La “manzana” de la marquesa

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Probablemente a más de uno le suena la siguiente obra: Philosophiae Naturalis Principia Mathematica de aquel famoso físico al que una tarde le cayó una manzana de un árbol y de ahí pudo deducir la ley de la gravitación universal: Isaac Newton. Claro que esa obra se tradujo a más de un idioma por múltiples personalidades entre las que destacó una mujer que revolucionó el siglo XVIII.

Émilie Gabrielle de Breteuil, marquesa de Chatêlet, fue una joven que, desde su más tierna infancia, no fue considerada especialmente bella debido a su gran altura y exuberantes manos, por lo que su padre decidió inculcarle una refinada educación (muy extraña para la época) con conocimientos sobre latín, alemán, teatro, música y ciencias, por si no era capaz de contraer matrimonio.

En la adolescencia entró en círculos intelectuales de la corte parisina teniendo contacto con importantes científicos y matemáticos del momento que ayudaron a que su pasión científica fuera en aumento. Se casó con el marqués de Chatêlet (un militar que admiraba su gran intelecto pero que nunca sintió ni el más mínimo amor por ella) y más tarde empezó a tener relaciones con personajes como el cardenal Richelieu o el mismísimo Voltaire que la animó a ahondar más en la física y en las matemáticas dónde demostró tener una gran aptitud.

Pasado un tiempo y tras haber roto la relación con Voltaire, Émilie se quedó embarazada con 43 años y decidió comenzar a traducir la Principia de Newton aportando comentarios y notas que hicieron que dicha traducción fuese muy valorada por los científicos del momento y venideros. Sintiendo que el parto le iba a provocar la muerte por la avanzada edad decidió ponerse a trabajar cerca de 12 horas diarias durante los nueve meses para poder terminarlo a tiempo y enviarlo a la biblioteca real, algo que hizo Voltaire a la muerte de la marquesa.

De ahí, ella recibió el título de Lady Newton.

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