La mala suerte nos privó del mejor Eric

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La enfermedad no persigue sólo a los insensatos, también tiene tentáculos para tocar a aquellos modelos de responsabilidad y buen hacer. Lo mismo da que tu cuerpo esté esculpido entre músculos y fibra: si la ruleta del infortunio te señala, prepárate, será momento de ganarle a algo que no está en tu mano, de batallar sin saber si servirá para algo. La silueta atlética de Abidal sucumbió a los caprichos de la salud y tuvo que hacer frente a un tumor que nos privó de su participación.

No obstante, el mejor Eric se vio sorprendido por la mala suerte, y nuestro club tuvo que enfrentar el desafío de los clásicos sin él, referencia absoluta esta campaña en la retaguardia. Contra eso, el vestuario cogió la empatía y la unión como el camino correcto hacia el final del túnel. El tiempo ha dado la razón: cuando Eric alzó nuestra cuarta Copa de Europa al cielo de Londres, todos tuvimos la sensación de que el tumor había sido una pesadilla de la que terminamos despertando jugando al fútbol, lo que mejor se le da a este grupo.

Nunca sabremos si con aquel titánico Abidal del primer tercio del ejercicio, algún que otro traspié se hubiese evitado. En cualquier caso, sólo queda desear que su mejor forma física vuelva y que la mala suerte no se cebe con ese vestuario al que vigilan envidias y conspiraciones. Ah, y digna de mención es su mejora con el esférico: en este equipo de violinistas, Abidal ha pasado de la taruguez al refinamiento. Él también sabe tocarla.

Texto:
Elaboración propia
Foto:
AP

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