sin energías para meternos en un proceso tan largo.

Pero luego Laia empezó a mejorar, a mejorar, a mejorar… Y al final mejoró tanto que nos volvimos a animar. El proceso de adoptar a un niño es muy tedioso, pero al mismo tiempo tiene una ventaja: se trata de una niña de cuatro años que se viste sola, que come sola… Lo que más me agobiaba era empezar desde cero con otro bebé, sobre todo cuando Laia sigue siendo una niña dependiente.

Es cierto que Selamawit tenía cuatro años cuando la conocieron y que ella podía valerse por sí misma en ciertos aspectos, pero luego está el fuerte cambio cultural, de entorno, de adaptación a la nueva familia, que rara vez es algo sencillo…
Puedes tener problemas a nivel emocional, porque el niño viene con una mochila llena de experiencias, no sabes si ha pasado traumas, cuáles son sus miedos o su carácter… La primera época consiste en conocernos mutuamente y no es fácil en absoluto, pero para nosotros ha sido una experiencia que ha valido la pena. Nos daba menos miedo el abismo cultural y personal que lo que supone un recién nacido, porque los bebés dan mucho trabajo (risas).

La idea de la adopción nos ilusionaba mucho, nos apetecía pasar por ella, y como Laia estaba muy bien, nos vimos con las fuerzas necesarias para hacerlo. Y luego estuvo el viaje a Galicia, cuando fuimos a visitar a mi prima, que tiene dos niñas adoptadas; cuando las conocimos se nos quitaron todas las dudas. Fue un momento clave.

Antes mencionaba su agotamiento tras los primeros años de vida de Laia. ¿Cómo fue todo aquel proceso?
Te deja un poco cansada, pero como es algo progresivo, te habitúas a vivir con ello. La época más fuerte fue la inicial, el momento en que te dan las malas noticias, aceptar la situación, pasar el duelo… Hay una serie de fases cuando tienes un hijo discapacitado, pero la primera es la más dura.

Luego comienzas a acostumbrarte y, aunque tiene altibajos y momentos críticos, como cuando Laia ha vuelto a convulsionar, consigues retomar tu vida y compaginar todas las cosas. De lo que nos hemos dado cuenta con Selam es algo que imaginábamos y que ahora hemos podido comprobar: un hijo sin problemas es mucho más fácil de sacar adelante. El trabajo que nos da Selam no tiene nada que ver con el que nos puede dar Laia, pero al final lo metes en tu rutina diaria y no te das ni cuenta.

¿Por qué Etiopía?
Cuando vas a adoptar, sobre todo desde España, hay muy pocos países que estén acreditados, es decir, controlados por ambos gobiernos para hacer adopciones con procesos absolutamente legales. No había muchos países donde elegir, pero más que el país, a nosotros nos guiaba el continente. África es el que más nos atraía, porque es donde hay más niños pendientes de adopción.

Hay muchos casos de padres que no quieren un niño africano porque es de otro color. Como a nosotros ese tema no nos importaba, decidimos adoptar allí. Además, teníamos la experiencia cercana de mi prima y de algunos amigos que también estaban adoptando en Etiopía, y eso nos ayudó a decidirnos.

Toda la burocracia que rodea a estos procesos de adopción, ¿lo considera un trámite excesivo o necesario?
Hemos gastado mucho tiempo haciendo colas, pidiendo papeles, haciendo entrevistas y reuniendo documentación, pero es un proceso muy necesario. Afortunadamente, en España el sistema está bien organizado, los países acreditados están muy controlados, tanto por el Gobierno español como por las consejerías locales y los países de origen. El Gobierno etíope controla mucho los papeles, los mira mil veces, y eso es lo que te asegura que el proceso es limpio.

Hemos sabido historias de gente que han sido víctimas de fraudes, lo cual perjudica a toda la gente que sí lo está haciendo bien. Cuando viajamos a Addis Abeba, conocimos a un matrimonio estadounidense que estaba sufriendo muchas trabas para sacar al niño del país, porque la organización internacional que había gestionado su solicitud no estaba correctamente acreditada. Nosotros tuvimos que hacer un montón de cosas, pero el proceso está claro: cuando tus papeles llegan a la Embajada, te dan el visado porque todo es correcto.

¿Cómo transcurre exactamente una adopción: qué papel juegan los gobiernos, cuál las asociaciones privadas…?
Es una combinación. Cuando quieres adoptar, la primera fase corresponde a la Administración, que en nuestro caso era la Conselleria de Bienestar Social de la Generalitat Valenciana. El certificado de idoneidad, las entrevistas, los cursillos, etc., dependen de esos cauces administrativos. Luego puedes ir por libre y hacer tú todos los trámites, que te cuesta menos dinero pero también mucho más tiempo, o contratar a una Entidad Colaboradora de Adopción Internacional (ECAI), que son asociaciones sin ánimo de lucro que se encargan de traducir los papeles, enviar los documentos, tener un guía que te represente en el país de origen… Esta fue nuestra opción.

Mientras realizaban aquellas entrevistas para certificar su idoneidad, ¿tuvieron la sensación de que les estaban sometiendo a un tercer grado?
Un poco sí, pero es muy difícil conocer a una persona en tres entrevistas de hora y media. Tienen que tirar del hilo todo lo que pueden, aunque eso te haga sentir como si te estuvieran haciendo una auditoría.

¿Tuvieron en algún momento la tentación de abandonar?
Abandonar no, pero sí que hubo un momento muy difícil, cuando la ECAI decidió no coger más expedientes porque no daban abasto. Nuestros papeles estuvieron parados durante seis meses encima de una mesa y no sabíamos cuánto podía durar aquella situación, si un par de semanas o un par de años. Ahí nos planteamos que, en el caso de que el proceso estuviera detenido durante dos o tres años, algo tendríamos que hacer. Además, cambiar de país ya era inviable, porque el resto de opciones tenían un tiempo de espera mayor que el de Etiopía. Te quedas un poco decepcionado, pero decidimos esperar y, afortunadamente, a los seis meses se reanudó todo el proceso.

Háblenos de los elefantes, hipopótamos y jirafas que aparecen en las reuniones de orientación.
Una de las cosas más curiosas de este proceso es que conoces a muchos padres que están en tu misma situación, y algunos lo llevan con más calma y otros con más ansiedad. A menudo oíamos a personas que protestaban por las ECAI’s, por la Conselleria, que todo funcionaba mal… En realidad era un reflejo del estado de ansiedad en el que se encontraban. Entiendo que, en el caso de una pareja que no puede tener hijos, todo el proceso se convierte en algo muy estresante, pero hay cada uno… Los hemos puesto como animales porque padres hay de todo, muchos de ellos fantásticos, pero otros no entendían que el proceso de adopción tiene que ser como es. Más que ayudar a que las cosas se agilizaran, se dedicaban a mirarse el ombligo y ralentizar el proceso.

¿Hay casos de esnobismo en lo que respecta a la adopción? Ustedes querían adoptar desde hace mucho tiempo, pero también hay quien lo hace casi porque se ha convertido en la moda de los últimos años…
Antiguamente se ocultaba cuando un niño era adoptado, porque estaba mal visto, y es bueno que eso haya cambiado, porque denota una evolución de nuestra sociedad. Pero también ha pasado lo contrario con algunos casos, obviamente muy contados, de personas que inician los trámites porque queda muy bien traerse una niña de China. Sin embargo, esa motivación no es suficiente en absoluto y la gran mayoría se echa para atrás en mitad del proceso.

Lunes 1 de noviembre de 2010. El día que conocieron a Selamawit. ¿Recuerda exactamente que sintió o pensó en aquel momento, cuando pudo abrazar por primera vez a su hija?
Es algo muy especial. Para mí ha habido dos grandes momentos: el encuentro con Selam y el día en que nos dieron su foto, que fue casi igual de emocionante, indescriptible.

Cuando conocimos a Selam, lo que más nos preocupaba era que ella estuviera tranquila. De repente le presentan a dos desconocidos y le dicen que se va a marchar con ellos, porque son sus nuevos padres. Aunque Selam me abrazó nada más verme, su cara era de miedo e incertidumbre. Lo único que podíamos hacer era estar relajados y transmitírselo lo mejor posible, no agobiarla, decirle unas palabritas en amárico, hacerle un dibujo…

¿Y cómo se las apaña uno para estar tranquilo en un momento como ese?
Estábamos más nerviosos durante el viaje y en los instantes previos a entrar en la casa. Como cuando vas a dar una conferencia, que sólo te relajas cuando ya has empezado y te metes en situación. Cuando nos encontramos con Selam, todas las incertidumbres desaparecieron y empezamos a pensar en lo que ella necesitaba. Después de toda la tensión, esa noche llegamos al hotel, caímos en la cama y dormimos once horas de una sentada.

En los preparativos del viaje me sentía casi igual que antes de parir, una cuestión hormonal, estaba alterada y con la lágrima fácil. Teníamos mucha ilusión, pero también mucho miedo. Nos preocupaba el hecho de dejar a Laia sola durante tantos días, y eso que con mi madre se lo pasó genial, pero para nosotros fue muy duro. No me atreví a llevármela porque, si en algún momento hubiera necesitado asistencia médica, seguramente no la habría podido recibir.

Le he preguntado cómo lo llevó usted, pero ¿qué tal lo afrontó Miguel Ángel?
Miguel es el hombre tranquilo. Tiene la ventaja de que es una persona muy relajada y eso me viene muy bien a mí, que soy más nerviosa. Se encargó de mantener la paz en casa y en el trabajo, y lo llevó muy bien. Estaba muy emocionado, por supuesto, pero de una forma más calmada.

El encuentro con Selam fue muy emotivo para él. Las niñas en Etiopía suelen estar cuidadas por las mujeres de la familia y, en algunos casos de adopciones, ha habido problemas porque rechazaban a los padres, ya que no habían tenido ninguna relación previa con hombres. Miguel estaba preocupado, pensaba que tendría que esperar un tiempo hasta que Selam creara un vínculo, pero el primer día, al rato de estar jugando, ella le cogió de la mano.

Comprendo que no era el objetivo del libro, pero no se ve mucha pobreza en las páginas dedicadas a su estancia en Addis Abeba…
Cuando estás allí, tampoco tienes oportunidad de ver gran cosa. Te llevan en furgoneta de un lado a otro y no hay tiempo de conocer la realidad más profundamente. En todo caso, sí hemos tratado de reflejar algunos detalles, como niños sentados en el suelo, personas tiradas por las carreteras, una niña que carga con hojas de eucalipto… No queríamos cargar las tintas, sino que se viera lo que nosotros vimos desde la ventana.

Lo que más grabado se me quedó fue la muerte del bebé de los vecinos de Efrén, nuestro guía. La niña, recién nacida, se puso muy enferma y murió porque no había plazas suficientes en los hospitales. Eso nos impresionó mucho, la simple falta de medios para que esa niña recibiera los cuidados que necesitaba. Laia salió adelante en un país con un sistema sanitario excepcional, pero si hubiera nacido en Etiopía, seguramente no habría corrido la misma suerte.

Ya lo dejan entrever en las últimas páginas del cómic, pero supongo que la adaptación de Selamawit ha debido tener sus complicaciones...
Al principio no fue nada fácil. Ella necesitaba mucho aire libre, nos pasábamos todo el día paseando por la calle. Ha aprendido muy rápido el idioma, pero en ocasiones había cosas que no podía expresar correctamente. Notaba que le faltaban las palabras y eso le resultaba frustrante. Lloraba a menudo, sufría morriña, se tiraba al suelo… Pero esa fase no fue muy larga. Comparándola con las historias de otros padres, la adaptación de Selam ha sido muy rápida. En seguida la metimos en el colegio, empezó a jugar con otros niños y eso lo facilitó todo. Lo que no resultó tan sencillo fue la adaptación de Laia, que tardó casi un año y medio en acostumbrarse a su hermana. Los cambios en su rutina suponen un descalabro y, aunque a veces quería jugar con Selam, en otras ocasiones le entraban rabietas. Por suerte, creo que la cosa ya está encarrilada.

A nivel personal, ¿es muy difícil abrirse de esta forma, compartir vivencias tan íntimas como las de Una posibilidad entre mil o La máquina de Efrén?
Al principio sí. Miguel Ángel tenía claro que quería contar la historia de Laia, mientras que yo era más reticente. Me convenció a través de la viñeta de otro cómic: cogió el Epiléptico de David B. y abrió una página en la que está el protagonista, su hermano epiléptico, sus padres y un corro de médicos. Me sentí tan identificada… Una imagen de otra persona me transmitió un montón de cosas, porque yo estaba viviendo la misma situación. Eso me hizo comprender que se podían narrar este tipo de historias, a través del cómic, sin que resultaran deprimentes.

Luego empiezas a sacarlo todo y acaba siendo muy terapéutico. Revivir todos aquellos recuerdos tiene la desventaja de que lo pasas mal, pero también la ventaja de poder revisar muchas cosas. Fue  una experiencia liberadora.

En el caso del segundo libro, ha sido un proceso mucho más agradable, alegre. Me ha gustado recordar el viaje a Etiopía un año después, mirar las fotos, los vídeos… Rememorar las sensaciones que tuve allí. Mientras dibujaba las viñetas de Etiopía, necesitaba escuchar música africana y tomar café etíope.

Y Selam, ¿ha leído el cómic?
Entero no, porque al fin y al cabo es un cómic para adultos, pero sí que lo hemos ojeado. Cuando llegó a casa le enseñamos Una posibilidad entre mil y le explicamos que era sobre Laia. Un día vino y me preguntó: “¿Y dónde está mi libro?”. Yo le decía que aún lo estaba dibujando y, como la primera parte es la de los papeleos, ella me volvía a preguntar: “¿Dónde estoy, dónde estoy?”. Tuve que adelantar algunos bocetos para demostrarle que iba a salir.

Para ella será muy especial en el futuro, cuando crezca y pueda comprender todo lo ocurrido…
Nos parecía importante, porque así tendrá por escrito todo su comienzo con nosotros. Hicimos un diario de la estancia en Addis Abeba, que nos ha servido para extraer muchos detalles del guión. Entre ese cuaderno y el libro, Selam podrá disponer de un recuerdo muy bonito.

¿Seguirán plasmando su vida en próximas novelas gráficas?
No vamos a tener más hijos (risas), así que aventuras emocionales ninguna, pero profesionales las que sean. La idea desde el principio fue hacer dos libros y ahí se va a quedar. Ahora estamos pensando en nuestro tercer cómic, pero será una historia de ficción, porque nos apetece cambiar de registro y no aburrir al público.

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Imágenes cedidas por Sins Entido
Fotografía: Salón Internacional del Cómic de Navarra
Vídeo: LaGRUAestudio

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